Espondilitis anquilosante: síntomas y tratamiento

Actualizado en marzo 2024

La espondilitis anquilosante es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta la columna vertebral, causada por una fusión de las vértebras que origina algunos síntomas como dolor en la espalda o en la cadera, rigidez en la columna, dificultad para moverse y dolor que mejora al moverse pero que se agrava con el reposo.

Normalmente, la espondilitis anquilosante, también conocida como espondiloartritis, inicia en la articulación sacroilíaca en la cadera, entre la pelvis y las últimas vértebras dorsales y lumbares, o en la articulación del hombro, y tiende a agravarse afectando progresivamente todas las vértebras de la columna.

El tratamiento de la espondilitis anquilosante tiene como objetivo aliviar los síntomas, evitar la rigidez de la articulación afectada, disminuir las limitaciones funcionales y reducir las complicaciones relacionadas con la enfermedad, promoviendo así la calidad de vida. El ortopedista podría indicar el uso de medicamentos antiinflamatorios, analgésicos y/o anticuerpos monoclonales, la realización de fisioterapia y, en algunos casos, cirugía.

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Principales síntomas

Los principales síntomas de la espondilitis anquilosante son:

  • Dolor lumbar que mejora durante la actividad física pero empeora cuando la persona está en reposo;
  • Dolor crónico en la columna y rigidez matinal;
  • Dificultad en los movimientos de la columna, como por ejemplo girar la cabeza hacia los lados;
  • Dolor en los glúteos y/o en la parte de atrás de las piernas;
  • Reducción de la expansión torácica;
  • Dificultad para respirar profundamente;
  • Sensación de adormecimiento y/u hormigueo en los brazos o piernas;
  • Dolor que mejora con el movimiento y empeora con el reposo;
  • Rectificación lumbar, aumentando la cifosis y/o proyección de la cabeza hacia enfrente;
  • Dolor o sensibilidad que irradia hacia las costillas, hombros, cadera, muslos, rodilla y/o talón;
  • Fiebre baja, alrededor de los 37 ºC;
  • Cansancio excesivo y apatía.
  • Hinchazón en las articulaciones;
  • Pérdida del apetito.
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Los síntomas de la espondilitis anquilosante suelen manifestarse poco a poco a lo largo de los años haciéndose más comunes y frecuentes.

Además, en caso de que no se diagnostique o se realice el tratamiento adecuado pueden surgir algunas complicaciones, como fascitis plantar y uveítis, que corresponde a la inflamación de la úvea, que es la zona del ojo que comprende al iris, cuerpo ciliar y coroides.

Test online de síntomas

La espondilitis anquilosante es un tipo de artritis inflamatoria, como la gota o la espondilitis anquilosante. Para averiguar la posibilidad de tener artritis inflamatoria, seleccione los síntomas que presenta en el test a continuación:

  1. 1. Dificultad para mover las articulaciones al despertar.
  2. 2. Enrojecimiento en la piel de una o más articulaciones.
  3. 3. Hinchazón en articulaciones como la rodilla o los nudillos.
  4. 4. Sensación de calor en la zona articular.
  5. 5. Dolor de columna y/o articulaciones.

Este test es sólo una herramienta orientativa, no sirviendo como diagnóstico ni reemplazando la consulta con un reumatólogo, ortopedista o médico general.

Cómo se realiza el diagnóstico

El diagnóstico de la espondilitis anquilosante es realizado por el ortopedista por medio de un examen físico, evaluación de los síntomas, antecedentes de salud, presencia de otras enfermedades como psoriasis, enfermedad inflamatoria intestinal o uveítis, por ejemplo, y la realización de algunos exámenes de imagen, como radiografías o resonancia magnética de la articulación sacroilíaca y de la columna.

Además, el médico puede solicitar la realización de exámenes de sangre, como proteína C reactiva, velocidad de sedimentación, o test serológico para el gen HLA-B27, ya que está relacionado con la enfermedad.

Posibles causas

La causa exacta de la espondilitis anquilosante no se conoce con exactitud, sin embargo, parece estar asociada a una mutación del gen HLA-B27, el cual puede causar respuestas anormales del sistema inmune, causando alteraciones en el esqueleto axial, que incluye huesos de la columna, tórax, cadera, hombros, rodillas y cabeza, y el surgimiento de los síntomas. Sin embargo, no todas las personas que presentan esta mutación desarrollan la enfermedad.

Algunos factores que pueden aumentar el riesgo de desarrollar espondilitis anquilosante, son:

  • Edad, siendo más común que surja antes de los 40 años;
  • Sexo, siendo más común en hombres;
  • Antecedente familiar de espondilitis anquilosante.

Además, algunas enfermedades, como colitis ulcerativa, psoriasis, enfermedad de Crohn, también parecen aumentar el riesgo de desarrollar espondilitis anquilosante.

Cómo se realiza el tratamiento

De acuerdo a los síntomas presentados y a la gravedad de la enfermedad, el ortopedista puede recomendar las siguientes opciones de tratamiento:

1. Medicamentos

El uso de medicamentos normalmente es indicado por el ortopedista cuando los síntomas de la espondilitis anquilosante son intensos e interfieren en la calidad de vida y en la realización de las actividades del día a día, siendo estos recomendados por el médico con el objetivo de aliviar el dolor y la inflamación causadas por la enfermedad.

Los medicamentos generalmente recomendados por el médico son:

  • Antiinflamatorios, como ibuprofeno, diclofenaco, naproxeno o sulindaco;
  • Analgésicos, como paracetamol;
  • Opioides, como codeína;
  • Corticoides, aplicados directamente en la articulación afectada;
  • Terapia biológica, con medicamentos anti-TNF, como etanercept, adalimumab, infliximab, certolizumab pegol o golimumab;
  • Inmunosupresores, como sulfasalazina, metotrexato o tofacitinib;

En algunos casos, el médico puede recomendar una combinación de diferentes medicamentos, dependiendo de los síntomas presentados y si intensidad, así como de la respuesta al tratamiento.

2. Ejercicio

La práctica de ejercicio, como natación, pilates, hidrogimnasia, zumba, atletismo y baile, además de prevenir la espondilitis anquilosante, es fundamental en el tratamiento, siendo siempre recomendado por el ortopedista, ya que por medio de actividades físicas es posible mantener las articulaciones en movimiento, aliviando los síntomas inflamatorios y evitando el progreso de la enfermedad.

Es importante que los ejercicios sea realicen bajo supervisión de un profesional de educación física para evitar nuevas lesiones y para que el entrenamiento se realice de acuerdo a las necesidades y limitaciones de cada persona.

Además, es importante evitar deportes más exigentes para el cuerpo o de contacto como lucha o artes marciales.

3. Fisioterapia

La fisioterapia puede ser indicada por el ortopedista y debe ser realizada con la orientación del fisioterapeuta, con ejercicios de estiramiento y fortalecimiento de los músculos de la espalda y abdomen, los cuales permiten mejorar los movimientos de la articulación, favorecen la flexibilidad y amplitud de los movimientos, además de ayudar a corregir la postura, aliviando el dolor y otros síntomas de la enfermedad.

4. Cirugía

La cirugía para la espondilitis anquilosante debe ser indicada por el ortopedista solo en los casos más graves, en que hay dificultad para realizar determinada actividad del día a día. De esta forma, el médico puede indicar la realización de una intervención quirúrgica para corregir el problema y colocar una prótesis para mejorar la amplitud de los movimientos.

Posibles complicaciones

Las principales complicaciones de la espondilitis anquilosante que pueden surgir, son:

  • Uveítis, que es una inflamación en los ojos, causando visión borrosa y aumento de la sensibilidad a la luz;
  • Fracturas vertebrales por compresión;
  • Fibrosis pulmonar;
  • Síndrome de la cola de caballo;
  • Problemas cardiovasculares.

Por eso, es importante llevar un acompañamiento con el ortopedista y seguir correctamente el tratamiento indicado para evitar las complicaciones de la espondilitis anquilosante.