Durante décadas circuló la idea de que una copa de vino al día era buena para la salud. Los hepatólogos llevan años matizando ese mensaje, y los organismos internacionales lo han desmentido de forma explícita. La pregunta sobre cuánto alcohol es “poco” tiene hoy una respuesta incómoda: ninguna cantidad está libre de riesgo. Existen, eso sí, cifras semanales de referencia que marcan la frontera del consumo de bajo riesgo.
¿Cómo se mide el alcohol que bebemos?

La medida que usan los profesionales es la unidad de bebida estándar, que en España equivale a unos 10 gramos de alcohol puro. Una caña de cerveza o un vaso pequeño de vino suman una unidad.
Las copas de destilado, en cambio, cuentan como dos unidades. Contar copas engaña, porque las raciones que se sirven en casa suelen ser mayores que las oficiales.
¿Qué dice la ciencia sobre el alcohol seguro?
Aquí está el cambio de paradigma. Los organismos sanitarios han revisado la evidencia y han abandonado la idea de un umbral protector.
Según la declaración de la Organización Mundial de la Salud publicada en la revista The Lancet Public Health en 2023, no existe una cantidad de alcohol segura para la salud. El etanol está clasificado como carcinógeno del grupo 1, la misma categoría que el amianto o el tabaco.
¿Cuál es entonces la cifra semanal de referencia?
Aunque no haya un nivel seguro, las guías sanitarias fijan límites de bajo riesgo para orientar a quien decide beber. El servicio de salud británico es de los más citados.
Estas son las referencias habituales:
- No superar las 14 unidades semanales, ni hombres ni mujeres.
- Repartirlas en 3 o más días, nunca concentrarlas.
- Incluir varios días sin alcohol a la semana.
- Evitar el atracón, que multiplica el daño hepático.
- Cuanto menos se bebe, menor es el riesgo.
¿Por qué el hígado es tan vulnerable?

El hígado metaboliza casi todo el alcohol que entra en el cuerpo. En ese proceso genera acetaldehído, una sustancia tóxica que daña las células hepáticas y el ADN.
El daño empieza con grasa, sigue con inflamación y termina en cirrosis. Sobre un hígado que ya acumula grasa por causas metabólicas, el alcohol multiplica el riesgo de progresión.
¿Quiénes deben evitarlo por completo?
Para ciertas personas no existe ninguna cifra aceptable. El consejo de los hepatólogos en estos casos es la abstinencia total, sin margen de negociación.
Deben evitar el alcohol:
- Quien tenga hígado graso o cualquier hepatopatía.
- Personas con hepatitis o fibrosis hepática.
- Embarazadas y mujeres en lactancia.
- Menores de edad y personas con dependencia.
- Quien tome fármacos que dañan el hígado.
Lo que conviene recordar sobre el alcohol y el hígado
La respuesta científica actual es que ninguna cantidad de alcohol es segura, aunque las guías sitúan el consumo de bajo riesgo por debajo de 14 unidades semanales, repartidas y con días sin beber. El hígado es el órgano que paga la factura, y sobre un hígado graso el daño se acelera. Quien tenga una enfermedad hepática debe abstenerse por completo, y para el resto la regla es sencilla: cuanto menos, mejor.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un médico. Si tienes dudas sobre tu consumo de alcohol o una enfermedad hepática, consulta con un profesional de la salud.









