Se mide en quince segundos y aparece en cualquier reloj o pulsera.
La frecuencia cardiaca en reposo es uno de los pocos datos que una persona puede tomarse sola, sin analítica ni cita previa, y que aporta información sobre el estado del sistema cardiovascular. La Fundación Española del Corazón sitúa el rango normal entre 50 y 100 latidos por minuto, un intervalo tan ancho que por sí solo dice poco.
Un metaanálisis de 2016 puso cifra exacta a lo que ocurre cuando ese número sube. Está más abajo.
La frecuencia cardiaca en reposo es el número de veces que el corazón se contrae por minuto cuando el cuerpo está en calma, sin esfuerzo ni digestión reciente. Se expresa en latidos por minuto, abreviado lpm.
Por encima de 100 lpm en reposo se habla de taquicardia y por debajo de 50 lpm, de bradicardia, según los criterios de la Fundación Española del Corazón.
Cuándo tomarla para que el número signifique algo

La medición mal hecha genera cifras que no sirven para comparar nada. El momento fiable es por la mañana, todavía en la cama, antes de levantarse y antes del primer café.
Basta con localizar el pulso en la muñeca, contar los latidos durante 30 segundos y multiplicar por dos. Tomarla después de subir escaleras, tras una comida copiosa o con la vejiga llena da valores inflados que no reflejan el estado basal. Un único registro tampoco vale gran cosa, y el motivo tiene que ver con lo que los datos muestran más adelante.
Por qué el rango normal es tan ancho
Cincuenta latidos separan el extremo bajo del alto, y eso responde a diferencias reales. Un deportista de fondo entrenado puede tener 45 lpm sin ninguna patología, porque su corazón bombea más sangre en cada contracción y necesita menos ciclos.
En el otro extremo, la edad, la fiebre, la anemia, el hipertiroidismo, la cafeína, el alcohol y la ansiedad elevan la frecuencia sin que exista enfermedad cardiaca. La medicación cuenta también: los betabloqueantes la reducen de forma directa. Por eso el valor aislado importa menos que la tendencia de una misma persona a lo largo de las semanas.
Lo que la sube sin que lo notes
Hay factores cotidianos que desplazan el número de forma sostenida. Dormir mal varias noches seguidas, el estrés mantenido y la deshidratación son los tres más frecuentes en consulta.
El alcohol merece mención aparte porque su efecto se prolonga: eleva la frecuencia cardiaca durante horas después de la última copa, incluida la madrugada. El tabaco actúa por una vía distinta, la estimulación adrenérgica, y suma varios latidos por minuto de forma crónica. Ninguno de esos factores es dramático por separado, pero la evidencia sobre lo que ocurre cuando el número se instala arriba es más contundente de lo que parece.
La cifra que aparece al cruzar decenas de estudios

Aquí es donde el dato deja de ser una curiosidad. Un metaanálisis publicado en la revista CMAJ en 2016, realizado por investigadores de la Universidad Médica de Qingdao, reunió estudios de población general y calculó el riesgo asociado a cada escalón de frecuencia.
El resultado: por cada 10 latidos por minuto adicionales en reposo, el riesgo relativo de mortalidad por cualquier causa aumenta un 9%, y el de mortalidad cardiovascular, un 8%. La asociación se mantuvo tras ajustar por los factores de riesgo clásicos.
Conviene leerlo con precisión: es una asociación estadística en poblaciones, no una sentencia individual. Lo que sí implica es que una diferencia de 10 lpm entre una persona y otra no es un detalle irrelevante, y que la tendencia propia merece seguimiento.
Qué baja de verdad la frecuencia en reposo
El ejercicio aeróbico regular es la palanca con más efecto documentado. Caminar rápido, nadar o pedalear de forma constante mejora la eficiencia del músculo cardiaco y reduce la frecuencia basal en varias semanas.
La recomendación de referencia son 150 minutos semanales de actividad moderada, repartidos en sesiones de al menos diez minutos. Dormir entre siete y ocho horas, moderar la cafeína a partir de media tarde y reducir el alcohol actúan en la misma dirección, con efectos visibles antes que los del entrenamiento. Controlar la presión arterial completa el cuadro, porque ambos marcadores se influyen mutuamente.
Lo práctico a partir de ahora es anotar el número tres mañanas seguidas y repetir el registro dentro de un mes. Si sube de forma sostenida más de 10 lpm respecto a tu media habitual sin cambio de hábitos, o si aparece con palpitaciones, mareo, falta de aire o dolor en el pecho, esa consulta no admite espera. Para interpretar mejor las variaciones normales, ayuda entender cómo funciona la frecuencia cardiaca en distintas situaciones.
Este texto tiene finalidad informativa y no sustituye el criterio de un profesional sanitario. Cualquier cambio de medicación o de rutina de ejercicio debe consultarse con tu médico, sobre todo si ya existe una cardiopatía diagnosticada.









