Son pequeñas, pero pueden convertir cada comida en un suplicio. Las aftas, esas llagas blanquecinas rodeadas de un borde rojo que aparecen dentro de la boca, provocan un dolor desproporcionado para su tamaño, sobre todo al masticar, hablar o tomar algo ácido.
La buena noticia es que la mayoría se curan solas en una o dos semanas, y que existen medidas caseras sencillas para aliviar las molestias mientras tanto. También hay remedios muy populares que, lejos de ayudar, pueden empeorar la lesión.
Qué son las aftas y por qué aparecen
Las aftas son úlceras superficiales que se forman en la mucosa de la boca: en el interior de las mejillas y los labios, en la lengua o en las encías. No son contagiosas y no tienen relación con el herpes labial, aunque a menudo se confunden.
Su causa exacta no siempre se conoce, pero existen factores que favorecen su aparición:
- Pequeñas heridas, como morderse la mejilla o rozarse con un cepillo duro o una prótesis.
- Estrés, cansancio y falta de sueño.
- Alimentos muy ácidos, picantes o crujientes.
- Cambios hormonales.
- Déficit de hierro, vitamina B12, ácido fólico o zinc.
- Algunas pastas de dientes con laurilsulfato de sodio, un agente espumante que puede irritar la mucosa.

Lo que dice la ciencia sobre las aftas que se repiten
Para quienes sufren aftas una y otra vez, una línea de investigación interesante es la vitamina B12. Un ensayo clínico publicado en 2009 en el Journal of the American Board of Family Medicine, disponible en PubMed, evaluó su efecto en pacientes de atención primaria con aftas recurrentes.
Investigadores de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, en Israel, dividieron a 58 personas en dos grupos: uno tomó cada noche 1.000 microgramos de vitamina B12 por vía sublingual y el otro un placebo, durante seis meses. A partir del quinto mes, quienes recibieron la vitamina presentaron brotes más cortos, menos úlceras y menos dolor. En el último mes de tratamiento, el 74,1% del grupo con B12 estaba libre de aftas, frente al 32% del grupo placebo.
Llamativamente, el beneficio se observó con independencia de los niveles de B12 en sangre al inicio. Aun así, se trata de un estudio pequeño, y la suplementación debe valorarse con un profesional. Para las aftas aisladas y ocasionales, las medidas caseras suelen ser suficientes.
Remedios caseros para aliviar el dolor
Estas opciones sencillas pueden reducir las molestias y mantener la zona limpia mientras la llaga cicatriza:
- Enjuague con agua tibia y sal: disolver media cucharadita de sal en un vaso de agua tibia, enjuagar durante unos 30 segundos y escupir, varias veces al día.
- Enjuague con bicarbonato: media cucharadita en medio vaso de agua ayuda a neutralizar la acidez de la boca.
- Frío local: chupar un cubito de hielo o tomar bebidas frías adormece la zona y alivia el dolor.
- Bolsita de manzanilla: aplicar sobre la afta una bolsita humedecida y templada durante unos minutos tiene un efecto calmante.
- Miel: una pequeña cantidad sobre la llaga puede crear una capa protectora; no debe usarse en niños menores de un año.
- Dieta blanda: purés, yogur natural, sopas tibias y alimentos fríos reducen el roce y el dolor al comer.
Usar un cepillo de cerdas suaves y una pasta de dientes sin laurilsulfato de sodio también ayuda. Para quienes sufren brotes con frecuencia, conviene conocer las causas de las aftas frecuentes y qué hacer.

Lo que conviene evitar
Algunos remedios muy extendidos pueden irritar la mucosa y retrasar la curación:
- Colocar una aspirina directamente sobre la afta: provoca una quemadura química en la mucosa.
- Aplicar agua oxigenada sin diluir, alcohol o vinagre sobre la lesión.
- Poner sal o limón directamente en la llaga, que intensifican el dolor sin acelerar la cicatrización.
- Usar enjuagues bucales con alcohol, que resecan e irritan.
- Consumir alimentos ácidos, picantes, muy salados o crujientes, como cítricos, tomate, frituras o tostadas.
- Tocar, morder o intentar “reventar” la afta.
En la farmacia existen geles y pastas protectoras, así como anestésicos de uso local, que pueden ser útiles cuando el dolor es intenso. Conviene utilizarlos siguiendo las indicaciones del farmacéutico.
Cuándo consultar al médico o al dentista
La mayoría de las aftas desaparecen en un plazo de 7 a 14 días. Sin embargo, es importante buscar valoración profesional en estas situaciones:
- La llaga no se cura después de dos o tres semanas.
- Es muy grande, de más de un centímetro, o aparecen muchas a la vez.
- Los brotes son muy frecuentes y casi no hay periodos sin lesiones.
- Se acompaña de fiebre, ganglios inflamados o dificultad para comer y beber.
- Aparecen también úlceras en los genitales, diarrea persistente o pérdida de peso.
Una lesión en la boca que no cicatriza, especialmente si no duele y la persona fuma o consume alcohol con frecuencia, debe ser examinada sin demora para descartar problemas más serios. En las aftas recurrentes, un análisis de sangre permite detectar déficits nutricionales o enfermedades asociadas, como la celiaquía o la enfermedad inflamatoria intestinal.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un médico ni de un odontólogo. Ante aftas persistentes, muy frecuentes o acompañadas de otros síntomas, consulte a un profesional de la salud.









