El dolor lumbar es la primera causa de discapacidad en el mundo, y cuando se prolonga más de tres meses el enfoque cambia por completo. El reposo, que durante décadas fue la recomendación estándar, hoy se desaconseja: la evidencia respalda el movimiento, el fortalecimiento y la actividad progresiva. Ninguna de esas medidas produce milagros, pero sí mejoras medibles y sostenidas.
¿Por qué el reposo prolongado empeora las cosas?
Una espalda inmóvil pierde fuerza y resistencia en pocas semanas. La musculatura profunda que estabiliza las vértebras se debilita, y entonces los músculos superficiales asumen un trabajo que no les corresponde, manteniendo la contractura.
El disco intervertebral también sale perdiendo. Se nutre por difusión al cambiar de presión con el movimiento, así que necesita actividad para mantenerse. A eso se suma el componente del sistema nervioso, que en el dolor crónico se vuelve más sensible y amplifica señales que antes no dolían.
Lo que cuantificó una revisión sobre el ejercicio
Interesa saber cuánto alivia el ejercicio, no solo si conviene moverse. Un equipo canadiense revisó los ensayos aleatorizados disponibles en adultos con dolor lumbar crónico inespecífico, comparando el ejercicio frente a la ausencia de tratamiento, la atención habitual y otras opciones conservadoras.
Según una revisión publicada en la Cochrane Database of Systematic Reviews en 2021, el ejercicio produjo una mejora media de unos 7 puntos en el dolor sobre una escala de 100, junto a un beneficio menor en la limitación funcional. Los autores subrayan que la certeza de la evidencia es moderada y que el efecto es modesto. Otro trabajo del mismo grupo apuntó que las características del diseño y del acompañamiento influyen más que el tipo concreto de ejercicio.
Los ejercicios con menos riesgo
Estos se hacen en el suelo, despacio y sin llegar al dolor agudo:
- Puente de glúteo boca arriba, elevando la pelvis sin arquear la zona lumbar
- Bird dog: a cuatro patas, estirar un brazo y la pierna contraria manteniendo el tronco quieto
- Plancha lateral apoyada en las rodillas, entre 10 y 20 segundos por lado
- Basculación pélvica tumbado, alternando el apoyo de la zona lumbar
- Estiramiento de isquiotibiales tumbado, con una toalla en el pie
- Postura del niño para relajar la musculatura al terminar

Cómo progresar sin recaídas
La referencia práctica es sencilla: la molestia puede subir un poco durante la sesión, pero debe volver a su nivel habitual en 24 horas. Empezar con pocas repeticiones y aumentar cada dos semanas funciona mejor que forzar y tener que parar.
Estos hábitos completan el conjunto, y encajan con las medidas para aliviar el dolor de espalda:
- Levantarse cada 30 o 45 minutos si trabajas sentado
- Caminar a diario, la actividad con mejor relación entre esfuerzo y beneficio
- Levantar peso flexionando cadera y rodillas, con la carga pegada al cuerpo
- Ajustar la silla con la espalda apoyada y los pies en el suelo
- Dormir siete horas o más, porque el mal descanso amplifica el dolor
- Mantener un peso estable y dejar el tabaco, que se asocia a peor evolución
Cuándo consultar sin esperar
Hay señales que cambian el escenario por completo. El dolor que irradia por debajo de la rodilla, con hormigueo o pérdida de fuerza en la pierna, apunta a una compresión nerviosa y necesita valoración. También la piden el dolor que no mejora en seis semanas, el que despierta por la noche, el que aparece tras un golpe o una caída, y el acompañado de fiebre, pérdida de peso, antecedente de cáncer o tratamiento prolongado con corticoides. Hay una situación urgente: la dificultad para controlar los esfínteres, la retención de orina o el adormecimiento en la zona de la entrepierna obligan a acudir a urgencias, porque sugieren un síndrome de cola de caballo. Fuera de esos casos, el médico de familia o el fisioterapeuta pueden pautar la progresión sin necesidad de pruebas de imagen, que en el dolor lumbar inespecífico no suelen aportar información útil.
Este contenido tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si el dolor irradia a las piernas o no mejora, consulta con tu médico antes de continuar con los ejercicios.









