Una persona sana expulsa gases entre 10 y 20 veces al día, y casi todo ese volumen no huele a nada. Los gases intestinales están formados sobre todo por nitrógeno, hidrógeno, dióxido de carbono y metano, que son inodoros. El mal olor depende de una fracción de menos del 1%: los compuestos de azufre que fabrica la microbiota intestinal durante la digestión de ciertos alimentos.
¿Por qué algunos gases huelen tan mal?
La flatulencia tiene dos orígenes. Una parte es aire tragado al comer deprisa, hablar mientras se mastica o beber refrescos con gas. La otra se forma en el colon. Allí las bacterias fermentan los restos de comida que el intestino delgado no ha podido absorber.
El olor intenso procede sobre todo del sulfuro de hidrógeno, el gas que huele a huevo podrido. Le acompañan el metanotiol y el sulfuro de dimetilo. Estos compuestos de azufre se perciben en concentraciones muy bajas, así que basta una cantidad mínima para que el olor se note. Su producción aumenta cuando llegan al colon proteínas y alimentos ricos en azufre.
¿Qué relación hay entre la dieta y los compuestos de azufre?
Una revisión publicada en 2022 analizó de dónde sale el sulfuro de hidrógeno del intestino. Los autores explican que se forma por dos vías: la reducción del sulfato que llega con la comida y la fermentación de aminoácidos azufrados, como la cisteína y la metionina. En la alimentación occidental, la revisión señala que la proteína de la carne podría influir más en su producción que otros componentes de la dieta. Por eso un chuletón suele dejar gases más olorosos que un plato de verdura, aunque el volumen sea parecido.
¿Qué alimentos empeoran el olor de la flatulencia?
No todos los alimentos que producen gases afectan igual al olor. Algunos aumentan el volumen, como los ricos en fibra fermentable. Otros cambian sobre todo la composición, porque aportan azufre a las bacterias del colon.
Estos son los grupos que más se asocian a una flatulencia de olor fuerte:
- Carnes rojas, embutidos y huevos, por su contenido en aminoácidos azufrados.
- Crucíferas como el brócoli, la coliflor, la col y las coles de Bruselas, que contienen glucosinolatos.
- Ajo y cebolla, ricos en compuestos azufrados volátiles.
- Vinos y frutas desecadas con sulfitos añadidos, como los orejones.
- Leche y derivados en personas con intolerancia a la lactosa.

¿Por qué las legumbres causan tantos gases?
Las legumbres son un caso aparte. Garbanzos, lentejas, alubias y guisantes contienen oligosacáridos como la rafinosa y la estaquiosa. El ser humano no tiene la enzima necesaria para digerirlos, así que llegan intactos al colon. Allí la microbiota los fermenta y libera mucho hidrógeno y dióxido de carbono.
Por eso las legumbres suelen aumentar más la cantidad de gas y la hinchazón que el olor. Otra investigación en la misma línea indicó que una dieta baja en FODMAP reduce la hinchazón abdominal en personas con síndrome del intestino irritable. Dejarlas en remojo 12 horas, cambiar el agua y cocerlas bien elimina parte de esos azúcares fermentables.

La microbiota intestinal explica las diferencias entre personas
Dos personas pueden comer el mismo plato de lentejas y tener gases muy distintos. La microbiota intestinal es la clave: unas personas tienen más bacterias reductoras de sulfato, que convierten el azufre en sulfuro de hidrógeno, y otras albergan más arqueas productoras de metano, que es inodoro. Si quieres profundizar en por qué se acumulan los gases, conviene revisar también los hábitos diarios. Estos cambios suelen reducir el volumen y el olor:
- Comer despacio y masticar bien para tragar menos aire.
- Repartir la proteína animal a lo largo del día y acompañarla de verduras y cereales.
- Introducir las legumbres poco a poco para que la flora del colon se adapte.
- Reducir refrescos con gas, chicles y edulcorantes como el sorbitol.
- Caminar después de las comidas para favorecer el tránsito intestinal.
¿Cuándo conviene consultar al médico por los gases intestinales?
Volviendo a la cifra del principio, expulsar gases entre 10 y 20 veces al día es normal. También lo es notar mal olor después de una tortilla o un plato de coliflor. Lo que merece atención es el cambio: un olor muy intenso y persistente sin relación con la dieta, la diarrea crónica, la pérdida de peso sin motivo, la sangre en las heces o el dolor abdominal que despierta por la noche. Estas señales pueden apuntar a celiaquía, sobrecrecimiento bacteriano o enfermedad inflamatoria intestinal, y requieren la valoración de un especialista en aparato digestivo.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si tienes molestias digestivas persistentes o dudas sobre tus síntomas, pide cita con tu médico.









