6 tratamientos para cirrosis hepática

El tratamiento para la cirrosis hepática es indicado por el hepatólogo o gastroenterólogo según la causa, los síntomas presentes y la gravedad de la enfermedad, pudiendo recomendar el uso de ciertos medicamentos, cambios en el estilo de vida o, en los casos más graves, la realización de un trasplante de hígado. 

La cirrosis hepática es una inflamación crónica del hígado que se caracteriza por la formación de nódulos y de tejido fibroso, los cuales dificultan la función de este órgano, pudiendo ser causada por la ingesta excesiva de alcohol o el uso crónico de medicamentos.

Esta enfermedad hepática no tiene cura y su tratamiento es complejo y debe ser individualizado, siendo importante iniciarlo lo más pronto posible para evitar que la enfermedad progrese y para prevenir complicaciones graves, como la acumulación de líquido en el abdomen. 

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Mujer en consulta por tratamiento de cirrosis hepática

Cómo se realiza el tratamiento

Los tratamientos para la cirrosis hepática que pueden ser recomendados por el médico son:

1. Uso de medicamentos

Los medicamentos indicados por el médico para la cirrosis hepática dependen de la causa, los síntomas y las complicaciones de la enfermedad. Entre ellos se incluyen:

  • Betabloqueadores no selectivos, como propranolol, carvedilol y nadolol, para prevenir hemorragias por várices y complicaciones de hipertensión portal.
  • Antibióticos, como rifaximina, amoxicilina con ácido clavulánico y ciprofloxacino, para infecciones, peritonitis bacteriana y prevención de encefalopatía hepática.
  • Antivirales, como interferón, tenofovir, ribavirina y entecavir, cuando la cirrosis se debe a hepatitis virales.
  • Corticosteroides o inmunosupresores, como prednisona y azatioprina, en hepatitis autoinmune.
  • Diuréticos, como espironolactona y furosemida, en casos de ascitis o edema.
  • Ácido ursodesoxicólico y ácido obeticólico en colangitis biliar primaria.
  • Colestiramina, rifampicina, naltrexona o sertralina para el prurito intenso.
  • Quelación de cobre o hierro en enfermedades de Wilson o hemocromatosis.

Además, el médico puede recomendar suplementos y fármacos como L-ornitina L-aspartato (LOLA), zinc, BCAA, fenilbutirato de glicerol y benzoato de sodio, para ayudar a eliminar el amoníaco de la sangre.

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2. Dieta

La dieta para la cirrosis hepática debe ser individualizada y orientada por un nutricionista con el objetivo de prevenir la desnutrición, recuperar la masa muscular y controlar las complicaciones del hígado.

De forma general, se recomienda evitar el alcohol y mantener una alimentación saludable y equilibrada, repartida en 6 a 7 comidas al día.

La dieta debe aportar al menos 35 calorías por kilo de peso corporal y entre 1,2 y 1,5 g de proteínas por kilo al día, según las necesidades de la persona.

También es importante incluir una comida antes de dormir, con carbohidratos complejos y proteínas, para reducir las horas de ayuno y prevenir la pérdida de masa muscular.

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3. Hemodiálisis

La hemodiálisis puede ser indicada por el médico en personas que presentan insuficiencia renal, una complicación grave de la cirrosis hepática.

Este procedimiento ayuda a limpiar la sangre cuando los medicamentos no son suficientes y también puede ser utilizado mientras la persona espera un trasplante de hígado.

4. Flebotomía

La flebotomía es un procedimiento en el que se extrae sangre mediante una aguja y el médico puede indicarla para reducir el exceso de hierro en los órganos en personas con cirrosis hepática causada por hemocromatosis.

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5. Paracentesis

La paracentesis es un procedimiento médico que consiste en drenar el exceso de líquido acumulado en el abdomen y puede ser indicado en personas con ascitis, que es la acumulación anormal de líquido dentro de esta zona.

6. Trasplante de hígado

El trasplante de hígado puede ser indicado por el médico en casos de cirrosis avanzada o insuficiencia hepática que no responden a otros tratamientos, así como cuando el órgano está afectado por un tumor.

Este procedimiento consiste en retirar el hígado enfermo y reemplazarlo por uno sano de un donante.

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Complicaciones de la cirrosis hepática

Las principales complicaciones de la cirrosis hepática son:

  • Hipertensión portal.
  • Hinchazón en las piernas o abdomen.
  • Hemorragias.
  • Ictericia.
  • Aumento del tamaño del bazo, llamado esplenomegalia.
  • Infecciones.
  • Encefalopatía hepática.
  • Aumento del riesgo de cáncer en el hígado.

Además, la cirrosis hepática puede causar ascitis, que es la acumulación de líquidos en el abdomen. Para revertir esta complicación, es necesario el uso de medicamentos y la realización de paracentesis. Vea cómo se realiza la paracentesis.

Otras complicaciones de la cirrosis hepática pueden ser las várices esofágicas, que ocurren debido a la ruptura de los vasos sanguíneos en el esófago, provocadas por el aumento de la presión, y la peritonitis, que es la inflamación de la membrana que recubre el abdomen.

También pueden surgir complicaciones cerebrales y pulmonares debido a la disminución de oxígeno en la sangre.