Cruzar las piernas un rato largo o dormir con el brazo bajo la almohada basta para que aparezca esa mezcla de acorchamiento y hormigueo. La causa no está en la sangre que falta, como suele creerse, sino en un nervio comprimido que deja de transmitir señales. En cuanto se libera la presión, todo vuelve a su sitio en pocos minutos.
¿Qué ocurre exactamente cuando se duerme una mano?
El peso del cuerpo aplasta el nervio contra una superficie dura, casi siempre un hueso o el borde de una silla. Esa presión interrumpe la conducción del impulso eléctrico y, además, comprime los diminutos vasos que nutren el propio nervio. Las fibras más gruesas, las que llevan el tacto fino, son las primeras en callarse, y por eso la zona se siente acolchada o ajena.
El hormigueo llega después, al retirar la presión. Las fibras recuperan su función de forma desordenada y disparan impulsos espontáneos que el cerebro interpreta como pinchazos y burbujas. Ese cosquilleo eléctrico es en realidad la señal de que el nervio está despertando, no de que algo se haya estropeado.
¿Cuándo deja de ser algo pasajero?
La distinción importa, porque el mismo síntoma puede responder a una postura o a un daño mantenido en los nervios periféricos. Un equipo del Erasmus de Róterdam midió cuánta gente convive con ese problema sin saberlo.
Según el estudio publicado en Neurology en 2016, que examinó a 1.310 personas de una población general con cuestionario, exploración neurológica y estudios de conducción nerviosa, se detectó una prevalencia de polineuropatía del 5,5%. La cifra subía con la edad y era mayor en hombres. Un dato llamativo del trabajo es que una parte importante de esos casos no tenía diagnóstico previo, pese a llevar tiempo con síntomas.
Las posturas que más lo provocan
Cada nervio tiene un punto débil donde discurre pegado al hueso y sin protección muscular. Estas son las situaciones que se repiten:
- Cruzar las piernas, que comprime el nervio peroneo justo debajo de la rodilla;
- Apoyar el codo en una mesa o en la ventanilla del coche, sobre el nervio cubital;
- Dormir con el brazo bajo la cabeza o colgando del borde de la cama;
- Sentarse en cuclillas o de rodillas durante mucho rato;
- Permanecer sentado en una superficie dura, que afecta al nervio ciático;
- Sujetar el móvil con la muñeca doblada largo tiempo.
Mucha gente atribuye el episodio al riego sanguíneo, y conviene distinguirlo. Repasar las señales de una mala circulación ayuda a diferenciarlo, porque ese cuadro cursa con frialdad, cambios de color e hinchazón, no con hormigueo puntual.

¿Qué hacer cuando aparece?
Lo único que hace falta es liberar la presión y esperar. Estos gestos aceleran la recuperación:
- Cambiar de postura en cuanto se note el acorchamiento, sin esperar a que avance;
- Mover con suavidad los dedos y la articulación más cercana;
- Sacudir la mano o el pie de forma controlada, que reactiva la conducción;
- Caminar unos pasos si la zona afectada es la pierna;
- Aplicar calor templado si la sensación tarda en irse;
- Revisar la altura de la silla y la posición de los codos en el puesto de trabajo.
Ningún masaje intenso ni ningún estiramiento forzado acortan el proceso. El nervio necesita su tiempo para reordenar la señal, y suele bastar con menos de cinco minutos.
¿Cuándo conviene consultar?
Hay un patrón que separa lo banal de lo que merece revisión. Conviene pedir cita cuando el hormigueo aparece sin ninguna postura que lo explique, cuando dura horas o se repite varias veces por semana, cuando afecta siempre a la misma mano o al mismo pie, cuando se acompaña de pérdida de fuerza o de torpeza para abrocharse un botón, y cuando empieza por los dedos de los pies y va subiendo de forma simétrica, un patrón típico de la polineuropatía. Las causas más frecuentes en consulta son la diabetes, el déficit de vitamina B12, el consumo elevado de alcohol, el hipotiroidismo y la compresión mantenida de un nervio, como ocurre en el túnel carpiano. Un análisis de sangre y, si procede, un electromiograma suelen resolver el diagnóstico. Hay una excepción que no admite espera: si el hormigueo aparece de forma brusca en un lado del cuerpo junto a dificultad para hablar, desviación de la boca o debilidad en brazo y pierna, hay que llamar al 112, porque son signos de un ictus.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si el hormigueo es frecuente, persistente o se acompaña de pérdida de fuerza, consulta con tu médico.









