Enfriar el arroz o la patata cocidos en la nevera hace que parte de su almidón se reorganice y se convierta en almidón resistente. Esta fibra no se digiere en el intestino delgado y llega intacta al colon. Allí sirve de alimento a las bacterias de la microbiota intestinal. El cambio también modifica la subida de glucosa en sangre después de comer. Guardar las sobras es un gesto de conservación de alimentos muy cotidiano, y basta para cambiar la forma en que el cuerpo aprovecha estos hidratos de carbono.
¿Qué le pasa al almidón cuando el arroz se enfría?
Al cocer estos alimentos, los gránulos de almidón absorben agua, se hinchan y se vuelven fáciles de digerir. Este proceso se llama gelatinización. Cuando el plato se enfría, sobre todo en la nevera a unos 4 ºC durante 12 a 24 horas, las cadenas de amilosa se reagrupan en una estructura más compacta. Es la llamada retrogradación. Las enzimas digestivas no consiguen romper bien esa estructura. Por eso una parte de los hidratos de carbono escapa a la absorción y pasa al colon, donde la microbiota intestinal la fermenta como si fuera fibra. Recalentar el plato después no deshace del todo este cambio.
¿Qué ha observado la ciencia sobre la patata y las bacterias del intestino?
Un ensayo publicado en 2022 con 50 adultos comprobó que añadir cada día una guarnición de patata aportaba almidón resistente suficiente para producir un cambio medible en la microbiota intestinal. La diversidad alfa disminuyó. Este índice mide la variedad de especies dentro de cada persona. La diversidad beta, que compara la composición entre personas, se mantuvo estable.

Un detalle llama la atención: los ácidos grasos de cadena corta en las heces tampoco variaron. Estos compuestos, como el butirato, son el producto principal de la fermentación de la fibra y nutren las células del colon. El resultado indica que el tubérculo modifica qué bacterias predominan. Ese cambio no siempre se traduce en más butirato medido en heces. La mayor parte de estos ácidos se absorbe en el colon antes de llegar a la muestra, y eso complica su interpretación.
La microbiota intestinal cambia con el almidón retrogradado
Una menor diversidad suena mal, pero aquí refleja otra cosa. Cuando llega mucho almidón resistente al colon, ciertas bacterias especializadas en fermentarlo se multiplican y ganan terreno. Un análisis complementario de siete estudios apuntó un aumento de Faecalibacterium y Bifidobacterium tras consumir este tipo de almidón. Estos son los géneros que más crecieron:
- Faecalibacterium, ligada a la producción de butirato y a efectos antiinflamatorios en la mucosa.
- Bifidobacterium, un género habitual en los yogures y suplementos probióticos.
- Ruminococcus, capaz de degradar almidones difíciles de digerir.
- Agathobacter, otra bacteria productora de butirato.
La respuesta varió según el tipo de almidón y la población estudiada. No todo el mundo reacciona igual a un plato de sobras frías. Si quieres sumar otras fuentes de esta fibra, el plátano verde es una opción interesante, y existe una guía para preparar biomasa de plátano verde en casa.
Conservación de alimentos cocidos sin riesgos en la nevera
El arroz cocido merece un cuidado especial. Puede contener esporas de Bacillus cereus, una bacteria que resiste la cocción y produce toxinas si el plato pasa horas a temperatura ambiente. Una buena conservación de alimentos evita que el beneficio para el intestino acabe en una intoxicación:
- Enfría los alimentos cocidos en menos de una hora, extendidos en un recipiente amplio y poco profundo.
- Guárdalos en la nevera en un táper bien cerrado, por debajo de 5 ºC.
- Consume el arroz en un plazo de 24 horas y la patata en un máximo de dos o tres días.
- Si los recalientas, hazlo una sola vez y hasta que estén muy calientes por dentro.

Comerlos fríos, en ensalada, mantiene intacto el almidón retrogradado. Recalentarlos reduce algo la cantidad, pero una parte sigue resistiendo la digestión. Una ensaladilla con huevo y aceite de oliva o un salteado con verduras del día anterior son formas sencillas de aprovecharlo.
Cómo encajar el almidón resistente en una dieta equilibrada
El almidón resistente funciona mejor dentro de un patrón con legumbres, verduras, fruta y cereales integrales que como recurso aislado. Si no estás acostumbrado a tanta fibra fermentable, empieza con raciones pequeñas. Un aumento brusco puede provocar gases e hinchazón los primeros días. Las personas con síndrome del intestino irritable o diabetes deberían ajustar las cantidades con un dietista-nutricionista o con su médico.
Cocinar de más un día y guardar el resto en frío transforma la estructura del almidón sin añadir ni un ingrediente al plato. La misma ración de arroz o patata llega al colon con más sustrato para la microbiota intestinal. Lo que marca la diferencia es el tiempo en la nevera y una conservación de los alimentos cocinados bien hecha.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si tienes molestias digestivas o dudas sobre tu alimentación, consulta con tu médico o con un dietista-nutricionista.









