Son tres minerales que aparecen en casi cualquier multivitamínico y que casi nadie sabría explicar. Trabajan en dosis diminutas, pero sostienen funciones tan básicas como las defensas, la tiroides y la reparación de los tejidos.
Tres minerales pequeños con tareas muy concretas

El cuerpo necesita estos elementos en cantidades minúsculas, por eso se llaman oligoelementos, pero su ausencia se nota. El zinc participa en la cicatrización, en el gusto y el olfato y en el funcionamiento del sistema inmunitario. El selenio actúa como antioxidante y ayuda a proteger las células del desgaste diario.
El yodo tiene una misión más específica: es la materia prima con la que la glándula tiroides fabrica sus hormonas, las que regulan el metabolismo. Sin yodo suficiente, esa fábrica se queda sin material, y ahí es donde se conectan los tres, porque selenio y yodo colaboran de cerca en el trabajo de la tiroides.
Qué reveló un estudio español sobre el yodo
El caso del yodo en España se ha medido con datos propios. Según una investigación publicada en British Journal of Nutrition en 2016, el estudio Tirokid analizó a escolares de seis y siete años de todo el país y encontró que, aunque el aporte medio era adecuado, un 7,6% presentaba niveles de TSH por encima del valor de referencia, la hormona que avisa cuando la tiroides trabaja forzada.
El mismo trabajo observó que quienes usaban sal yodada en casa y tomaban leche o yogur a diario alcanzaban mejores cifras de yodo. Es un buen recordatorio de que la carencia rara vez es dramática, pero puede pasar desapercibida durante años si no se cuida la alimentación.
Para qué sirve el zinc y cuándo puede faltar

El zinc interviene en cientos de reacciones del organismo, desde la síntesis de proteínas hasta la respuesta inmunitaria. Cuando escasea, pueden aparecer heridas que tardan en cerrar, más infecciones de lo habitual o alteraciones del gusto, aunque estos signos son inespecíficos y no bastan para diagnosticar nada.
Suelen andar más justos quienes siguen dietas vegetarianas estrictas, las personas mayores con poco apetito y quienes tienen problemas intestinales que dificultan la absorción. La carne, el marisco, los huevos y las semillas de calabaza se encuentran entre las mejores fuentes.
El papel del selenio y por qué no conviene pasarse
El selenio forma parte de enzimas que neutralizan el estrés oxidativo y que ayudan a activar las hormonas tiroideas. Con una dieta variada, la mayoría de la población cubre sus necesidades sin pensarlo, ya que basta con muy poca cantidad.
Aquí conviene una advertencia clara: el selenio tiene un margen estrecho, y tomar suplementos por cuenta propia puede llevar a un exceso perjudicial. Las nueces de Brasil y otros frutos secos, junto al pescado y los huevos, aportan selenio de sobra sin riesgo de excederse.
El yodo, la tiroides y la sal de casa
El yodo es el mineral que más depende de una fuente concreta: la sal yodada. En zonas donde tradicionalmente escaseaba, su uso ayudó a reducir los problemas de tiroides en la población. El pescado, los lácteos y los productos del mar también contribuyen a mantener el aporte.
Tanto la falta como el exceso de yodo pueden alterar la glándula, así que ni conviene descuidarlo ni conviene tomar algas o suplementos concentrados sin control. Si notas cambios de peso, cansancio marcado o alteraciones del cuello, lo sensato es una analítica y una valoración médica, no automedicarse.
Cómo cubrirlos sin recurrir al bote por defecto
Para la mayoría de las personas con una dieta española variada, estos tres minerales se cubren comiendo bien, sin necesidad de suplementos. La sal yodada, el pescado, los huevos, la carne, las legumbres y un puñado de frutos secos forman una base más que suficiente, como recuerdan las guías sobre alimentos que apoyan las defensas.
Los suplementos tienen sentido en situaciones concretas y siempre valoradas por un profesional, porque más no es mejor y algunos de estos minerales resultan tóxicos en exceso. Si sospechas una carencia, lo útil es medir antes de suplementar, no al revés.
Esta información es orientativa y no sustituye la evaluación de un médico o un farmacéutico, que son quienes pueden indicar si necesitas un suplemento y en qué cantidad según tu situación.









