En la misma balda de la farmacia conviven varios botes que dicen “magnesio” y cuestan cosas muy distintas. La diferencia no está en el metal, sino en la sal que lo acompaña, y eso cambia cuánto llega de verdad a la sangre y cómo sienta al estómago.
Por qué el mismo mineral rinde de forma tan distinta

El magnesio nunca se vende solo. Siempre va unido a otra molécula que forma una sal, y de esa pareja depende que el mineral se disuelva bien en el tubo digestivo y se absorba. Por eso dos cápsulas con la misma cantidad de magnesio pueden comportarse de maneras opuestas dentro del cuerpo.
Las sales se agrupan en dos familias. Las inorgánicas, como el óxido, contienen mucho mineral por cápsula pero se disuelven mal. Las orgánicas y quelatadas, como el citrato o el bisglicinato, contienen menos magnesio en peso pero se absorben con más facilidad. Esa palabra, biodisponibilidad, es la que marca la verdadera diferencia en el estante.
Qué observó un estudio clásico al comparar dos sales
La idea de que no todo el magnesio se aprovecha igual no es marketing reciente. Según una investigación publicada en Journal of the American College of Nutrition en 1990, al comparar el óxido y el citrato en voluntarios, la forma soluble mostró una absorción claramente mayor que la del óxido, medida por el aumento de magnesio eliminado en la orina.
El trabajo también describió que el óxido apenas se disolvía en agua y solo lo hacía en parte con ácido gástrico, mientras que el citrato se mantenía soluble incluso sin apenas acidez. Es un dato antiguo pero sólido que explica por qué las sales orgánicas siguen siendo la referencia cuando se busca aprovechar el mineral.
El óxido de magnesio, mucho mineral y poca absorción
El óxido es la sal más barata y la que más magnesio concentra por comprimido, lo que la hace atractiva a primera vista. El problema es que se disuelve poco, así que buena parte del mineral atraviesa el intestino sin absorberse y termina eliminándose.
Ese magnesio que se queda en el tubo digestivo atrae agua y puede tener un efecto laxante. Por eso el óxido se usa a veces frente al estreñimiento puntual más que como forma de reponer el mineral. Si el objetivo es cubrir un aporte insuficiente, no suele ser la opción más eficiente.
El citrato de magnesio, soluble y con efecto sobre el tránsito
El citrato une el magnesio al ácido cítrico y forma una sal muy soluble, que se absorbe bien y sienta razonablemente a la mayoría. Es una de las formas más estudiadas y una elección habitual cuando se busca un equilibrio entre precio y aprovechamiento.
Su contrapartida es que, en cantidades altas, también puede acelerar el tránsito y provocar heces más blandas en personas sensibles. Puedes ampliar el tema general en esta guía sobre el magnesio y sus funciones y en la información sobre el cloruro de magnesio, otra sal soluble frecuente.
El bisglicinato de magnesio, el que suele sentar mejor
El bisglicinato une el mineral a dos moléculas del aminoácido glicina, formando un quelato. Esa estructura se absorbe por una vía distinta y tiende a producir menos molestias digestivas, por lo que es una opción popular en quienes toleran mal otras sales o buscan tomarlo por la noche.
No es mágico ni cubre déficits que solo un médico puede valorar, pero su buena tolerancia lo hace cómodo para un uso continuado. Tienes más detalles en el artículo sobre el bisglicinato de magnesio y en el que explica el magnesio en relación con el descanso.
Cómo elegir sin perderte entre nombres

Más que buscar la sal perfecta, conviene fijarse en el objetivo y en cómo la tolera tu cuerpo. A grandes rasgos, estas son las diferencias prácticas que suelen orientar la elección:
- Óxido: mucho mineral por cápsula, absorción baja, posible efecto laxante.
- Citrato: soluble y bien estudiado, buen equilibrio, puede ablandar las heces en dosis altas.
- Bisglicinato: absorción por vía del aminoácido y digestión más suave, suele ser el más amable con el estómago.
Ninguna sal sustituye a una dieta variada con legumbres, frutos secos, cereales integrales y verduras de hoja. Antes de empezar cualquier suplemento, y sobre todo si tomas otros medicamentos o tienes problemas de riñón, pregunta a tu farmacéutico o a tu médico qué forma y qué cantidad encajan en tu caso.
Esta información no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Cada persona tiene necesidades distintas, y solo una valoración individual puede indicar si un suplemento de magnesio es adecuado y en qué forma tomarlo.









