La meningoencefalitis es la inflamación del cerebro y de las meninges, que puede provocar síntomas como dolor de cabeza, fiebre, náuseas, dificultad para hablar, desorientación, cambios en el comportamiento o la personalidad y, en algunos casos, convulsiones.
Esta inflamación suele estar relacionada con infecciones causadas por virus, bacterias, hongos o parásitos que llegan al sistema nervioso central y se multiplican.
El tratamiento debe iniciarse lo antes posible bajo la orientación de un infectólogo o neurólogo, con el objetivo de combatir el agente infeccioso, controlar la inflamación y prevenir complicaciones que pueden poner en riesgo la vida.
Principales síntomas
Los principales síntomas de meningoencefalitis son:
- Dolor de cabeza;
- Rigidez en la nuca, con dificultad para acercar el mentón al pecho;
- Fiebre;
- Náuseas o vómitos;
- Mayor sensibilidad a la luz;
- Somnolencia excesiva o cansancio;
- Confusión mental o desorientación.
Además, pueden presentarse dificultad para tragar o hablar, cambios en el comportamiento o en la personalidad, alucinaciones, amnesia o convulsiones.
Es fundamental acudir de inmediato al hospital ante los primeros síntomas de meningoencefalitis para confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento lo antes posible.
Tipos de meningoencefalitis
Los principales tipos de meningoencefalitis son:
1. Meningoencefalitis amebiana primária
La meningoencefalitis amebiana primaria es causada por la ameba Naegleria fowleri, conocida como ameba comecerebros, y constituye un tipo de meningoencefalitis grave.
Esta ameba puede ingresar al organismo a través de la mucosa nasal al estar en contacto con agua dulce contaminada, como lagos, ríos o aguas termales, alcanzando el cerebro y las meninges y provocando su inflamación.
2. Meningoencefalitis herpética
La meningoencefalitis herpética es causada por los virus del herpes simple tipo 1 y 2, responsables de infecciones como el herpes labial o genital.
Por lo general, este tipo de meningoencefalitis ocurre cuando el virus, que permanece “dormido” en los nervios, se reactiva ante un debilitamiento del sistema inmunológico.
3. Meningoencefalitis viral
Además del virus del herpes, la meningoencefalitis viral también puede ser causada por otros virus, como enterovirus, varicela zóster, adenovirus, virus sincitial respiratorio o influenza.
4. Meningoencefalitis bacteriana
La meningoencefalitis bacteriana puede ser provocada por bacterias como Mycoplasma pneumoniae, Listeria monocytogenes, Mycobacterium tuberculosis, Treponema pallidum o Rickettsia prowazekii.
Este tipo de meningoencefalitis se considera grave y puede generar complicaciones potencialmente mortales si no se diagnostica y trata de manera rápida.
5. Meningoencefalitis parasitária
Además de Naegleria fowleri, la meningoencefalitis parasitaria puede ser causada por otros parásitos, como Acanthamoeba spp., Toxoplasma gondii o Plasmodium falciparum, entre otros.
6. Meningoencefalitis fúngica
La meningoencefalitis fúngica puede ser causada por hongos como Cryptococcus neoformans, Coccidioides spp., Penicillium spp. o Histoplasma capsulatum.
Al ingresar al organismo, estos hongos pueden llegar al torrente sanguíneo y alcanzar el cerebro y las meninges, provocando inflamación.
Este tipo de meningoencefalitis suele ser más frecuente en personas con el sistema inmunológico debilitado, como ocurre en casos de VIH, cáncer o uso de medicamentos inmunosupresores.
Posibles causas
La meningoencefalitis puede ser causada por virus, bacterias, hongos o parásitos, los cuales provocan la inflamación del cerebro y de las meninges y generan los síntomas característicos.
Esta condición puede aparecer tan pronto el agente infeccioso llega al sistema nervioso central y comienza a multiplicarse, como ocurre en algunas meningitis virales, o manifestarse semanas después de una infección o vacunación.
Identificar correctamente la causa es fundamental para que el médico pueda indicar el tratamiento más adecuado y prevenir complicaciones graves.
Lea también: Meningitis viral: síntomas, cómo se contagia y tratamiento tuasaude.com/es/meningitis-viralCómo se realiza el diagnóstico
El diagnóstico de la meningoencefalitis es realizado por el infectólogo o neurólogo mediante la evaluación de los síntomas, los antecedentes de salud y un examen físico y neurológico, además de pruebas de laboratorio y estudios de imagen.
Para complementar la evaluación, el médico puede solicitar tomografía computarizada, resonancia magnética, electroencefalografía y análisis de sangre.
También suele indicarse una punción lumbar para analizar el líquido cefalorraquídeo (LCR), que rodea el cerebro y la médula espinal, con el fin de identificar la presencia de agentes infecciosos y determinar la causa de la inflamación.
Lea también: Punción lumbar: qué es, técnica y contraindicaciones tuasaude.com/es/puncion-lumbarCómo se realiza el tratamiento
El tratamiento de la meningoencefalitis debe realizarse bajo la orientación del infectólogo o neurólogo y varía según la causa de la inflamación, empleándose normalmente medicamentos específicos.
Los principales fármacos utilizados incluyen:
- Antivirales como aciclovir, fanciclovir o valaciclovir;
- Antibióticos para meningoencefalitis bacteriana;
- Antifúngicos en caso de infección por hongos;
- Antiparasitarios para combatir parásitos;
- Alquilfosfocolinas, como miltefosina, en la meningoencefalitis amebiana primaria.
Además, pueden indicarse anticonvulsivantes como fenitoína para controlar convulsiones, analgésicos o sedantes para aliviar el dolor y corticoides o diuréticos para disminuir la presión intracraneal.
Por lo general, el tratamiento se realiza en el hospital para monitorear a la persona, prevenir complicaciones y asegurar la eliminación del agente infeccioso junto con el control de los síntomas.
Posibles complicaciones
Las complicaciones de la meningoencefalitis suelen presentarse en los casos más graves o cuando el tratamiento no se inicia a tiempo.
Entre estas complicaciones se encuentran el daño cerebral o nervioso y el coma, situaciones que pueden poner en riesgo la vida.
Incluso después de la recuperación, algunas personas pueden experimentar secuelas como dificultades de memoria, coordinación motora, habla o deglución, problemas de concentración, cambios en la personalidad o convulsiones.
Por ello, la detección temprana y el tratamiento adecuado son clave para reducir el riesgo de complicaciones y secuelas a largo plazo.