Cuando los análisis muestran vitamina D baja, casi siempre se piensa en lo mismo: falta de sol. Y es cierto que el sol es clave, pero no es la única explicación. En algunas personas, la falta de vitamina D persiste aunque tomen el sol y cuiden la dieta, y la causa está en el intestino. Ciertos trastornos digestivos, como la inflamación intestinal, dificultan que el cuerpo absorba esta vitamina.
¿Por qué no siempre es culpa del sol?
La luz solar es la principal fuente de vitamina D, ya que la piel la produce al recibir el sol. Por eso la falta de exposición sigue siendo el motivo más común de tener los niveles bajos.
Sin embargo, esa vitamina, una vez producida o ingerida con los alimentos, tiene que absorberse en el intestino. Si esa parte del proceso falla, los niveles pueden seguir bajos por mucho sol que se tome.
¿Qué dice la ciencia sobre el intestino y la vitamina D?

La relación entre el intestino y esta vitamina está bien documentada. Según la Revista Española de Enfermedades Digestivas, en 2019, la falta de vitamina D es frecuente en personas con enfermedad inflamatoria intestinal y afecta a cerca de una de cada tres con enfermedad de Crohn.
Esa proporción, cercana a una de cada tres personas con Crohn, es mucho más alta que en la población general y refleja que la inflamación del intestino reduce la capacidad de absorber la vitamina. Puede conocer más sobre su papel en el organismo en el artículo sobre la vitamina D.
¿Qué trastornos digestivos afectan la absorción?
La vitamina D es liposoluble, es decir, se absorbe junto con las grasas en el intestino. Varias condiciones digestivas pueden interferir en ese proceso:
- La enfermedad celíaca, que daña la pared del intestino delgado.
- La enfermedad de Crohn y la colitis ulcerosa, que inflaman el tubo digestivo.
- Los problemas de absorción de grasas, que arrastran también las vitaminas liposolubles.
- Algunas cirugías digestivas, como las de reducción de estómago.
En estos casos, el intestino no logra aprovechar bien la vitamina D, aunque la persona la reciba del sol o de la comida.
¿Cómo saber si el problema es la absorción?

No siempre es evidente, pero hay señales que hacen sospechar que el intestino está detrás de la falta de vitamina D:
- Niveles que siguen bajos pese a tomar el sol y suplementos.
- Síntomas digestivos frecuentes, como diarrea, dolor abdominal o gases.
- Pérdida de peso sin explicación o mucho cansancio.
- Deficiencia de otras vitaminas o de hierro al mismo tiempo.
La única forma de confirmarlo es acudir al médico, que puede pedir un análisis de sangre y estudiar el intestino si lo considera necesario.
¿Cómo cuidar los niveles de vitamina D?
El primer paso es lo básico: exponerse al sol con moderación e incluir alimentos ricos en esta vitamina, como pescados grasos, huevos y lácteos. Puede ver más opciones en la lista de alimentos ricos en vitamina D.
Cuando hay un problema de absorción, la solución pasa por tratar la enfermedad digestiva de base y, a veces, usar suplementos en dosis ajustadas por el médico. Conviene no tomar suplementos por cuenta propia, ya que en exceso esta vitamina puede acumularse y resultar perjudicial.
Mirar más allá del sol
La falta de vitamina D tiene muchas veces una causa sencilla, como pasar poco tiempo al aire libre, pero no siempre es así. Cuando los niveles no mejoran pese a los cuidados habituales, vale la pena mirar hacia el intestino y consultarlo con un profesional, porque tratar el origen real es la mejor forma de recuperar el equilibrio.
Este contenido tiene una finalidad únicamente informativa y no sustituye la orientación de un profesional de la salud. Ante una falta de vitamina D o síntomas digestivos persistentes, lo más recomendable es consultar a un médico para recibir una evaluación adecuada.









