Los tendones son las cuerdas de tejido que unen el músculo con el hueso y transmiten la fuerza de cada movimiento. Cuando reciben más carga de la que pueden asimilar, duelen, se vuelven sensibles al tacto y limitan gestos tan corrientes como girar una llave o subir una escalera. El hombro, el codo, la muñeca, la rodilla y el talón de Aquiles concentran la mayoría de los casos.
¿Qué le ocurre realmente al tendón?
En los primeros días predomina un componente inflamatorio, y de ahí viene el nombre clásico. Cuando el problema se cronifica, sin embargo, las biopsias muestran algo distinto: fibras de colágeno desorganizadas, aumento de agua en el tejido y vasos nuevos, con poca inflamación real. Por eso los especialistas hablan cada vez más de tendinopatía.
Ese matiz cambia el enfoque del tratamiento. Un tendón degenerado no mejora solo con antiinflamatorios, necesita recuperar capacidad de carga. El síntoma típico lo refleja bien: dolor al empezar la actividad, que mejora al calentar y reaparece con fuerza horas después o al día siguiente.
¿Qué observó la ciencia con las infiltraciones?
La inyección de corticoides ha sido durante décadas el recurso rápido para el codo de tenista y el hombro doloroso. Un equipo australiano revisó los ensayos aleatorizados disponibles sobre inyecciones para tendinopatías y comparó los resultados a las 4 semanas, a los 6 meses y al año.
Según una revisión publicada en The Lancet en 2010, los corticoides aliviaron el dolor a corto plazo, pero mostraron peores resultados a medio y largo plazo que otras opciones, sobre todo en la epicondilalgia lateral. Los autores advierten que la respuesta varía mucho según el tendón afectado. La lectura práctica no es descartar la infiltración, sino entender que alivia sin resolver la causa y que la decisión corresponde al médico.
¿Qué situaciones desencadenan el problema?
Casi nunca hay un único culpable. Suele aparecer cuando la carga sube más rápido de lo que el tejido tolera:
- Movimientos repetidos durante horas, como teclear, pintar, atornillar o tocar un instrumento.
- Aumentos bruscos de entrenamiento, típicos al empezar a correr o volver tras un parón.
- Técnica deficiente o material inadecuado, desde el calzado gastado hasta una raqueta mal ajustada.
- La edad, porque el tendón pierde elasticidad y capacidad de reparación a partir de los 40.
- Diabetes, colesterol alto, artritis reumatoide y gota, que alteran la calidad del tejido.
- El tabaquismo y el exceso de peso, ambos asociados a peor recuperación.
- Ciertos antibióticos del grupo de las quinolonas, con riesgo conocido de lesión tendinosa.

¿Qué hacer en los primeros días?
La fase aguda busca bajar el dolor sin apagar del todo la actividad. Estas medidas suelen bastar al principio:
- Aplicar frío local durante 15 o 20 minutos, varias veces al día, con un paño entre el hielo y la piel.
- Reducir el gesto que provoca dolor sin dejar de mover la zona en rangos cómodos.
- Adaptar el puesto de trabajo, la altura de la pantalla y la posición de la muñeca.
- Evitar cargar peso con el brazo o la pierna afectados en los primeros días.
- Consultar antes de encadenar antiinflamatorios, que enmascaran el dolor y no reparan el tejido.
¿Por qué el reposo absoluto no basta?
Inmovilizar por completo alivia mientras dura, pero el tendón sin estímulo pierde resistencia y el dolor regresa al retomar la actividad. La recuperación con mejor respaldo pasa por lo contrario: carga progresiva y controlada. Se empieza con contracciones isométricas, que además tienen efecto analgésico, y se avanza hacia trabajo de fuerza lento con peso creciente.
Ese programa lo pauta un fisioterapeuta y suele necesitar entre 8 y 12 semanas de constancia, bastante más de lo que la mayoría espera. Merece la pena conocer los tipos de tendinitis más frecuentes, porque el tendón de Aquiles, el manguito rotador y el rotuliano responden a ejercicios distintos.
Cuándo el dolor pide consulta
Un dolor que no mejora tras dos o tres semanas de cuidados básicos ya merece valoración, igual que el que despierta por la noche o limita tareas cotidianas. Hay señales que exigen atención el mismo día: un chasquido audible seguido de pérdida de fuerza o imposibilidad de apoyar, que puede indicar rotura; hinchazón intensa con enrojecimiento, calor local y fiebre, compatible con infección; o adormecimiento y hormigueo que apuntan a compresión nerviosa y no a un tendón. Quien esté tomando quinolonas y note dolor en el talón debe consultar sin esperar. El diagnóstico se apoya en la exploración y, si hace falta, en una ecografía.
Esta información tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante un dolor tendinoso que persiste o empeora, consulta con tu médico, traumatólogo o fisioterapeuta.









