En reposo, un adulto respira entre 12 y 20 veces por minuto. Eso supone más de 17.000 respiraciones al día, y no da igual que el aire entre por la nariz o por la boca. La respiración nasal es la vía natural del organismo. Prepara el aire antes de que llegue a los pulmones y protege las vías respiratorias. Cuando la boca toma el relevo por costumbre, se resienten el sueño, la garganta e incluso el rendimiento físico.
¿Qué hacen las fosas nasales con el aire que respiras?
Las fosas nasales funcionan como un filtro y un climatizador a la vez. Los pelos de la entrada de la nariz y la mucosa atrapan polvo, polen y otras partículas. Los cornetes calientan y humedecen el aire para que llegue a la tráquea casi a la temperatura del cuerpo. Los senos paranasales, además, producen óxido nítrico, un gas que ayuda a dilatar los vasos sanguíneos de los pulmones y actúa contra algunos microorganismos. La nariz también frena más el paso del aire que la boca, y por eso la respiración se vuelve más lenta y profunda. Si respiras por la boca, el aire frío y seco llega directo a la garganta y se salta todos estos pasos.

La respiración nasal mejora la eficiencia durante el ejercicio
Una investigación publicada en 2024 comparó lo que ocurría en las mismas personas al pedalear respirando por la nariz y al hacerlo por la boca. Participaron pacientes con enfermedad cardíaca y voluntarios sanos, que probaron las dos formas de respirar en orden aleatorio durante un esfuerzo moderado. Al respirar por la nariz, los participantes mostraron una menor frecuencia respiratoria y mejor eficiencia ventilatoria. Esa eficiencia se midió con la relación VE/VCO2, que indica cuánto aire hay que mover para eliminar el dióxido de carbono.
En la práctica, el cuerpo hace menos esfuerzo respiratorio para el mismo trabajo. En la mayoría de los pacientes cardíacos también se corrigieron patrones respiratorios anómalos, un dato interesante para la rehabilitación cardíaca. Los autores publicaron después una corrección del trabajo, así que conviene leer las cifras con prudencia. Aun así, la idea general coincide con lo que ya se sabe de la fisiología de la respiración nasal: un flujo de aire más lento favorece un intercambio de gases más ordenado en los pulmones.
Ronquidos y boca seca, las señales de la respiración bucal
La respiración bucal suele delatarse por la noche y al despertar. Estas son las señales más frecuentes:
- Boca seca y sed al levantarte, a veces con mal aliento.
- Ronquidos que tu pareja o tu familia notan casi a diario.
- Labios agrietados y garganta irritada por la mañana.
- Cansancio durante el día aunque duermas suficientes horas.
- Más caries y encías inflamadas, porque falta la saliva que protege los dientes.
Detrás de este hábito suele haber una nariz que no deja pasar bien el aire. Las causas habituales son la rinitis alérgica, la desviación del tabique, los pólipos o, en niños, unas vegetaciones aumentadas. Por eso conviene desconfiar de la moda de taparse la boca con cinta para dormir. Otra investigación, publicada en 2025, reunió 10 estudios con 213 participantes y solo encontró un posible beneficio en la apnea leve en dos de ellos. También advirtió de riesgos para las personas con obstrucción nasal, que necesitan la boca como salida cuando las fosas nasales están cerradas.

Cómo volver a respirar por la nariz en el día a día
Con la nariz despejada, recuperar la respiración nasal es cuestión de práctica y constancia. Algunos ejercicios entrenan el diafragma y ayudan a mantener la boca cerrada sin esfuerzo. Puedes empezar por distintas técnicas de respiración guiada y sumar estos gestos cotidianos:
- Fíjate durante el día en si tienes los labios separados y ciérralos con suavidad.
- Haz lavados nasales con suero fisiológico cuando notes congestión.
- Respira despacio por la nariz durante cinco minutos, dos veces al día.
- Camina o haz ejercicio suave respirando solo por la nariz y sube la intensidad poco a poco.
- Trata la alergia o el resfriado a tiempo para que la congestión no se haga crónica.
La nariz no es una simple entrada de aire. Es el primer tramo del aparato respiratorio, y cuando se queda sin trabajo la garganta, los dientes y el descanso nocturno pagan la diferencia. Si los ronquidos, la boca seca o la respiración bucal duran semanas, lo sensato es pedir una revisión al médico de familia o al otorrinolaringólogo. Ellos pueden valorar el tabique, los cornetes y las fosas nasales, y descartar una posible apnea del sueño.
La información de este texto es solo orientativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario, ni su diagnóstico ni su tratamiento. Si tienes síntomas que no mejoran o dudas sobre tu respiración, acude a tu médico.









