Un ojo sano produce alrededor de 1,2 microlitros de lágrima por minuto, una cantidad tan pequeña que apenas se nota. Cuando ese equilibrio se rompe aparece el lagrimeo constante, que los oftalmólogos llaman epífora. Puede deberse a un exceso de producción, a un drenaje deficiente o a una irritación de la superficie ocular. En muchos casos se resuelve con medidas sencillas una vez identificado el origen.
El ojo seco, la causa que parece una contradicción
Resulta paradójico, pero el ojo seco es uno de los motivos más frecuentes de lagrimeo. Si la película lagrimal se evapora demasiado rápido, la córnea se irrita y avisa al cerebro. La glándula lagrimal responde entonces con una descarga de lágrima refleja, muy acuosa y poco eficaz, que acaba desbordándose por la mejilla. Suele empeorar con estos factores:
- Muchas horas frente a pantallas, porque se parpadea bastante menos.
- Calefacción y aire acondicionado, que resecan el ambiente.
- Lentes de contacto usadas más tiempo del indicado.
- Cambios hormonales, sobre todo en mujeres tras la menopausia.
- Algunos fármacos, como antihistamínicos o ciertos antidepresivos.
Una pista útil: si el ojo escuece, notas arenilla y aun así lagrimea, lo probable es que falle la calidad de la lágrima y no la cantidad. Las lágrimas artificiales sin conservantes suelen aliviar estos casos en pocos días. Cuando no bastan, el oftalmólogo puede valorar cerrar los puntos lagrimales, una técnica que una revisión de 2026 analizó en el ojo seco y la epífora.

Los conductos lagrimales no siempre fallan por una obstrucción
La lágrima drena por dos pequeños orificios del párpado hacia el saco lagrimal y, desde ahí, a la nariz. Durante años se atribuyó el lagrimeo persistente casi siempre a un bloqueo físico de los conductos lagrimales. Una investigación publicada en 2023 con pruebas de imagen lagrimal mostró que la epífora funcional es tan frecuente como la obstrucción anatómica. En estos casos el conducto está abierto, pero el bombeo de los párpados no empuja bien la lágrima. En un 16 % de los casos funcionales no se encontró ninguna causa identificable. Eso explica por qué tanta gente siente que sus ojos lloran sin motivo.
La alergia ocular llega con picor y ojos rojos
En primavera, o en casas con ácaros y mascotas, la alergia es otra fuente habitual de lágrimas. El sistema inmunitario libera histamina al contacto con el polen, el polvo o el pelo de animales. El ojo responde con picor intenso, enrojecimiento y párpados hinchados. Frotarse empeora la reacción porque libera todavía más sustancias inflamatorias. Si los síntomas se repiten cada año en las mismas fechas, conviene revisar las causas de la alergia ocular y cómo controlarlas antes de que llegue la temporada.
¿Cómo distinguir la conjuntivitis de una simple irritación?
La conjuntivitis es la inflamación de la membrana que recubre el blanco del ojo y el interior de los párpados. La vírica suele empezar en un ojo y pasar al otro en pocos días, con lagrimeo acuoso y a veces un ganglio inflamado delante de la oreja. La bacteriana produce una secreción espesa, amarilla o verdosa, que pega las pestañas al despertar.
La conjuntivitis alérgica afecta a ambos ojos a la vez y casi siempre se acompaña de estornudos o picor nasal. Las formas infecciosas son muy contagiosas. Lavarse las manos a menudo, no compartir toallas ni almohadas y desechar el maquillaje de ojos usado durante la infección evita contagiar a la familia y volver a infectarse.
¿Cuándo el lagrimeo merece una visita al oftalmólogo?
La mayoría de los episodios ceden solos o con medidas sencillas, pero algunos signos indican que hay que pedir cita sin esperar:
- Dolor ocular intenso o visión borrosa que no mejora al parpadear.
- Lágrimas en un solo ojo durante más de dos o tres semanas.
- Un bulto rojo y doloroso junto a la nariz, típico de una dacriocistitis, la infección del saco lagrimal.
- Secreción con pus, fiebre o párpados muy hinchados.
- Molestia intensa ante la luz.
- Ojos llorosos de forma continua en un bebé, que pueden indicar una obstrucción congénita de los conductos lagrimales.

¿Qué ayuda a evitar que los ojos lloren sin motivo?
La prevención depende de la causa, pero algunos hábitos protegen la superficie ocular en casi todos los casos. Mantener la humedad de casa entre el 40 y el 60 %, ducharse y cambiarse de ropa tras pasear en época de polen y no frotarse los ojos reduce la irritación del ojo seco, los brotes de alergia y el riesgo de conjuntivitis. Un paso que puedes dar hoy mismo es aplicar la regla 20-20-20: pon una alarma cada 20 minutos mientras usas el ordenador, mira algo situado a unos 6 metros durante 20 segundos y parpadea despacio diez veces. Si tras dos semanas los ojos siguen llorando, apunta cuándo aparecen las lágrimas y lleva esas notas a la consulta. Ese registro ayuda a saber si el problema está en la lágrima o en los conductos lagrimales.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el tratamiento de un oftalmólogo u otro profesional sanitario. Si el lagrimeo persiste o notas dolor o pérdida de visión, pide atención médica.









