El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, aparece cuando el virus varicela-zóster se reactiva después de permanecer años en el organismo. El dolor, el ardor y las pequeñas ampollas agrupadas en un solo lado del cuerpo son algunas de sus señales más características. Reconocerlas pronto permite iniciar el tratamiento adecuado y reducir el riesgo de complicaciones.
¿Por qué aparece el herpes zóster?
El herpes zóster está causado por el mismo virus responsable de la varicela. Después de la infección inicial, el virus puede permanecer inactivo en los ganglios nerviosos durante años. Con el envejecimiento o cuando las defensas están debilitadas, puede reactivarse y desplazarse por un nervio hasta la piel.
El riesgo aumenta especialmente con la edad y en personas con el sistema inmunitario comprometido. Enfermedades crónicas, determinados tratamientos inmunosupresores y algunas situaciones que afectan a las defensas pueden favorecer su aparición. La investigación médica también reconoce la edad avanzada como uno de los principales factores asociados a esta reactivación.

¿Qué ha descubierto la investigación sobre esta infección?
La evolución del herpes zóster depende de la zona afectada, la edad y las condiciones de salud de cada persona. Una revisión científica publicada en Viruses en 2022 analizó las manifestaciones clínicas, los factores de riesgo, las complicaciones y las opciones de tratamiento disponibles para esta infección.
La investigación destaca que el tratamiento antiviral temprano es una pieza importante del manejo de la enfermedad y que la neuralgia posherpética se encuentra entre sus complicaciones más frecuentes. Puedes consultar la investigación completa sobre las manifestaciones y el tratamiento del herpes zóster.
¿Cómo se reconoce la culebrilla en la piel?
La culebrilla suele comenzar con dolor, sensibilidad, hormigueo, picor o sensación de quemazón en una zona concreta. Estos síntomas pueden aparecer antes de que se vea la erupción, lo que hace que algunas personas los confundan inicialmente con un problema muscular o nervioso.
Después aparecen pequeñas manchas rojizas que evolucionan hacia grupos de ampollas llenas de líquido. Las lesiones suelen afectar un solo lado del cuerpo y siguen el recorrido de un nervio. El tronco y la cara son zonas frecuentes, aunque la erupción puede aparecer en otras partes.
Entre las señales que pueden acompañar a las lesiones se encuentran:
- Dolor o ardor localizado antes de la erupción.
- Hormigueo o aumento de la sensibilidad al tacto.
- Picor y enrojecimiento de la piel.
- Ampollas agrupadas que después forman costras.
- Fiebre baja, dolor de cabeza o malestar general.
¿Cuánto dura y cómo se trata?
Las nuevas ampollas suelen aparecer durante varios días y después se secan progresivamente. La piel puede necesitar entre dos y cuatro semanas para recuperarse. Sin embargo, el dolor nervioso puede mantenerse durante más tiempo en algunas personas.
El tratamiento debe ser indicado por un profesional sanitario. Los medicamentos antivirales pueden disminuir la multiplicación del virus y ayudar a reducir la duración e intensidad del cuadro. Los analgésicos también pueden utilizarse para controlar el dolor, según las características de cada paciente.
Durante la recuperación, algunos cuidados ayudan a proteger la piel:
- Lavar suavemente las lesiones con agua y jabón.
- Evitar rascar o romper las ampollas.
- Utilizar ropa holgada para reducir el roce.
- Mantener las lesiones limpias y secas.
- Evitar aplicar productos sobre la piel sin indicación profesional.
Para conocer con más detalle las manifestaciones cutáneas, el diagnóstico y las opciones terapéuticas, puedes consultar los síntomas del herpes zóster.

¿El herpes zóster puede causar complicaciones?
La complicación más frecuente es la neuralgia posherpética, un dolor persistente que permanece después de que las lesiones cutáneas hayan desaparecido. Puede manifestarse como quemazón, pinchazos, hipersensibilidad o dolor ante estímulos que normalmente no resultarían molestos.
La localización de las lesiones también importa. Cuando afectan a la cara, especialmente alrededor del ojo, es necesario recibir atención médica rápida porque puede existir riesgo de complicaciones oculares. Una erupción cerca del oído acompañada de dolor intenso o alteraciones faciales también requiere valoración médica.
¿Cómo se puede prevenir la culebrilla?
La vacunación es una de las principales medidas preventivas frente al herpes zóster. En España, el Ministerio de Sanidad recomienda la vacunación sistemática a los 65 años, con dos dosis separadas por un intervalo mínimo de ocho semanas. También existen recomendaciones específicas para determinados grupos de riesgo desde los 18 años. :contentReference[oaicite:0]{index=0}
La vacuna disponible utiliza una formulación recombinante y está indicada también en algunas personas con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Las recomendaciones pueden variar según la edad y las condiciones individuales, por lo que conviene consultar el calendario de vacunación correspondiente.
El herpes zóster no se transmite directamente como una gripe. Sin embargo, una persona con lesiones activas puede transmitir el virus varicela-zóster a alguien que nunca haya tenido varicela o no esté vacunado. En ese caso, la persona expuesta puede desarrollar varicela. El riesgo de transmisión disminuye cuando todas las lesiones están cubiertas por costras.
El herpes zóster requiere atención temprana, sobre todo cuando aparecen dolor o ardor seguidos de ampollas agrupadas en un lado del cuerpo. La valoración médica permite confirmar el diagnóstico, decidir si es necesario utilizar antivirales y detectar situaciones de mayor riesgo, especialmente cuando la erupción afecta a los ojos, el oído o a una persona con defensas debilitadas.
Este contenido tiene finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica. Ante una erupción dolorosa, lesiones cerca de los ojos o síntomas intensos, es recomendable consultar con un profesional sanitario.









