Rodilla: partes, lesiones y prótesis

La rodilla es una de las articulaciones más complejas del cuerpo y es la responsable de permitir que la pierna se doble, estire y rote mientras soporta el peso del cuerpo. Está formada por huesos, ligamentos, meniscos, tendones, músculos, bursas y una cápsula articular que trabajan de manera coordinada para garantizar estabilidad y movimiento.

Esta articulación puede verse afectada por diversas lesiones y enfermedades que generan dolor y limitan el movimiento, como esguinces, artrosis, bursitis, tendinitis, edema óseo o quistes como el de Baker.

El diagnóstico y tratamiento de estas lesiones y enfermedades lo realiza el traumatólogo, especialista encargado de evaluar la articulación, indicar tratamientos y guiar la recuperación para aliviar el dolor y restaurar la función.

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médico enseñando la rodilla

Anatomia y partes

Anatómicamente, la rodilla está formada por diversas estructuras que trabajan de forma coordinada para permitir el movimiento y soportar el peso del cuerpo.

1. Ligamentos

Los ligamentos de la rodilla son estructuras formadas por tejido conectivo resistente cuya función principal es mantener la estabilidad de esta articulación.

Actúan como estabilizadores estáticos, es decir, ayudan a mantener la rodilla en su posición adecuada incluso en reposo, y trabajan en conjunto con los músculos, considerados estabilizadores dinámicos, para evitar movimientos excesivos o anormales.

Existen cuatro ligamentos principales responsables de garantizar la estabilidad de la rodilla a lo largo de todo su rango de movimiento:

  • Ligamento cruzado anterior (LCA): evita que la tibia se desplace hacia adelante en relación con el fémur, especialmente cuando la rodilla está flexionada;
  • Ligamento cruzado posterior (LCP): evita que la tibia se desplace hacia atrás respecto al fémur y se tensa principalmente durante la flexión;
  • Ligamento colateral medial (LCM): resiste las fuerzas que empujan la rodilla hacia adentro (estrés en valgo), proporcionando estabilidad y ayudando a controlar ciertos movimientos de rotación;
  • Ligamento colateral lateral (LCL): estabiliza la rodilla frente a fuerzas que la empujan hacia afuera (estrés en varo).

Además, existen otros ligamentos secundarios que refuerzan zonas específicas de la articulación. En conjunto, contribuyen a mantener la rodilla estable, facilitando movimientos como la flexión, extensión y rotación de forma controlada.

2. Meniscos

Los meniscos de la rodilla son estructuras de fibrocartílago con forma de medialuna, ubicadas entre la tibia y el fémur. Tienen poco riego sanguíneo, por lo que las lesiones en estas estructuras cicatrizan con dificultad y, en muchos casos, requieren tratamiento médico especializado para recuperarse por completo.

Cada rodilla cuenta con dos meniscos, el menisco medial, situado en la parte interna, y el menisco lateral, en la parte externa, y ambos son fundamentales para el correcto funcionamiento de la articulación.

Su función es amortiguar, absorbiendo los impactos; estabilizar, ayudando a mantener la rodilla firme; y reducir la fricción, permitiendo que los movimientos sean suaves y sin esfuerzo.

3. Músculos 

Los músculos de la rodilla actúan como estabilizadores dinámicos de la articulación, ayudando a los ligamentos a prevenir desplazamientos excesivos y protegiendo su integridad durante las actividades diarias.

Se dividen en dos grupos principales:

  • Extensores: forman el cuádriceps (recto femoral, vasto lateral, vasto medial y vasto intermedio) y permiten extender la pierna, es decir, estirarla.
  • Flexores: ubicados en la parte posterior del muslo y la pierna, e incluyen el semimembranoso, semitendinoso, bíceps femoral, grácil, gastrocnemio y poplíteo, y se encargan de flexionar la rodilla, además de colaborar en la rotación y el soporte del peso corporal.

En conjunto, estos músculos permiten mover la pierna y mantener la rodilla estable, facilitando actividades como caminar, correr o subir escaleras.

4. Huesos

La rodilla está formada por tres huesos principales que permiten el movimiento y soportan el peso del cuerpo.

  • Fémur
  • Tibia
  • Rótula (patela)

En conjunto, estos huesos permiten que la rodilla mueva la pierna con fuerza y estabilidad, soportando el peso del cuerpo y protegiendo la articulación durante las actividades diarias.

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5. Cápsula articular

La rodilla cuenta con una cápsula articular, también llamada cápsula fibrosa, que rodea y contiene la articulación, formando una estructura clave de la rodilla.

Esta cápsula se adhiere al fémur y a la tibia, y su cara interna está revestida por la membrana sinovial, que produce líquido sinovial para lubricar la articulación y reducir la fricción durante el movimiento.

Además de su función lubricante, la cápsula articular brinda soporte y estabilidad, trabajando junto con ligamentos como el rotuliano, los colaterales medial y lateral y los poplíteos oblicuo y arqueado para mantener la articulación firme incluso en reposo.

6. Bursas

Las bursas de la rodilla son pequeños sacos llenos de líquido sinovial, recubiertos por una membrana sinovial, que rodean la articulación.

Su función principal es reducir la fricción entre huesos, tendones y músculos durante el movimiento, además de actuar como amortiguadores y contribuir a la estabilidad de la articulación.

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En la rodilla existen al menos 12 bursas, de las cuales varias se comunican directamente con la cavidad articular, como la suprapatelar, poplitea, anserina y del gastrocnemio.

Estas estructuras son esenciales para que la rodilla se mueva con suavidad y soporte el peso del cuerpo. Sin embargo, algunas bursas subcutáneas, como la prepatelar e infrapatelar, que pueden inflamarse o infectarse, provocando bursitis, una condición que requiere atención médica para preservar la movilidad de la articulación.

7. Tendones

Los tendones de la rodilla son estructuras de tejido conectivo que unen los músculos a los huesos y transmiten la fuerza de los músculos a los huesos para permitir movimientos como doblar, estirar o rotar la pierna.

Además, trabajan junto con los músculos como estabilizadores dinámicos, ayudando a mantener la rodilla firme durante la actividad.

Entre los principales se encuentran los tendones de la “pata de ganso”, el tendón del cuádriceps, el tendón rotuliano o ligamento patelar, el tendón del poplíteo y el tendón del semimembranoso. Otros tendones, como los del bíceps femoral y el gastrocnemio, también participan en los movimientos y en la estabilidad de la rodilla.

Lesiones y enfermedades 

Algunas de las posibles lesiones de rodilla incluyen:

1. Esguince

Los esguinces de rodilla son lesiones de los ligamentos que estabilizan la articulación y pueden variar desde un estiramiento leve hasta una ruptura completa.

Este tipo de lesión suele ocurrir cuando la rodilla se somete a movimientos bruscos, como giros con el pie apoyado, golpes en los lados de la articulación o impactos fuertes con la rodilla flexionada.

Dependiendo de la intensidad del daño causado por estos mecanismos, la gravedad se clasifica en grado 1 (leve), grado 2 (desgarro parcial) y grado 3 (ruptura completa). 

En los casos más graves, varios ligamentos pueden lesionarse al mismo tiempo, provocando una inestabilidad severa, conocida médicamente como lesión multiligamentosa o luxación de rodilla. Conozca más sobre el esguince de rodilla y su tratamiento.

2. Artrosis

La artrosis de rodilla es una enfermedad crónica que desgasta el cartílago, los meniscos y el hueso de la articulación, provocando dolor, rigidez y dificultad para mover la pierna.

Se desarrolla por el desgaste acumulativo de la rodilla, que puede acelerarse con la edad, el sobrepeso, actividades físicas intensas, trabajos pesados o lesiones previas como desgarros de ligamentos o meniscos.

Su gravedad va de leve a severa, en los casos más avanzados, el cartílago desaparece y los huesos rozan entre sí, lo que puede requerir cirugía para recuperar la función de la rodilla.

3. Bursitis

La bursitis de rodilla es la inflamación de las bursas, pequeños sacos de líquido que amortiguan la articulación, y provoca dolor, hinchazón, rigidez y dificultad para mover la pierna, especialmente al hacer ejercicio o presionar la zona.

Se desarrolla cuando la articulación sufre sobrecarga repetida, lesiones previas o, en casos infecciosos, por la entrada de bacterias.

En muchos casos, los síntomas son temporales y mejoran con reposo o medicación, pero si hay infección, el tratamiento debe ser inmediato para evitar daños permanentes en la movilidad.

4. Tendinitis

La tendinopatía de rodilla, conocida como “tendinitis”, es una lesión donde los tendones se desgastan progresivamente lo que provoca dolor persistente que aumenta al subir escaleras, levantarse o hacer esfuerzos prolongados, y se intensifica al presionar la zona afectada.

Se produce por sobreuso, microtraumatismos o presión excesiva, especialmente en mujeres mayores, personas con obesidad o con alteraciones en la alineación de la pierna, como el genu valgo. Conozca más sobre qué es el genu valgo y cómo se realiza el tratamiento.

Aunque limita actividades, no es grave y mejora con fisioterapia de estiramiento y fortalecimiento en pocas semanas.

5. Edema óseo

El edema óseo de rodilla es la acumulación de líquido y sangre dentro del hueso, lo que provoca dolor profundo que empeora al caminar o correr, limita el movimiento y, en algunos casos, causa hinchazón.

Se origina por golpes, esguinces, sobrecarga repetitiva o desgaste de la articulación, y por lo general mejora con reposo.

Aunque, si existe daño grave en la articulación, los síntomas pueden intensificarse y la recuperación prolongarse.

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6. Quiste de Baker

El quiste de Baker es un agrandamiento de la bursa ubicada detrás de la rodilla, causado por la acumulación de líquido.

Al inflamarse, provoca dolor, hinchazón y rigidez, y dificulta doblar o estirar la pierna. La hinchazón suele ser más evidente con la pierna estirada y disminuir al flexionarla.

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Se produce por sobrecarga de la articulación, lesiones de menisco, condromalacia o deformidades en las rodillas que hacen que el líquido quede atrapado en la bursa.

No es peligrosa por sí sola, pero puede aumentar el dolor en personas con artrosis y, si es grande, comprimir vasos y causar hinchazón. 

Prótesis de rodilla

Una prótesis de rodilla es un implante de metal, cerámica o plástico que reemplaza las superficies dañadas de la articulación para aliviar el dolor y recuperar la movilidad, especialmente en casos de artrosis avanzada, traumatismos graves o enfermedades inflamatorias.

Su objetivo es que la rodilla funcione de manera natural y sin molestias. Conozca más sobre la prótesis de rodilla y cómo se realiza la operación.

Según la extensión del daño y los ligamentos que se conserven, existen diferentes tipos de prótesis, la total, que reemplaza toda la articulación, y la parcial, que sustituye solo la zona afectada, conservando hueso y ligamentos sanos, lo que facilita una recuperación más rápida y un movimiento más cercano al de la rodilla original.

Infiltración de rodilla

La infiltración de rodilla es un tratamiento que consiste en inyectar directamente en la articulación o en bursas cercanas sustancias como ácido hialurónico o corticosteroides para aliviar el dolor, reducir la rigidez y mejorar la movilidad.

En algunos casos, primero se extrae el líquido acumulado en la articulación antes de administrar el medicamento.

Tras la infiltración, el alivio del dolor y la mejora de la movilidad suelen notarse durante los primeros tres meses, aunque a los seis meses los efectos pueden disminuir si persiste inflamación o líquido en la rodilla.

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