Los riñones trabajan continuamente para eliminar sustancias de desecho, regular los líquidos y mantener el equilibrio de minerales en la sangre. La salud renal puede protegerse con hábitos relacionados con la alimentación, la presión arterial, la actividad física y el control de enfermedades como la diabetes. Algunas medidas sencillas también ayudan a detectar alteraciones antes de que aparezcan síntomas.
¿Qué hábitos ayudan a proteger los riñones cada día?
La prevención empieza por controlar los factores que pueden dañar los vasos sanguíneos y el tejido renal durante años. La Organización Mundial de la Salud señala que mantener un peso saludable, realizar actividad física y no fumar ayuda a reducir el riesgo de enfermedad renal crónica. También destaca la importancia de controlar la presión arterial, la glucosa y los lípidos cuando existen enfermedades como hipertensión o diabetes.
El cuidado cotidiano puede centrarse en varias medidas concretas:
- Realizar actividad física regular y evitar largos periodos de sedentarismo.
- Mantener un peso adecuado para reducir la carga metabólica y cardiovascular.
- No fumar y limitar la exposición al tabaco.
- Controlar periódicamente la presión arterial.
- Mantener la glucosa dentro de los objetivos indicados cuando existe diabetes.
- Seguir una alimentación variada con abundantes alimentos frescos.

¿Qué relación tiene la sal con la función renal?
El exceso de sodio puede favorecer la retención de líquidos y dificultar el control de la presión arterial. Esto resulta especialmente relevante cuando ya existe enfermedad renal crónica. Una investigación publicada en Clinical Journal of the American Society of Nephrology en 2017 analizó a adultos con enfermedad renal crónica en estadios 3 y 4 mediante un ensayo cruzado aleatorizado.
Durante el periodo de restricción de sodio, los participantes presentaron una reducción significativa de la presión arterial sistólica de 24 horas y de la cantidad de sodio eliminada por la orina. Puedes consultar los resultados sobre reducción de la presión arterial con menos sodio. El resultado respalda la importancia de moderar la sal, aunque las necesidades dietéticas deben individualizarse.
¿Qué alimentos favorecen una alimentación más adecuada?
Una alimentación basada en alimentos poco procesados puede facilitar el control de la presión arterial, el peso y la glucosa. Las recomendaciones de KDIGO para personas con enfermedad renal crónica aconsejan priorizar alimentos de origen vegetal y reducir los productos ultraprocesados. En personas con enfermedad renal diagnosticada, algunos minerales y la cantidad de proteínas necesitan una adaptación individual.
En la alimentación cotidiana conviene prestar atención especialmente a estos grupos:
- Frutas y verduras, ajustando su cantidad y variedad cuando una enfermedad renal requiera controlar el potasio.
- Legumbres y cereales integrales, según la tolerancia y las indicaciones individuales.
- Pescado, huevos y otras fuentes de proteína en cantidades adecuadas.
- Frutos secos sin exceso de sal, cuando sean compatibles con las necesidades personales.
- Agua y otras bebidas sin azúcar como opciones habituales para mantener una hidratación adecuada.
- Menos embutidos, snacks, sopas instantáneas, salsas y otros productos con alto contenido de sodio.
No existe una dieta renal universal. Cuando la función de los riñones está reducida, la cantidad de potasio, fósforo y proteínas puede necesitar ajustes según los análisis y el estadio de la enfermedad. Para conocer otros aspectos relacionados con este cuidado, puedes consultar información sobre los cuidados ante la insuficiencia renal.

¿Hay que beber mucha agua para cuidar los riñones?
Beber líquidos de forma adecuada es importante, pero forzarse a tomar grandes cantidades de agua no garantiza una mejor función renal. Las necesidades dependen del clima, la actividad física, la alimentación, la edad y el estado de salud.
En personas con enfermedad renal avanzada, insuficiencia cardíaca o determinados tratamientos, incluso puede ser necesario limitar los líquidos. Por eso, la cantidad adecuada no debe establecerse únicamente mediante una cifra fija. También conviene evitar el consumo habitual de bebidas azucaradas y prestar atención a la hidratación durante el ejercicio o en situaciones de calor intenso.
Otro punto importante es el uso de medicamentos. Algunos analgésicos y antiinflamatorios pueden afectar a la función renal, especialmente cuando se utilizan durante periodos prolongados o en personas con factores de riesgo. No conviene abusar de estos fármacos ni utilizarlos de forma repetida sin orientación profesional.
¿Cómo saber si los riñones están funcionando correctamente?
La enfermedad renal crónica puede avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Por eso, esperar a sentir dolor o cambios en la orina no es una estrategia suficiente. La OMS señala que la evaluación puede incluir la creatinina en sangre para estimar la tasa de filtración glomerular y el análisis de albúmina en orina.
Las personas con hipertensión, diabetes o enfermedad cardiovascular tienen un riesgo mayor y pueden beneficiarse de controles periódicos. Una tasa de filtración glomerular persistentemente inferior a 60 ml/min/1,73 m² o una albuminuria elevada pueden indicar enfermedad renal cuando los resultados se mantienen durante el tiempo establecido para el diagnóstico. La detección temprana permite investigar la causa y actuar sobre factores modificables antes de que exista una pérdida importante de función renal.
Este contenido tiene finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica. Si existen alteraciones en la creatinina, la orina, la presión arterial o la glucosa, un profesional sanitario debe interpretar los resultados y establecer las medidas adecuadas para cada persona.









