Los anillos que de repente aprietan, la marca de los calcetines que tarda en desaparecer o unos párpados hinchados al despertar. Son detalles en los que pocas personas se fijan, pero la piel suele ser el primer lugar donde se hace visible que el organismo está acumulando más líquido del que debería.
En la mayoría de los casos, la retención de líquidos es leve y pasajera, y está relacionada con la sal, el calor o pasar muchas horas sentado. Sin embargo, a partir de los 40 años conviene prestarle atención, porque en ocasiones es la señal de un efecto secundario de un medicamento o de un problema de salud que necesita valoración.
Qué es la retención de líquidos y por qué se nota en la piel
El cuerpo mantiene un equilibrio constante entre el líquido que circula por los vasos sanguíneos y el que se encuentra en los tejidos. Cuando ese equilibrio se altera, el exceso de agua se acumula bajo la piel, sobre todo en las zonas más bajas del cuerpo por efecto de la gravedad, como los tobillos y los pies. Este fenómeno recibe el nombre médico de edema.
Entre las causas más frecuentes están el consumo excesivo de sal, el sedentarismo, las altas temperaturas, los cambios hormonales del ciclo menstrual o la menopausia y la insuficiencia venosa. También puede aparecer por enfermedades del corazón, los riñones, el hígado o la tiroides, y como efecto secundario de algunos medicamentos.

Lo que dice la ciencia sobre una causa que muchos pasan por alto
Uno de los orígenes menos conocidos de la retención de líquidos son los fármacos de uso habitual. Un metaanálisis publicado en 2011 en el Journal of Hypertension, disponible en PubMed, analizó este efecto en los antagonistas del calcio, un grupo de medicamentos muy utilizado para tratar la hipertensión, entre los que se encuentra la amlodipina.
Investigadores de la Universidad de Columbia, en Nueva York, reunieron ensayos clínicos con al menos 100 pacientes tratados durante un mínimo de cuatro semanas. La hinchazón en las piernas apareció en el 10,7% de quienes tomaban estos fármacos, frente al 3,2% de quienes recibían otro tratamiento o un placebo. La frecuencia aumentaba con el tiempo, hasta alcanzar el 24% a los seis meses, y era mayor con las dosis altas.
Además, más del 5% de los pacientes acabó abandonando el tratamiento por este motivo. Los autores destacan que este tipo de edema se debe a la dilatación de las pequeñas arterias y no a un exceso de sal. Por eso, no mejora con diuréticos y lo indicado es que el médico revise la dosis o el tipo de medicamento. Otros fármacos, como los antiinflamatorios, los corticoides o algunos tratamientos hormonales, también pueden favorecer la retención de líquidos.
Los 5 signos en la piel que pueden indicarla
1. Marcas que tardan en desaparecer
Las huellas del elástico de los calcetines, la ropa interior o el reloj que siguen visibles mucho tiempo después de quitárselos son una de las primeras señales de que hay líquido acumulado en los tejidos.
2. Un hoyuelo al presionar la piel
Si al presionar con el dedo durante unos segundos sobre el tobillo o la espinilla queda un hundimiento que tarda en recuperarse, se trata de lo que los médicos llaman edema con fóvea. Es un signo claro de retención y conviene comentarlo en la consulta.
3. Párpados y cara hinchados al despertar
Al estar tumbado durante la noche, el líquido se redistribuye y puede acumularse en la cara, especialmente alrededor de los ojos. Suele mejorar a lo largo de la mañana, pero si es intenso o persistente merece atención.
4. Piel tirante, brillante o más fina
Cuando la hinchazón es mayor, la piel se estira y puede verse tensa, lisa y brillante. En las piernas puede acompañarse de sensación de pesadez o tirantez.
5. Anillos y zapatos que aprietan
Notar que los anillos no salen con facilidad o que los zapatos aprietan más al final del día indica que manos y pies están acumulando líquido. Un aumento rápido de peso de uno o dos kilos en pocos días puede tener el mismo origen.

Qué ayuda a reducir la retención de líquidos
Cuando la causa es leve, algunos cambios sencillos suelen ser eficaces:
- Reducir la sal y los alimentos procesados, como embutidos, quesos curados, salsas y snacks.
- Beber agua con regularidad: beber menos no ayuda y puede empeorar la situación.
- Moverse a lo largo del día y evitar pasar muchas horas sentado o de pie sin cambiar de postura.
- Elevar las piernas al final de la jornada.
- Aumentar las frutas y verduras ricas en potasio.
- Usar ropa y calzado cómodos que no compriman.
Para conocer con más detalle las causas y el tratamiento según cada caso, puede consultar esta guía sobre retención de líquidos: causas, síntomas y tratamiento.
Cuándo es señal de algo más serio
La retención de líquidos requiere una valoración médica cuando aparece de forma repentina, no mejora con las medidas habituales o se acompaña de otros síntomas. Hay que acudir con urgencia ante:
- Hinchazón, dolor y enrojecimiento en una sola pierna, que puede indicar una trombosis.
- Falta de aire, sobre todo al tumbarse, o aumento rápido de peso, que pueden indicar un problema cardíaco.
- Hinchazón repentina de labios, lengua o garganta, propia de una reacción alérgica.
- Orina espumosa o disminución de la cantidad de orina, que pueden indicar un problema renal.
- Abdomen muy hinchado o coloración amarillenta de la piel.
Es importante no suspender ningún medicamento por cuenta propia aunque se sospeche que causa hinchazón, ni tomar diuréticos sin indicación médica, ya que pueden alterar los niveles de sales minerales y resultar peligrosos.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un médico. Ante hinchazón persistente, repentina o acompañada de otros síntomas, consulte a un profesional de la salud.









