El síndrome del túnel carpiano es una de las neuropatías por compresión más frecuentes de la mano. Suele empezar de forma silenciosa, con un cosquilleo que aparece de madrugada y se alivia al sacudir la muñeca. Reconocer ese primer aviso ayuda a actuar antes de que la fuerza y la precisión de los dedos se resientan.
Qué es el túnel carpiano y por qué se comprime el nervio

El túnel carpiano es un canal estrecho situado en la cara interna de la muñeca, formado por varios huesos pequeños y un ligamento rígido que hace de techo. Por ese pasadizo discurren los tendones que flexionan los dedos y, junto a ellos, el nervio mediano, responsable de la sensibilidad de buena parte de la mano y de mover el pulgar.
Cuando el contenido del canal se inflama o el espacio disponible se reduce, el nervio queda atrapado y transmite peor sus señales. De ahí surgen el hormigueo, el adormecimiento de las manos y la torpeza que definen el cuadro. Los movimientos repetitivos, la retención de líquidos, el embarazo o algunas alteraciones hormonales favorecen que el espacio se estreche.
Lo que reveló un gran estudio de población
Muchas personas conviven con molestias en la mano sin ponerles nombre. Una investigación publicada en JAMA en 1999, realizada sobre una amplia muestra de población general, halló que el 14,4% de los adultos referían dolor, hormigueo o entumecimiento en el territorio del nervio mediano, mientras que la exploración confirmaba un túnel carpiano claro en cerca del 3,8% de la población.
La distancia entre ambas cifras deja una idea práctica. Los síntomas en la mano son habituales, pero no todos responden a esta compresión concreta. Por eso conviene fijarse en el patrón exacto de las molestias, en qué dedos aparecen y en qué momento del día se notan, antes de dar nada por sentado.
El hormigueo nocturno como primera pista
El signo que suele llegar antes es el hormigueo nocturno que despierta de madrugada, sobre todo tras dormir con la muñeca doblada bajo la almohada. La persona nota la mano dormida, la agita en el aire o la deja colgando fuera de la cama, y el cosquilleo cede en unos minutos.
Ese comportamiento nocturno es tan característico que orienta con fuerza hacia el nervio mediano. Si el hormigueo en las manos se repite varias noches seguidas y afecta siempre a los mismos dedos, deja de ser un detalle sin importancia y merece atención.
Los dedos que avisan y los que no
El nervio mediano recoge la sensibilidad del pulgar, el índice, el corazón y la mitad del anular. El meñique, en cambio, depende de otro nervio y suele quedar libre de síntomas. Ese reparto de la mano es uno de los datos que mejor ayudan a diferenciar esta afección de otras causas de hormigueo.
Con el tiempo, si la compresión avanza, aparecen la debilidad para sujetar objetos, la tendencia a que se escapen de la mano y la pérdida de precisión en gestos finos, como abrochar un botón o girar una llave. La molestia deja de ser solo nocturna y empieza a notarse al conducir, sostener el teléfono o leer un rato.
Señales de alarma que conviene no dejar pasar

Algunas manifestaciones sugieren que el nervio lleva tiempo comprimido y que la valoración no debería demorarse. Conviene estar atento a estas situaciones:
- Debilidad clara al agarrar o pérdida de fuerza en el pulgar.
- Adelgazamiento visible del músculo de la base del pulgar.
- Hormigueo constante que ya no desaparece al mover la mano.
- Molestias en ambas manos o que cortan el sueño cada noche.
La presencia de estos signos no confirma un diagnóstico por sí sola, pero sí puede orientar a una compresión avanzada que conviene evaluar cuanto antes con un profesional.
Cuándo conviene valorarlo con el médico
Ante un hormigueo que se repite de madrugada durante más de dos o tres semanas, lo prudente es consultar. El profesional puede explorar la mano, comprobar la sensibilidad y la fuerza y, si lo considera oportuno, solicitar un estudio de conducción nerviosa que mide cómo viaja la señal por el mediano.
Mientras llega la cita, medidas sencillas como cuidar la postura de la muñeca al dormir o hacer pausas en tareas repetitivas pueden aliviar la molestia. Existen además algunos recursos caseros para el hormigueo que acompañan al tratamiento, aunque no reemplazan la valoración clínica cuando los síntomas persisten o van a más.
Esta información tiene una finalidad divulgativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si el hormigueo o la pérdida de fuerza se mantienen, conviene valorar el caso con el médico para descartar otras causas y recibir una orientación adaptada a cada persona.









