Mucha gente da por hecho que el agua embotellada es más pura y más nutritiva que el agua del grifo. En España, la mayor parte del agua de red pasa controles sanitarios muy estrictos regulados por el Real Decreto 3/2023. Además, aporta minerales como el calcio y el magnesio en cantidades parecidas a las de muchas marcas envasadas. Para la hidratación diaria, la diferencia real está en otros detalles: el sabor, el estado de las tuberías de casa y la presencia de partículas de plástico.
El aporte de minerales depende más del origen que del envase
Los minerales disueltos en el agua cambian según el terreno por el que circula antes de llegar al depósito. El agua del grifo de Madrid es blanda y de mineralización débil. La de Barcelona, Valencia o Murcia es más dura y lleva más calcio y magnesio. Esa cal que deja manchas blancas en la mampara no es perjudicial. Son nutrientes que el organismo también absorbe, aunque en menor medida que los de la leche o las legumbres.
En las botellas, el dato que más ayuda a elegir es el residuo seco, que indica la cantidad total de sales por litro. La etiqueta suele clasificarlas así:
- Mineralización muy débil, menos de 50 mg/L: útil para preparar biberones y para dietas bajas en sodio.
- Mineralización débil, hasta 500 mg/L: la más habitual para beber a diario y cocinar.
- Mineralización media o fuerte, más de 500 mg/L: más calcio, magnesio o bicarbonato y un sabor más marcado. Si tienes hipertensión, revisa el contenido de sodio.
¿Qué tipo de agua acumula más microplásticos?
Los microplásticos son fragmentos de menos de 5 milímetros que se desprenden de envases, tapones y conducciones. Una investigación publicada en 2022 revisó 21 estudios y encontró más microplásticos en el agua embotellada que en la del grifo. Los autores lo atribuyen a las plantas de tratamiento, que retiran buena parte de las partículas. En cambio, la botella de PET y el roce del tapón al abrir y cerrar liberan partículas nuevas.

Los mismos investigadores reconocen que los métodos de medición varían mucho entre laboratorios. Por eso todavía no se puede calcular el riesgo real de ingerir estas partículas. Hay algo práctico que sí puedes aplicar: no dejes las botellas al sol dentro del coche ni las reutilices durante semanas, porque el calor y el desgaste del plástico favorecen que suelte más fragmentos.
¿Es peligroso el cloro que sale del grifo?
El cloro se añade al agua de red para eliminar bacterias y virus, y es una de las medidas que más infecciones intestinales ha evitado. Al reaccionar con restos de materia orgánica, puede formar trihalometanos. Otra investigación publicada en 2025 apuntó una posible relación con el cáncer de vejiga y colorrectal, incluso con niveles por debajo de los límites legales europeos. Aun así, los autores califican esa evidencia de limitada. Las autoridades sanitarias miden estos subproductos de forma periódica, y una desinfección eficaz aporta mucho más beneficio que riesgo.

Cuándo elegir agua embotellada y cuándo la de casa
Lo que conviene depende del contexto más que de una regla fija. Estas son las situaciones más habituales y la opción más sensata en cada una:
- Para beber, cocinar y preparar infusiones a diario en una ciudad con buena red de abastecimiento, la del grifo es segura y mucho más barata.
- Para los biberones, una botella de mineralización muy débil, salvo que el pediatra indique otra cosa.
- En viajes a zonas sin garantías sanitarias, tras inundaciones o en edificios antiguos con tuberías de plomo, el agua envasada es la opción más segura.
- Si el suministro falla y no tienes botellas a mano, puedes recurrir a métodos caseros para potabilizar el agua, como hervirla o filtrarla.
Un hábito sencillo para el día a día es llenar por la noche una jarra de cristal con agua del grifo. Déjala reposar un par de horas sin tapar y luego guárdala en la nevera. Por la mañana tendrá menos sabor a cloro y estará fresca para rellenar una botella de acero o vidrio, con lo que reduces envases y microplásticos. Reparte así entre 1,5 y 2 litros a lo largo de la jornada, y bebe más en verano o después de hacer ejercicio para compensar lo que pierdes con el sudor.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si tienes alguna enfermedad renal, hipertensión o dudas sobre el agua de tu vivienda, consulta con tu médico o con los servicios sanitarios de tu municipio.








