Reducir la sal (el sodio de la dieta) puede bajar un poco la tensión arterial, sobre todo si ya está alta. La mayor parte del sodio no sale del salero de la mesa, sino de ultraprocesados, salsas y platos ya listos.
Por eso el gesto útil no es solo echar menos: es mirar lo que entra en la bolsa y en la cazuela. Si hay enfermedad renal o fármacos que alteran el potasio, el sustituto de sal no se improvisa en el súper. Y si ya tomas pastillas, menos sal no las sustituye: se habla del plato en la cita, no se negocia la dosis en casa.
¿Reducir la sal baja de verdad la tensión arterial?

Baja un poco, sobre todo si la tensión ya está alta. El efecto es de unos pocos milímetros de mercurio, no un milagro de consulta. Encaja como complemento de la dieta DASH, que puede ayudar a bajar la tensión y no autoriza a suspender los antihipertensivos.
La OMS recomienda menos de 5 g de sal al día, unas 2000 mg de sodio, más o menos una cucharadita. Eso incluye lo que ya traen el pan, el jamón, las sopas y las salsas. Los síntomas de hipertensión no se arreglan con un día sin salero: se miran con tensiómetro y criterio médico.
Si ya tomas pastillas, sigue el tratamiento y habla del plato en la próxima cita. La dosis no se negocia en casa.
¿Qué encontró la revisión del BMJ sobre menos sal durante semanas?
En 2013, el BMJ publicó la revisión Cochrane y metaanálisis de He, Li y MacGregor: 34 ensayos aleatorizados, 3230 personas, con una reducción media de unos 4,4 g de sal al día durante al menos cuatro semanas.
En el conjunto, la tensión bajó −4,18/−2,06 mmHg. En hipertensos, −5,39/−2,82 mmHg. En normotensos, −2,42/−1,00 mmHg. Es el trabajo que relacionó recortar unos 4,4 g de sal al día con una bajada modesta de la tensión sistólica y diastólica.
Esos milímetros importan a escala de población y no equivalen a dejar el fármaco. La revisión midió dieta más baja en sodio frente a la sal habitual, no un reset de la hipertensión. El hábito se sostiene semanas y meses, no un fin de semana de ensalada.
¿Cómo se recorta la sal en la cocina y en las etiquetas?
En casa se empieza por lo visible. Fuera el salero de la mesa. En la sartén, hierbas, ajo, pimentón, limón o vinagre en lugar de un pellizco extra. Cocinar más a menudo con alimento fresco, no con bandeja lista.
Luego, las etiquetas. El sodio se esconde en ultraprocesados, caldos, salsas, embutidos y platos preparados. Si en 100 g ves una cifra alta de sal o de sodio, hay alternativas con menos. La OMS insiste en limitar salsas comerciales y productos procesados, no solo en dejar de salar el tomate.
Un día de menú casero no compensa una semana de pizzas y sopas de sobre. La tensión arterial responde al patrón, no al gesto suelto. Si te lías con las cifras de la etiqueta, coge cita y lleva dos o tres envases al médico de cabecera.
¿El sustituto de sal con potasio es para todo el mundo?

No. La OMS menciona sales hiposódicas con potasio como opción de mesa, pero en la práctica de casa el primer paso es otro: menos salero, más hierbas, menos ultraprocesados. El bote “bajo en sodio” no se compra a ciegas.
Quien tiene enfermedad renal o toma fármacos que alteran el potasio no debe subir el potasio por su cuenta. Primero, analítica y el sí del médico de cabecera. Un sustituto puede ser útil en algunas personas y un problema en otras.
Si te lo indican, úsalo como se usa la sal: poco, y no para compensar un plato ya muy salado. El resto de la dieta DASH (fruta, verdura, lácteos bajos en grasa) aporta potasio de alimentos, que no es lo mismo que un sobre de cloruro potásico.
¿Cuándo hay que llamar al 112?
La hipertensión suele ser silenciosa. Aun así, llama al 112 o acude a urgencias si aparece cefalea intensa de inicio súbito, dolor en el pecho, dificultad para respirar, visión borrosa o una tensión muy alta, de unos 180/120 mmHg.
Esos signos no se corrigen quitando el salero esa noche. No tomes una dosis extra de tu medicación por tu cuenta salvo que tu médico te lo haya indicado ya para ese escenario.
¿Qué hacer si ya tomas pastillas para la hipertensión?
Sigue el tratamiento. Recortar la sal no autoriza a saltarse tomas ni a guardar el envase en el cajón. Los medicamentos para la hipertensión y el plato van juntos, no a la contra.
El orden práctico es este:
- Quita el salero, cocina con hierbas y lee el sodio de las etiquetas.
- Corta ultraprocesados y salsas ya hechas.
- No empieces un sustituto con potasio si hay enfermedad renal o fármacos que lo alteran, salvo indicación médica.
- No cambies la pastilla por tu cuenta. Coge cita en tu centro de la Seguridad Social si la tensión no baja o si hay síntomas de alarma.
Menos sal puede ser un aliado menor de la tensión. Se cuida en el plato, en la pastilla si toca, en el tensiómetro y, si el cuerpo pide urgencias, en el 112.









