La artrosis es la enfermedad articular más frecuente y una de las principales causas de dolor y limitación funcional en adultos mayores de 50 años. Se produce por el desgaste progresivo del cartílago que recubre los huesos dentro de las articulaciones, especialmente en rodillas, caderas, manos y columna. Aunque no tiene cura, existen tratamientos que alivian el dolor, mejoran la movilidad y frenan la progresión. La combinación de ejercicio, control del peso y seguimiento médico marca una diferencia notable en la calidad de vida.
Qué dice la ciencia sobre el ejercicio en la artrosis
La actividad física ha demostrado ser una de las mejores intervenciones para las articulaciones desgastadas. Una revisión sistemática con metaanálisis en red publicada en The BMJ en 2025 reunió 217 ensayos clínicos aleatorizados con más de 15.000 pacientes para comparar las distintas modalidades de ejercicio en la artrosis de rodilla.
Los autores documentaron que el ejercicio aeróbico ofrece la mejor mejora en dolor, función, marcha y calidad de vida, con certeza moderada según el sistema GRADE. Caminar, nadar o pedalear en bicicleta figuran entre las actividades más eficaces. El fortalecimiento muscular y los ejercicios de flexibilidad también aportaron beneficio, especialmente combinados con el trabajo aeróbico. Este hallazgo cambia la idea extendida de que las articulaciones desgastadas necesitan reposo.
Qué es exactamente la artrosis y por qué aparece
El cartílago articular es el tejido liso y elástico que recubre los extremos de los huesos dentro de una articulación. Su función es amortiguar las cargas y permitir el deslizamiento suave entre las superficies óseas. En la artrosis, ese cartílago se va desgastando, se vuelve más delgado y pierde su capacidad de amortiguación. Con el tiempo, el hueso queda expuesto, se forman pequeños salientes llamados osteofitos y aparece inflamación en los tejidos circundantes.
Aunque la edad es el principal factor, no todo el mundo desarrolla el cuadro. Existen distintas formas: la artrosis primaria, ligada al envejecimiento y a factores genéticos, y la secundaria, provocada por traumatismos, sobrecarga articular, malformaciones o enfermedades previas. Las articulaciones más afectadas son rodillas, caderas, manos, columna cervical y lumbar.
Cuáles son las causas y los factores de riesgo
La artrosis rara vez responde a una sola causa. Suele ser el resultado de la combinación de varios factores acumulados a lo largo de los años.
- Edad avanzada, el factor más consistente en todos los estudios.
- Sexo femenino, especialmente tras la menopausia.
- Sobrepeso y obesidad, que multiplican la carga sobre rodillas y caderas.
- Antecedentes de traumatismos articulares, fracturas o cirugías previas.
- Trabajos con esfuerzos repetidos o cargas de peso.
- Deportes de alto impacto sin preparación adecuada.
- Predisposición genética y antecedentes familiares.
- Malformaciones articulares como displasias o alteraciones del eje.

Qué síntomas conviene reconocer
La artrosis avanza de forma lenta, con síntomas que empeoran a lo largo de meses o años. Muchas personas los atribuyen al envejecimiento normal y retrasan la consulta médica.
- Dolor articular que empeora con el movimiento y mejora con el reposo.
- Rigidez matinal breve, habitualmente menor de 30 minutos.
- Sensación de crujidos o roces al mover la articulación.
- Pérdida progresiva de la movilidad y la flexibilidad.
- Hinchazón intermitente en la articulación afectada.
- Deformidad visible en manos, rodillas o pies en fases avanzadas.
- Sensación de que la rodilla falla o cede al caminar.
- Dificultad para tareas cotidianas como subir escaleras o abrir tarros.
Cómo se diagnostica el cuadro
El diagnóstico empieza con la historia clínica y la exploración física en la consulta. El médico valora las articulaciones afectadas, comprueba la movilidad, busca signos de inflamación y descarta otras enfermedades articulares. La radiografía simple es la prueba de imagen más utilizada y muestra el estrechamiento del espacio articular, los osteofitos y otras alteraciones típicas del desgaste.
En algunos casos se solicitan pruebas complementarias como la resonancia magnética, la ecografía o análisis de sangre para descartar formas inflamatorias como la artritis reumatoide o la gota. La correlación entre las imágenes y los síntomas no siempre es directa: algunas personas con desgaste marcado apenas tienen dolor, mientras que otras con imagen leve refieren molestias importantes. Quien quiera profundizar en el manejo cotidiano puede revisar los cuidados para vivir con artrosis junto a su especialista.
Qué cuidados ayudan en el día a día
Los hábitos cotidianos tienen un impacto directo en la evolución del cuadro. Pequeños ajustes mantenidos en el tiempo marcan la diferencia en el dolor y la capacidad funcional.
- Mantener un peso saludable para reducir la carga sobre rodillas y caderas.
- Practicar actividades de bajo impacto como natación, marcha o bicicleta.
- Realizar ejercicios de fortalecimiento y flexibilidad varias veces por semana.
- Aplicar calor local para aliviar la rigidez y frío tras un esfuerzo.
- Utilizar calzado cómodo con buena amortiguación.
- Adaptar el entorno con barras de apoyo, alzadores de asiento o utensilios ergonómicos.
- Evitar posiciones que fuerzan la articulación, como el cuclillas prolongado.
- Descansar cuando el dolor lo requiera, sin caer en el reposo prolongado.
Cuándo consultar al médico
El dolor articular ocasional puede tener muchas causas, no siempre relacionadas con la artrosis. Sin embargo, ciertas señales requieren valoración médica por parte del médico de familia, el reumatólogo o el traumatólogo. Aceptar el dolor como parte inevitable del envejecimiento hace perder oportunidades de tratamiento eficaz.
Conviene consultar si el dolor articular se prolonga más de dos semanas, si limita las tareas cotidianas, si aparece hinchazón marcada, enrojecimiento intenso o calor local, si hay bloqueo articular al moverse o si la rigidez matinal supera una hora. Estos últimos signos pueden orientar hacia enfermedades inflamatorias como la artritis reumatoide o la gota, que requieren tratamiento diferente. La consulta temprana permite iniciar el manejo antes de que aparezcan limitaciones funcionales importantes y adaptar cada intervención al perfil individual.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración médica ni el criterio de un profesional sanitario. Ante dolor articular persistente, limitación de movilidad o dudas sobre el tratamiento, siempre conviene consultar con el médico de familia, el reumatólogo o el traumatólogo.









