Los labios se agrietan con facilidad porque su piel es mucho más fina que la del resto de la cara y carece de glándulas sebáceas, así que no fabrica la grasa que retiene el agua. El frío, el viento, el sol, la deshidratación y el hábito de humedecerlos con la lengua completan el cuadro. La mayoría mejora en pocos días con cuidados sencillos. Otras grietas, en cambio, avisan de algo más.
¿Por qué se resecan tan rápido?
El borde rojo del labio tiene un estrato córneo muy delgado, sin folículos ni glándulas sebáceas y con una capa de melanina escasa. Esa combinación lo deja sin barrera frente a la pérdida de agua y sin protección frente a la radiación ultravioleta.
El gesto de lamerlos empeora el problema. La saliva se evapora enseguida y arrastra la poca humedad que quedaba, además de aportar enzimas digestivas que irritan la piel. Así se instala un círculo difícil de romper.
Lo que señala la investigación sobre el sol en los labios
Interesa saber por qué el labio inferior concentra casi todas las lesiones. Un equipo de la Universidad de Granada revisó tres bases de datos y reunió doce estudios para analizar los factores de riesgo de la queilitis actínica, una inflamación crónica del labio ligada a la radiación acumulada.
Según un metaanálisis publicado en el Journal of Dental Research, Dental Clinics, Dental Prospects en 2021, los factores más asociados a esta lesión fueron el fototipo de piel claro y la edad por encima de los 50 años, junto a la exposición solar acumulada. La queilitis actínica se considera una lesión potencialmente maligna, y por eso una descamación persistente del labio inferior no es un asunto cosmético. La muestra procede de estudios heterogéneos, así que las cifras exactas varían.
Los cuidados que funcionan
La constancia importa más que el producto concreto:
- Aplicar un bálsamo con vaselina, lanolina, ceramidas o manteca de karité varias veces al día
- Usar protección solar labial con factor 30 o superior, también en invierno y en la montaña
- Ponerlo antes de acostarse, cuando la piel repara mejor
- Beber líquido suficiente a lo largo del día
- Usar humidificador si el ambiente es muy seco por la calefacción
- Respirar por la nariz siempre que sea posible, ya que la respiración bucal reseca el borde labial

Lo que conviene evitar
Algunos gestos muy extendidos alargan el problema en lugar de resolverlo:
- Lamerse los labios o mordisquearlos, el factor que más perpetúa la sequedad
- Arrancar las pieles sueltas, porque deja heridas abiertas
- Exfoliantes agresivos con azúcar o cepillos sobre la piel ya fisurada
- Bálsamos con mentol, alcanfor, fenol o fragancias fuertes, que producen alivio momentáneo y más sequedad después
- Reaplicar el producto cada pocos minutos por costumbre, sin necesidad real
- Recetas caseras con limón, canela o alcohol
Puedes ampliar estos cuidados en la guía sobre cómo tratar los labios resecos.
Las grietas en las comisuras
Las fisuras en los ángulos de la boca merecen un apartado propio. Se llaman queilitis angular y suelen deberse a una infección por hongos o bacterias favorecida por la saliva que se acumula ahí. Aparecen con frecuencia en portadores de prótesis mal ajustadas, en personas mayores con pérdida de dimensión facial y en quienes tienen déficit de hierro, de vitamina B12 o de ácido fólico. Necesitan tratamiento específico, no bálsamo.
Cuándo buscar ayuda profesional
Conviene consultar si las grietas no mejoran en dos o tres semanas de cuidados, si sangran, si duelen mucho o si aparecen signos de infección como pus, costras amarillentas o hinchazón. Piden valoración sin demora una descamación o una zona blanquecina persistente en el labio inferior, una úlcera que no cicatriza, un bulto o una pérdida del contorno entre el labio y la piel, sobre todo en personas de piel clara, fumadoras o con trabajo al aire libre. También merecen estudio los labios secos acompañados de sequedad ocular y de boca, de cansancio marcado o de lesiones en otras zonas, porque detrás puede haber un síndrome de Sjögren, una dermatitis de contacto por un producto que usas, un déficit nutricional o el efecto de fármacos como los retinoides. El dentista, el médico de familia o el dermatólogo pueden orientar el diagnóstico.
Este contenido tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si las grietas persisten, sangran o aparecen en las comisuras, consulta con tu médico o tu dentista.









