Todo el mundo ha oído hablar del hierro, del calcio o de la vitamina D. La colina, en cambio, no suena de nada, y sin embargo es un nutriente esencial con dos funciones de primer nivel: evita que el hígado acumule grasa y sirve de materia prima para el neurotransmisor de la memoria. Lo llamativo es que la mayoría de la población no llega a la cantidad recomendada, y que su principal fuente es un alimento que muchos siguen mirando con recelo.
¿Qué es la colina?

La colina es un nutriente esencial que no encaja del todo en las categorías clásicas: no es exactamente una vitamina, aunque se comporta como tal y suele agruparse con las del complejo B.
El cuerpo fabrica algo de colina en el hígado, pero no la suficiente para cubrir sus necesidades. Por eso una parte tiene que venir de la dieta, y por eso se considera esencial.
¿Qué hace en el hígado?
Aquí está su función más impresionante y menos conocida. La colina es imprescindible para sacar la grasa del hígado, literalmente.
Según el Instituto Linus Pauling de la Universidad Estatal de Oregón, el déficit de colina provoca un depósito anormal de grasa en el hígado, lo que da lugar al hígado graso no alcohólico. El mecanismo es directo: sin colina no hay fosfatidilcolina, sin ella no se forman las partículas VLDL, y sin VLDL la grasa se queda atrapada dentro del hígado.
¿Y en el cerebro?
Su segunda gran función es servir de materia prima. La colina es el precursor directo de la acetilcolina, el neurotransmisor implicado en la memoria, el aprendizaje, el estado de ánimo y el control muscular.
También forma parte de las membranas de todas las células, incluidas las neuronas, y actúa como donante de grupos metilo, un papel clave en el metabolismo que comparte con el ácido fólico y la vitamina B12.
¿Cuánta hace falta y llegamos?
Existen cifras de referencia claras, y también un problema: casi nadie las alcanza.
Estas son las recomendaciones:
- Hombres: 550 mg al día.
- Mujeres: 425 mg al día.
- Embarazo: 450 mg; lactancia: 550 mg.
- El consumo medio real ronda los 312 a 314 mg diarios.
- Es decir, la mayoría se queda claramente corta.
¿Por qué importa tanto en el embarazo?
Este es quizá su papel más relevante y peor difundido. La colina interviene en la formación del tubo neural, igual que el ácido fólico, y su déficit se asocia a un mayor riesgo de defectos como la espina bífida.
Además, influye en el desarrollo del cerebro del bebé: una mayor exposición a colina en el útero se ha relacionado con mejor función cognitiva, memoria y atención en la infancia. El problema es que muchas embarazadas consumen unos 300 mg diarios, bastante por debajo de lo recomendado, y muchos suplementos prenatales no la incluyen.
¿Dónde está la colina?
Su fuente estrella es el huevo, y concretamente la yema. Es una de esas paradojas nutricionales: el alimento más demonizado durante décadas es el mejor aliado del hígado.
Estas son las principales fuentes:
- Huevo: unos 147 mg por unidad, casi todo en la yema.
- Hígado y vísceras: la fuente más concentrada.
- Carne, pollo y pescado.
- Soja, legumbres y crucíferas como el brócoli.
- La lecitina de soja es rica en fosfatidilcolina.
¿Se puede tomar de más?

Sí, y conviene saberlo. El límite superior tolerable para adultos son 3.500 mg al día, muy por encima de lo que aporta cualquier dieta normal.
Pasarse con suplementos puede causar olor corporal a pescado, sudoración, bajada de tensión y toxicidad hepática. Como casi siempre, la comida es la vía sensata: dos huevos al día cubren buena parte de las necesidades sin riesgo.
Lo que conviene recordar sobre la colina
La colina es un nutriente esencial y poco conocido con dos papeles clave: permite al hígado exportar la grasa, hasta el punto de que su déficit causa hígado graso, y es la materia prima de la acetilcolina, el neurotransmisor de la memoria. Las recomendaciones son de 550 mg diarios en hombres y 425 en mujeres, pero el consumo medio se queda en torno a 312. El huevo, con unos 147 mg por unidad, es la forma más práctica de acercarse. Y en el embarazo merece la misma atención que el ácido fólico.
Este contenido tiene finalidad informativa y no sustituye la evaluación de un médico o nutricionista. Si estás embarazada o tienes hígado graso, consulta con un profesional de la salud sobre tu alimentación.









