Ojos que arden y parecen tener arena, una boca tan seca que obliga a beber agua para poder tragar, cansancio persistente y dolor en las articulaciones. Son molestias que muchas personas, sobre todo mujeres a partir de los 40 años, atribuyen a la menopausia, al estrés o simplemente al paso del tiempo.
Sin embargo, en algunos casos detrás de esa sequedad se esconde el síndrome de Sjögren, una enfermedad autoinmune más frecuente de lo que se cree y que suele tardar años en diagnosticarse. Reconocer sus señales permite iniciar antes el tratamiento y prevenir complicaciones.
Qué es el síndrome de Sjögren
Es una enfermedad autoinmune crónica, en la que el sistema de defensa ataca por error a las glándulas que producen las lágrimas y la saliva. Como consecuencia, estas glándulas se inflaman y producen menos secreciones, lo que provoca la sequedad característica de los ojos y la boca.
Puede aparecer de forma aislada, lo que se denomina síndrome de Sjögren primario, o asociado a otras enfermedades autoinmunes, como la artritis reumatoide o el lupus. Su causa exacta no se conoce, aunque se cree que intervienen factores genéticos, hormonales y, posiblemente, algunas infecciones virales que actúan como desencadenante.

Lo que dice la ciencia sobre a quién afecta
Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2015 en la revista Annals of the Rheumatic Diseases, disponible en PubMed, reunió los estudios epidemiológicos disponibles sobre el síndrome de Sjögren primario. El trabajo fue realizado por investigadores de la Segunda Universidad Médica Militar de Shanghái, en China, y analizó 21 estudios de distintas regiones del mundo.
Según sus resultados, la enfermedad afecta a unas 61 personas por cada 100.000 habitantes, lo que equivale aproximadamente a una de cada 1.600, y cada año aparecen unos 7 casos nuevos por cada 100.000 personas. La diferencia entre sexos es muy marcada: por cada hombre con la enfermedad hay alrededor de 11 mujeres, y la edad media de los pacientes ronda los 56 años.
Los autores advierten que las cifras varían mucho entre países, en parte por los distintos criterios de diagnóstico utilizados. Además, muchos especialistas creen que la enfermedad está infradiagnosticada, porque sus síntomas iniciales se confunden con frecuencia con otros problemas más comunes.
Los síntomas más frecuentes
Las manifestaciones principales se concentran en los ojos y la boca, aunque la enfermedad puede afectar a todo el organismo:
- Sequedad ocular: ardor, picor, sensación de arena en los ojos, enrojecimiento y sensibilidad a la luz.
- Sequedad bucal: dificultad para tragar alimentos secos, necesidad de beber agua al comer, alteraciones del gusto y lengua agrietada.
- Más caries y problemas en las encías, por la falta de saliva protectora.
- Inflamación de las glándulas salivales, sobre todo de las parótidas, situadas delante de las orejas.
- Sequedad de la piel, de la nariz y vaginal.
- Cansancio intenso y dolor en las articulaciones y los músculos.
En algunas personas puede afectar también a los pulmones, los riñones, los nervios o los vasos sanguíneos. Además, quienes padecen esta enfermedad tienen un riesgo más elevado de desarrollar un linfoma, por lo que el seguimiento médico es importante. Para conocer más detalles sobre la enfermedad, puede consultar esta guía sobre el síndrome de Sjögren, sus síntomas y tratamiento.

Cómo se diagnostica y se trata
El diagnóstico lo realiza el reumatólogo a partir de los síntomas y de varias pruebas. Entre ellas, la medición de la producción de lágrimas y de saliva, los análisis de sangre para detectar anticuerpos característicos, como los anti-Ro y anti-La, y, en ocasiones, una pequeña biopsia de las glándulas salivales del labio. También es importante descartar otras causas de sequedad, como algunos medicamentos, la menopausia o la infección por el virus de la hepatitis C.
La enfermedad no tiene cura, pero el tratamiento permite controlar los síntomas y prevenir complicaciones. Suele incluir lágrimas artificiales y otros tratamientos para los ojos, sustitutos de la saliva y fármacos que estimulan su producción, como la pilocarpina. Cuando hay dolor articular o afectación de otros órganos, el médico puede indicar medicamentos que regulan el sistema inmunitario. El seguimiento suele requerir la colaboración del reumatólogo, el oftalmólogo y el dentista.
Consejos para el día a día y cuándo consultar
Algunos hábitos ayudan a aliviar la sequedad y a proteger los ojos y la boca:
- Beber pequeños sorbos de agua a lo largo del día.
- Masticar chicle sin azúcar para estimular la saliva.
- Mantener una higiene dental cuidadosa, con pasta con flúor y revisiones frecuentes.
- Evitar el tabaco, el alcohol y los ambientes con aire acondicionado o calefacción muy secos.
- Usar un humidificador en casa y gafas que protejan del viento.
- Revisar con el médico los medicamentos que pueden aumentar la sequedad, como algunos antidepresivos o antihistamínicos.
Conviene consultar si la sequedad de ojos o de boca dura más de tres meses, se acompaña de cansancio intenso o dolor articular, o aparecen caries con frecuencia sin motivo aparente. Requieren atención más rápida la inflamación persistente de las glándulas del cuello o la cara, la aparición de ganglios, la pérdida de peso sin explicación o la fiebre prolongada.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un médico. Ante síntomas persistentes de sequedad, cansancio o dolor articular, consulte a un profesional de la salud para recibir un diagnóstico adecuado.









