A partir de los sesenta y cinco años, cerca de un tercio de las personas convive con algún grado de pérdida auditiva, y la proporción crece con cada década. La audición se desgasta poco a poco, casi sin avisar, hasta que cuesta seguir una conversación en un local con ruido de fondo. Cuidar los oídos con la edad no borra ese desgaste, pero sí puede frenarlo y conservar durante más tiempo la nitidez del sonido.
El desgaste auditivo no llega solo por cumplir años

Dentro del oído interno hay miles de células ciliadas que traducen las vibraciones en señales para el cerebro. Esas células no se regeneran, así que cada daño se acumula de por vida. El envejecimiento las va gastando, pero el ruido, ciertos medicamentos y problemas de circulación aceleran el proceso.
Por eso dos personas de la misma edad pueden oír de forma muy distinta. Buena parte de esa diferencia depende de la exposición al ruido acumulada durante años y de hábitos que sí están en nuestra mano. El daño sonoro es silencioso e indoloro, y no da marcha atrás: cada concierto a todo volumen o cada trayecto con los cascos muy altos deja una huella que se suma a la anterior.
Oír bien también protege la memoria
Cuidar la audición va más allá del propio oído. Según el informe de la Comisión The Lancet sobre demencia publicado en 2020, la pérdida auditiva no tratada figura como el mayor factor de riesgo modificable de demencia, por delante del tabaco o la inactividad. Cuando el cerebro deja de recibir sonidos con claridad, se esfuerza más y se aísla, y ese aislamiento pasa factura con el tiempo.
La lectura práctica es alentadora: proteger el oído y corregir a tiempo la pérdida con audífonos, cuando hacen falta, no solo mejora la comunicación, también mantiene la mente más despierta. No significa que oír peor lleve de forma inevitable a la demencia, sino que la audición está entre los pocos factores sobre los que sí se puede actuar.
Siete hábitos para cuidar los oídos

La audición se protege con gestos cotidianos y sostenidos en el tiempo. Estos siete hábitos reúnen lo que más respaldo tiene para conservar el oído en buen estado:
- Protege los oídos del ruido intenso. Usa tapones en conciertos, obras o al manejar herramientas ruidosas, y guarda distancia con los altavoces.
- Baja el volumen de los auriculares. Mantenlo por debajo del sesenta por ciento del máximo y haz pausas frecuentes, sobre todo con los cascos que aíslan.
- No metas bastoncillos en el canal. Empujan la cera hacia dentro y pueden dañar el tímpano; basta con lavar la oreja por fuera.
- Controla la tensión, el azúcar y el colesterol. El oído interno depende de una buena circulación, así que cuidar el corazón cuida la audición.
- No fumes y modera el alcohol. El tabaco reduce el riego del oído interno y se asocia a más pérdida auditiva.
- Muévete y cuida el plato. La actividad física y una dieta con verduras, pescado y frutos secos favorecen la microcirculación que nutre el oído.
- Hazte revisiones periódicas. A partir de cierta edad conviene una audiometría de control, especialmente si notas que subes el volumen del televisor.
Señales de que la audición está fallando
El deterioro avanza despacio y es fácil normalizarlo. Conviene estar atento si cuesta seguir conversaciones en ambientes ruidosos, si pides repetir a menudo, si el resto de la familia se queja del volumen del televisor o si aparecen pitidos persistentes y sensación de oído tapado. Un dolor de oído o las infecciones repetidas también merecen atención, porque pueden dejar secuelas en la audición si no se tratan.
El oído interno gobierna además el equilibrio, de modo que a veces el problema se manifiesta con mareos o sensación de inestabilidad. Conviene no restar importancia a estos avisos ni atribuirlos sin más a la edad, porque cuanto antes se valoran, más opciones hay de frenar el deterioro. Cualquiera de ellos justifica una consulta con el médico o el otorrino.
Cuándo pedir una revisión auditiva
No hace falta esperar a oír mal para acudir. Una audiometría a tiempo detecta pérdidas leves que aún se pueden compensar, y adaptar audífonos cuando se necesitan mantiene el cerebro conectado con el entorno. Si en casa notan que el volumen está siempre alto o que respondes fuera de lugar en las conversaciones, es buen momento para reservar una cita. Revisar la audición forma parte del cuidado general de la salud a partir de los sesenta, igual que vigilar la vista o la tensión arterial.
Esta información es de carácter educativo y no sustituye la valoración de un médico u otorrinolaringólogo, que examinará cada caso antes de indicar pruebas o tratamientos.









