El hueso no avisa. No duele mientras se vacía por dentro.
La pérdida de densidad ósea en la menopausia no avanza a velocidad constante: se concentra en una ventana concreta que arranca con la última regla. Un trabajo publicado en junio de 2025 con 287 mujeres señala además qué zonas del esqueleto ceden primero.
Ese detalle cambia lo que conviene vigilar y cuándo, y aparece completo unos párrafos más abajo.
La menopausia se confirma tras doce meses consecutivos sin menstruación y llega, según la Organización Mundial de la Salud, entre los 45 y los 55 años en la mayoría de las mujeres. Ese mismo organismo señala que la caída de densidad ósea en esta etapa contribuye de forma importante a las tasas de osteoporosis y de fracturas.
Lo que el estrógeno dejaba de hacer al retirarse

El hueso está vivo y se renueva. Los osteoclastos retiran tejido antiguo y los osteoblastos depositan tejido nuevo, en un equilibrio que el estrógeno mantiene inclinado hacia la construcción durante los años fértiles.
Cuando el ovario deja de producir estrógenos, la reabsorción se acelera más rápido que la formación. El balance se vuelve negativo y la densidad mineral empieza a descender sin ningún síntoma que lo delate, porque el hueso solo duele cuando se rompe.
Las 287 mujeres que midieron su esqueleto durante años
Un equipo australiano siguió a mujeres del Estudio de Osteoporosis de Geelong que declararon una menopausia reciente, definida como el periodo entre los 12 meses y los 5 años tras la última menstruación. Midieron la densidad mineral ósea con densitometría en varias localizaciones del esqueleto y repartieron los datos en tres tramos temporales.
Según el trabajo dirigido por Kara Holloway-Kew y publicado en Calcified Tissue International en 2025, la velocidad de pérdida fue mayor en la columna lumbar y en el antebrazo distal durante los primeros cinco años tras la menopausia, en las mujeres que no usaban terapia hormonal.
La proporción de participantes con osteopenia y osteoporosis fue aumentando en cada tramo, aunque el patrón no fue idéntico en todas las zonas medidas.
Calcio y vitamina D, con letra pequeña
El calcio es el ladrillo y la vitamina D es quien lo mete en la obra. Sin niveles adecuados de esta vitamina, la absorción intestinal del mineral cae y el suplemento acaba pasando de largo.
Los lácteos siguen siendo la fuente más concentrada de la dieta española, pero no la única: las sardinas en lata con espina, las almendras, las acelgas, los garbanzos y las aguas minerales con alto contenido en calcio suman cantidades relevantes. La exposición solar breve, de 10 a 15 minutos en brazos y cara fuera de las horas centrales, contribuye a la síntesis cutánea de vitamina D, aunque en el norte peninsular el invierno complica esa vía.
El impacto que el hueso necesita para responder
Nadar y montar en bicicleta cuidan el corazón, pero el hueso no se entera. El tejido óseo responde a la carga mecánica, es decir, a la tracción del músculo sobre él y al impacto contra el suelo.
Caminar a paso ligero, subir escaleras, bailar y sobre todo el trabajo de fuerza con carga progresiva envían esa señal. Dos sesiones semanales de fuerza que incluyan piernas, cadera y espalda hacen más por la columna lumbar que cualquier infusión, y de paso mejoran el equilibrio, que es la otra mitad de la ecuación de la fractura.
El punto del esqueleto que avisa antes que la cadera

Aquí está el hallazgo con consecuencias prácticas. Mientras la atención clínica y popular se dirige casi siempre al cuello del fémur, los datos de Geelong muestran que la columna lumbar y el antebrazo distal son las zonas donde la pérdida corre más rápido en el primer lustro tras la menopausia.
El antebrazo distal es la parte de la muñeca justo por encima de la mano. Y ese detalle anatómico explica un fenómeno que muchas traumatólogas conocen bien: la fractura de muñeca tras una caída banal, con la mano por delante, suele preceder en años a la fractura de cadera.
Una caída desde la propia altura que acaba en muñeca rota alrededor de los 55 años no es mala suerte. Es un aviso que justifica estudiar el hueso, aunque la mujer se sienta perfectamente y no tenga ningún otro factor de riesgo.
Cuándo tiene sentido pedir una densitometría
La prueba se llama densitometría ósea, dura unos minutos y utiliza una dosis de radiación muy baja. No se recomienda de forma universal, sino cuando concurren factores que la hacen rentable.
Los motivos habituales para plantearla incluyen menopausia antes de los 45 años, antecedente de fractura por un traumatismo leve, fractura de cadera en madre o padre, tratamiento prolongado con corticoides orales, índice de masa corporal bajo y tabaquismo activo. La decisión corresponde al médico de familia o al ginecólogo.
La ventana de los cinco primeros años es la que más margen ofrece: es el momento en que la fuerza, el calcio y la vitamina D rinden más, y también el momento en que una muñeca rota deja de ser un accidente para convertirse en información. Si te interesa entender el papel exacto de ese nutriente en la absorción del calcio, la guía sobre para qué sirve la vitamina D lo detalla, y quienes buscan opciones para los sofocos encontrarán información contrastada sobre las isoflavonas de soja.
Todo lo anterior se ofrece con intención informativa y no puede sustituir a la consulta con tu médico. Las decisiones sobre suplementos, terapia hormonal o pruebas de imagen deben tomarse de forma individualizada.









