Freír en casa parece inofensivo, pero el aceite no es eterno. Con cada uso al fuego su composición se transforma y llega un momento en que conviene retirarlo. La Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición ha marcado señales y límites que ayudan a decidir cuándo ese aceite ya no debería volver a la sartén.
¿Qué le ocurre al aceite cada vez que se recalienta?

Al calentar la grasa de forma repetida, el calor, el oxígeno y los restos de comida desencadenan reacciones químicas de oxidación e hidrólisis. El resultado es la aparición de los llamados compuestos polares, un grupo de subproductos que se acumulan a medida que el aceite se degrada.
Junto a ellos se genera acroleína, la sustancia responsable del característico olor a fritanga. Ese aroma penetrante no es solo una molestia doméstica, sino un aviso de que la grasa ha empezado a deteriorarse y a perder buena parte de su calidad original.
¿Qué límite marca la normativa para el aceite de fritura?
Aquí entra la referencia oficial. La normativa española de calidad para aceites y grasas calentados establece que la grasa de fritura debe desecharse antes de que sus compuestos polares superen el 25% del total, el punto a partir del cual deja de considerarse apta para el consumo. La AESAN traduce esa exigencia en consejos para el día a día y recomienda, por ejemplo, no reutilizar el aceite al freír alimentos ricos en almidón como la patata.
El mismo organismo insiste en no sobrepasar los 170 a 175 grados desde el inicio de la fritura. Por encima de esa horquilla, la degradación de la grasa se acelera y aumenta también la formación de acrilamida, otro compuesto que las autoridades sanitarias aconsejan limitar.
¿Cómo se nota en casa que un aceite ya está pasado?
En una cocina doméstica no hay medidores de compuestos polares, pero sí hay indicios fáciles de reconocer. Los sentidos aportan bastante información sobre el estado real de la grasa.
- Color muy oscuro o aspecto turbio.
- Textura espesa o pegajosa al enfriarse.
- Humo abundante a temperaturas normales.
- Olor rancio o intenso a fritanga.
- Espuma persistente en la superficie.
Cuando aparecen varias de estas señales a la vez, lo prudente es retirar el aceite. Reutilizarlo sin control para ahorrar unos céntimos suele salir caro en sabor y en salud.
¿Por qué la temperatura importa tanto al freír?

Cada aceite tiene un punto de humo, la temperatura a partir de la cual empieza a humear y a descomponerse. La normativa exige que las grasas de fritura resistan al menos 170 grados, precisamente para aguantar el calor de una fritura corriente sin romperse enseguida.
Si la sartén se calienta en exceso, el aceite supera ese umbral antes de tiempo y produce más subproductos indeseables. Elegir aceites que aguantan bien el calor ayuda, y conocer los distintos usos de cada aceite permite reservar cada uno para lo que mejor tolera.
¿Qué hábitos ayudan a freír de forma más segura?
Más allá del límite legal, unos gestos cotidianos marcan la diferencia. Conviene filtrar los restos de comida tras cada fritura, guardar el aceite protegido de la luz y el aire, y no mezclar grasa nueva con otra muy usada. Abusar de la fritanga es uno de los hábitos de cocina menos saludables.
La agencia recuerda además que, al freír patatas y otros alimentos ricos en almidón, es preferible estrenar aceite en cada tanda. Así se limita la formación de acrilamida y se evita arrastrar compuestos de frituras anteriores.
Qué tener en cuenta la próxima vez que frías
Un mismo aceite puede aguantar varias frituras si se cuida, pero no es indefinido. En cuanto oscurece, humea a baja temperatura o huele rancio, toca cambiarlo sin dudar. Vigilar el fuego para no pasar de los 175 grados y no reutilizar la grasa demasiadas veces protege el sabor del plato y también el equilibrio de la dieta, algo que acompaña al cuidado del colesterol a largo plazo.
Esta información tiene carácter divulgativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario ni las indicaciones oficiales de seguridad alimentaria. Ante dudas concretas, consulta las guías de la AESAN o a tu médico.









