Alrededor de 1,2 gramos de proteína por kilo de peso al día. Esa cifra, algo más alta que la recomendada para un adulto joven, es la referencia que ayuda a que el músculo no se apague después de los 70. Perder masa con la edad es frecuente, casi esperable, pero la cantidad de proteína, cómo se reparte y el ejercicio que la acompaña cambian por completo el ritmo de esa pérdida.
Por qué el músculo se marcha con los años

A partir de cierta edad el cuerpo aprovecha peor la proteína de la dieta, un fenómeno que los especialistas llaman resistencia anabólica. En la práctica, hace falta un poco más de estímulo, tanto de comida como de esfuerzo físico, para lograr el mismo efecto que se conseguía a los 40.
Si a eso se suma comer poco, saltarse los platos de proteína y pasar el día sentado, la masa muscular cae y con ella la fuerza para caminar, cargar la compra o levantarse de una silla sin ayuda. Ese deterioro tiene nombre, sarcopenia, y conviene recordar que no es una sentencia firmada: responde a lo que comes y a cómo te mueves cada día.
Lo que midió un estudio sobre proteína y músculo
La prueba no viene de un suplemento milagroso, sino de la comida real. Una investigación del estudio Health ABC siguió durante tres años a más de dos mil hombres y mujeres de 70 a 79 años y observó que quienes tomaban más proteína perdieron alrededor de un 40 % menos de masa magra que quienes apenas la incluían en el plato.
El trabajo se publicó en The American Journal of Clinical Nutrition en 2008 y su lectura práctica es sencilla. Llegar cada día a la proteína suficiente protege el músculo que ya tienes, incluso pasados los 70, y ese músculo es el que sostiene tu autonomía y tu equilibrio.
Ese hallazgo no invita a comer sin medida, sino a asegurar una ración de proteína en cada comida y a no vivir a base de tostadas, café y algo dulce, un patrón habitual cuando cocinar cansa o el apetito baja con la edad. La diferencia no la marca un día de festín, sino la suma de pequeños ajustes sostenidos durante meses, y por eso una referencia diaria sencilla resulta más útil que cualquier régimen estricto y difícil de seguir. Si el apetito es escaso, reparte en cinco tomas pequeñas en lugar de tres grandes.
La ficha: cuánta proteína y de dónde sacarla

Guarda estos datos como referencia diaria y ajústalos a tu peso:
- Cantidad: en torno a 1,2 gramos por kilo de peso corporal. Para 70 kilos, unos 84 gramos de proteína al día.
- Reparto: de 25 a 30 gramos en cada comida principal, mejor que dejarlo casi todo para la cena.
- Desayuno: incluye una ración por la mañana, el momento del día que más se suele descuidar.
- Fuentes fáciles de digerir: huevo, pescado blanco, yogur, queso fresco, pollo picado y legumbres bien cocidas y trituradas.
- Preparación: al vapor, hervido o en guiso suave, y en tomas pequeñas si la digestión te pesa.
No necesitas contar gramos con precisión de laboratorio. Basta con que en cada comida haya una fuente clara de proteína y con no dejar el desayuno en un simple café con galletas.
Qué ejercicio frena la pérdida
La proteína rinde mucho más cuando el músculo tiene un motivo para repararse, y ese motivo es el ejercicio de fuerza. Sentadillas apoyándote en una silla, elevaciones de talón o trabajo con bandas y pesos ligeros, dos o tres veces por semana, son suficientes para dar la señal.
No necesitas gimnasio ni cargas grandes. Con el propio peso del cuerpo y una progresión suave, el estímulo llega y el aporte de proteína se aprovecha. Puedes apoyarte en alimentos que ayudan a ganar masa muscular y, si te cuesta comer lo necesario, valorar con tu médico algún suplemento de proteína como refuerzo puntual.
Cómo juntarlo en tu día
Un ejemplo fácil de seguir: yogur o huevo en el desayuno, pescado o legumbres en la comida, algo de queso fresco o pollo en la cena y una sesión corta de fuerza en días alternos. La clave está en el reparto a lo largo de la jornada, así que reparte, no acumules. ¿Y si algún día no llegas a la cifra? No pasa nada, porque lo que cuenta es la media de la semana y no el marcador de una jornada suelta.
Si te cuesta alcanzar la cantidad, los alimentos que construyen y reparan los tejidos ayudan a sumar sin llenar en exceso. La meta no es comer más por comer, es sostener la fuerza que te mantiene independiente, activo y con energía para tu día.
Esta guía es orientativa y no reemplaza el consejo de un médico o de un dietista-nutricionista. Si tienes enfermedad renal u otra condición que obligue a limitar la proteína, ajusta siempre las cantidades con un profesional.









