Con el otoño vuelven los catarros, la gripe y las dudas por unas décimas en casa. Muchas familias sacan el termómetro del cajón sin saber bien qué cifra es normal. La temperatura corporal no es un 37 °C fijo. Varía a lo largo del día, depende de dónde se mida y baja un poco con los años. Saber interpretarla ayuda a detectar a tiempo una infección, sobre todo en personas mayores.
El envejecimiento enfría ligeramente el organismo
El envejecimiento modifica la termorregulación, el mecanismo con el que el hipotálamo mantiene estable el calor interno. Con la edad disminuyen el metabolismo basal y la masa muscular. La piel también retiene peor el calor y la circulación periférica pierde eficacia. Un análisis complementario que reunió 16 estudios apuntó a una temperatura basal más baja en adultos mayores, unos 0,17 °C por debajo de la de los jóvenes. Parece poco, pero cambia la forma de leer la temperatura corporal en la vejez.
A esa diferencia de fondo se suman otros factores. Hacen oscilar la temperatura de cualquier persona a lo largo de la jornada:
- La hora del día: es más baja de madrugada y más alta al final de la tarde.
- El lugar de medición: la rectal suele marcar unas décimas más que la axilar.
- La actividad física, la digestión y un ambiente caluroso.
- El ciclo menstrual, ya que la ovulación eleva la temperatura basal.
- Algunos fármacos, como los antitérmicos o ciertos antihipertensivos.

¿Desde qué cifra se considera fiebre en una persona mayor?
Una investigación publicada en 2021 analizó cuatro cohortes distintas. Comprobó que la edad avanzada se asocia con una temperatura basal más baja. A partir de esos datos, los autores proponen un umbral de fiebre más bajo para mayores de 65 años, porque el corte habitual puede pasar por alto infecciones reales.
En adultos se suele hablar de febrícula entre 37,3 y 37,9 °C y de fiebre a partir de 38 °C en la axila. El estudio sitúa la cifra de alerta en 37,4 °C para los mayores. En alguien cuya temperatura habitual ronda los 36,2 °C, llegar a 37,4 °C ya supone subir más de un grado. Por eso conviene compararla con su valor de referencia y no solo con la cifra estándar. La termorregulación de esa persona parte de un punto más bajo.
¿Por qué una infección puede pasar desapercibida con los años?
El sistema inmunitario también acusa el envejecimiento. Una neumonía o una infección de orina a los 80 años puede manifestarse con confusión, caídas, falta de apetito o somnolencia, casi sin fiebre. La termorregulación responde con menos fuerza a los pirógenos, las sustancias que elevan la temperatura durante una infección. Familiares y cuidadores deben vigilar estos cambios de conducta tanto como el termómetro. También ayuda repasar las causas más habituales de fiebre, porque en la vejez muchas se presentan de forma más discreta.

¿Cómo medir bien la temperatura en casa?
Una medición fiable depende del aparato y del momento elegido. Estas pautas evitan los errores más comunes:
- Usa un termómetro digital. Los de mercurio dejaron de venderse en la Unión Europea en 2009.
- Espera de 20 a 30 minutos después de comer, ducharte o hacer ejercicio.
- Si mides en la axila, seca la piel y mantén el brazo pegado al cuerpo hasta que suene el aviso.
- Mide siempre en el mismo sitio para poder comparar resultados.
- Pide atención urgente si supera los 39,5 °C o si hay rigidez de nuca, dificultad para respirar o desorientación.
Hay un paso sencillo que puedes dar desde hoy. Tómate la temperatura estando sano durante tres o cuatro días, a la misma hora y en el mismo sitio, y apunta los valores. Si tienes más de 65 años o cuidas de alguien mayor, esa cifra basal personal será tu referencia. Con ella reconocerás una febrícula real cuando llegue el próximo resfriado o la próxima gripe.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si notas síntomas o tienes dudas sobre tu temperatura o la de un familiar, consulta con tu médico.









