Por la noche, la temperatura corporal central baja alrededor de 1 °C respecto a la de la tarde. El cerebro usa ese descenso como una de sus señales para iniciar el sueño. Por eso la temperatura del dormitorio pesa tanto en el descanso. Los especialistas en medicina del sueño suelen situar la franja óptima entre 16 y 19 grados, con los 18 como referencia. Un cuarto demasiado cálido frena ese enfriamiento natural, retrasa la conciliación y multiplica los despertares nocturnos.
La termorregulación nocturna obliga al cuerpo a perder calor
La termorregulación es el sistema que mantiene estable la temperatura interna, y su centro de mando está en el hipotálamo. Al caer la tarde, los vasos sanguíneos de manos y pies se dilatan y sueltan calor hacia el exterior. Esa pérdida de calor por la piel sigue al ritmo circadiano y trae la somnolencia. Con el aire de la habitación a 24 o 25 grados, el cuerpo apenas puede disipar ese calor y tarda más en alcanzar las fases de descanso reparador.
¿Qué dice la investigación sobre el calor y la calidad del sueño?
Una revisión sistemática publicada en 2024 por Chevance, Minor y otros autores reunió estudios hechos en condiciones reales, fuera del laboratorio. Su conclusión es clara. Encontró una asociación entre más calor ambiental y un sueño más corto y de peor calidad. El efecto aparece tanto con la temperatura interior como con la exterior, así que la temperatura del dormitorio cuenta igual que el clima de la calle.
El impacto fue mayor en los meses cálidos y en los grupos vulnerables. Los autores también encontraron pocas pruebas de que el organismo se acostumbre deprisa a dormir con calor. En buena parte de España, las noches tropicales por encima de 20 grados son cada vez más frecuentes. Para quien las sufre, ese dato tiene una lectura muy directa: aguantar no basta, hay que enfriar el cuarto.

¿Por qué un ambiente fresco favorece el sueño profundo?
El sueño profundo, también llamado sueño de ondas lentas, es la fase en la que el cuerpo repara tejidos, consolida la memoria y libera hormona del crecimiento. Se concentra en la primera mitad de la noche, justo cuando la temperatura central llega a su mínimo. El calor excesivo fragmenta esa etapa y aumenta los microdespertares. Un análisis complementario de 18 estudios en personas mayores apuntó una relación entre dormir poco y mayor mortalidad. Es una razón más para proteger el sueño profundo a partir de los 65 años.
¿Qué papel tiene la melatonina en este equilibrio térmico?
La melatonina es la hormona que segrega la glándula pineal cuando baja la luz. Entre sus efectos está favorecer la pérdida de calor por la piel, por lo que su producción y el descenso de la temperatura central van de la mano. Algunos hábitos muy comunes alteran los dos procesos a la vez:
- La luz azul de móviles y tabletas en la hora previa a acostarse, que retrasa la secreción de melatonina.
- Las cenas copiosas o muy picantes poco antes de dormir, que elevan la temperatura interna.
- El ejercicio intenso a última hora de la tarde.
- El alcohol, que fragmenta la segunda mitad de la noche.
Corregir estos factores forma parte de las rutinas que mejoran el descanso. Si quieres revisar todos tus hábitos nocturnos, puedes repasar las claves de la higiene del sueño. Allí se explica también cuántas horas conviene dormir según la edad y cuándo consultar al médico.
La calefacción por la noche funciona mejor baja o apagada
La calefacción es imprescindible en invierno, pero mantenerla a 21 o 22 grados toda la noche reseca el aire y calienta en exceso el cuarto. Muchos médicos aconsejan programarla para que baje a 17 o 18 grados una hora antes de acostarse. Otras medidas útiles en los meses fríos:
- Un termostato programable que reduzca la calefacción de forma automática por la noche.
- Una humedad entre el 40 y el 60 %, con un humidificador si el radiador reseca la garganta.
- Un nórdico con relleno adecuado a la estación en lugar de subir los grados.
- Calcetines finos si los pies se enfrían, porque ayudan a la vasodilatación que precede al sueño profundo.

¿Cómo ajustar la temperatura del dormitorio desde esta noche?
En verano el reto es el contrario. Ventilar a primera hora de la mañana, bajar las persianas en las horas de sol y usar sábanas de algodón o lino mantiene el cuarto más fresco. El ventilador o el aire acondicionado ayudan, siempre que no apunten directamente al cuerpo. Las personas mayores, los bebés y quienes padecen insomnio crónico o apnea del sueño necesitan una vigilancia especial del ambiente nocturno.
Puedes empezar hoy mismo con un paso sencillo. Coloca un termómetro en la mesilla y apunta durante una semana la temperatura al acostarte y cómo te despiertas. Si el registro supera los 20 grados de forma habitual, baja el termostato uno o dos grados. Date además una ducha templada una hora antes de dormir para activar la termorregulación y comprueba si los despertares disminuyen.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si duermes mal de forma persistente o tienes dudas sobre tu descanso, consulta con tu médico.








