A partir de 2025, un mensaje circuló masivamente en redes sociales: aplicar perfume en el cuello podría dañar la tiroides por la proximidad anatómica de la glándula. La afirmación generó alarma y llegó a ser difundida incluso por una autoridad sanitaria. Pero la evidencia disponible matiza de forma muy significativa esa afirmación. Lo que sí existe es una preocupación científica real sobre algunos compuestos presentes en las fragancias, aunque con límites muy diferentes a los que el mito popular sugiere.
El origen del mito y qué hay de cierto en él
El mensaje que circuló en redes afirmaba que aplicar perfume en el cuello facilita que los ftalatos, compuestos presentes en algunas fragancias, penetren directamente en la tiroides por su cercanía física. Esa premisa mezcla un dato real con una extrapolación no demostrada. Es cierto que la piel del cuello es relativamente fina y tiene buena irrigación sanguínea, lo que puede facilitar la absorción de algunas sustancias. Pero la endocrinóloga Kathleen Wyne, de la Universidad Estatal de Ohio, y otros especialistas consultados por Infobae coinciden en que no existe base anatómica para temer una absorción directa hacia la tiroides por proximidad física: la absorción cutánea distribuye los compuestos por la circulación general, no hacia un órgano específico según el punto de aplicación.
Una revisión publicada en la National Library of Medicine en agosto de 2025 confirmó que los ingredientes como ftalatos, parabenos, compuestos orgánicos volátiles y metales pesados usados en cosméticos y fragancias pueden ingresar al organismo por absorción cutánea e inhalación, con evidencia creciente de alteraciones endocrinas, problemas reproductivos y riesgo elevado de ciertos tipos de cáncer en exposiciones prolongadas o de alta concentración, aunque su impacto en el uso cotidiano de perfumes regulados sigue siendo materia de evaluación. El sitio de verificación Lupa.ec lo resume con precisión: el mito se apoya en estudios reales pero extrapola conclusiones no demostradas.

Qué son los disruptores endocrinos y cómo actúan realmente
Los ftalatos son compuestos sintéticos usados como fijadores en fragancias para prolongar su duración. Los parabenos actúan como conservantes en cosméticos. Ambos grupos han sido identificados por el Instituto Nacional de Salud Ambiental de Estados Unidos como disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de imitar, inhibir o interferir con las señales hormonales del organismo, incluyendo las relacionadas con la función tiroidea, la reproducción y el metabolismo. Esa categorización es científicamente sólida y tiene respaldo en estudios de laboratorio y en modelos animales.
Sin embargo, hay un matiz esencial que el mito popular omite: los estudios que documentan esos efectos se realizaron en contextos de exposición crónica y concentraciones altas, muy diferentes al uso habitual de un perfume. No existen pruebas concluyentes de que aplicar fragancias aprobadas por las autoridades reguladoras, en las dosis habituales de uso cotidiano, altere el funcionamiento de la tiroides o produzca enfermedad tiroidea en personas sanas. La zona de aplicación, cuello, muñecas u otra parte del cuerpo, tampoco determina por sí sola un efecto específico sobre ninguna glándula. Para entender mejor qué causa el hipotiroidismo, cuáles son sus síntomas más frecuentes y cuándo la analítica tiroidea está indicada, conviene revisar también las diferencias entre el hipotiroidismo subclínico y el establecido en cuanto a síntomas y decisión de tratamiento.
Qué ingredientes conviene evitar y cómo elegir fragancias con menor riesgo
Que el mito esté exagerado no significa que todas las fragancias sean igualmente inocuas. Hay compuestos en algunos perfumes comerciales que merecen atención, especialmente en personas con sensibilidad hormonal, embarazadas o con enfermedades tiroideas activas. Los especialistas recomiendan prestar atención a etiquetas que indiquen simplemente “fragancia” o “parfum” sin desglosar los ingredientes, porque esos términos pueden ocultar mezclas complejas de compuestos sintéticos sin identificar individualmente.
La International Fragrance Association promueve estándares de transparencia en la industria, aunque su aplicación no es universal. Optar por fórmulas con ingredientes declarados, sin ftalatos ni parabenos de forma explícita, o priorizar marcas con certificaciones de formulación limpia reduce la exposición acumulada a esos compuestos. La distinción entre productos “sin fragancia” o fragrance-free y “sin perfume” o unscented también importa: los segundos pueden contener agentes enmascarantes que siguen siendo activos aunque el olor no se perciba.

Cuándo sí es razonable reducir la exposición a fragancias
La recomendación de reducir el contacto directo de fragancias con la piel tiene sentido como medida de precaución general, especialmente ante la exposición acumulada a múltiples productos cosméticos a lo largo del día. Aplicar el perfume sobre la ropa en lugar de directamente sobre la piel es una alternativa válida para quienes quieren minimizar la absorción cutánea sin renunciar al aroma. Evitar las fragancias sobre piel irritada o con lesiones también reduce el paso de compuestos al torrente sanguíneo.
Lo que la evidencia no respalda es la alarma específica sobre el cuello como zona de riesgo para la tiroides. Las personas con hipotiroidismo o hipertiroidismo diagnosticados no tienen razón científica para evitar el perfume en el cuello de forma específica, aunque sí pueden beneficiarse de una revisión general de su exposición cotidiana a cosméticos con compuestos potencialmente disruptores, en coordinación con su endocrinólogo.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación de un médico o endocrinólogo. Ante síntomas de alteración tiroidea o dudas sobre la exposición a sustancias químicas en cosméticos, consulte con su médico para recibir orientación personalizada.









