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Herpes zóster - síntomas y tratamiento

El herpes zóster, conocido popularmente como culebrilla, es una enfermedad infecciosa causada por el mismo virus de la varicela, que puede volver a surgir durante la edad adulta provocando unas ampollas rojas en la piel, pudiendo aparecer en cualquier parte del cuerpo como cara, tórax y brazos.

Esta enfermedad sólo afecta a las personas que ya sufrieron de varicela, y su tratamiento se realiza con el uso de medicamentos antivirales como el Aciclovir, así como de analgésicos para aliviar el dolor producido por las heridas de la piel.

El herpes zóster es contagioso, principalmente para aquellas personas que nunca han sufrido de varicela en su vida o que no han sido vacunadas, ya que es una enfermedad causada por el mismo virus, sin embargo, en caso de contagiarse será de varicela. Además de esto, puede volver a surgir en cualquier momento, sin embargo la vacuna contra el herpes zóster puede ayudar a evitar esta situación.

Ampollas del herpes zóster en la piel
Ampollas del herpes zóster en la piel

Cuáles son los síntomas

Los síntomas iniciales del herpes zóster pueden ser:

  • Comezón en la zona afectada;
  • Dolor, hormigueo o sensación de ardor en la región afectada;
  • Fiebre entre 37 y 38ºC;
  • Dolor de cabeza.

Al cabo de 2 a 4 días surgen los síntomas típicos del herpes zóster activo, que incluyen el surgimiento de ampollas y enrojecimiento. Por lo general, las ampollas sólo aparecen en un lado del cuerpo, debido a que acompañan la localización de algún nervio, recorriendo su longitud y formando un camino de ampollas y heridas.

¿Cómo se diagnostica?

El diagnóstico del herpes zóster se realiza con base a la evaluación clínica de los signos y síntomas del paciente, además de la observación de las lesiones en la piel por el médico.

Sin embargo, si el médico desea confirmar la sospecha, puede solicitar una biopsia de las lesiones en la piel o, aunque sea más raro, un examen de sangre para identificar la presencia del virus en el cuerpo.

¿Quién tiene mayor riesgo?

El herpes zóster sólo surge en las personas que ya la han sufrido alguna vez en la vida. Esto es porque el virus de la varicela puede alojarse en los nervios del cuerpo durante toda la vida, y en algún período en el que el sistema inmune pueda estar más débil se puede reactivar en la forma más localizada del nervio.

Las personas que tienen mayor riesgo de desarrollar herpes zóster son aquellas con:

  • Más de 60 años;
  • Enfermedades que debilitan el sistema inmune como SIDA y Lupus;
  • Tratamiento de quimioterapia;
  • Uso prolongado de corticoides.

Sin embargo, el herpes zóster también puede surgir en los adultos que tienen exceso de estrés o que se están recuperando de alguna enfermedad como una fuerte gripe o de dengue, ya que el sistema inmunológico está debilitado en estas situaciones.

Herpes zóster en el ojo
Herpes zóster en el ojo

Cómo se realiza el tratamiento

El tratamiento para herpes zóster se realiza con la utilización de medicamentos antivirales, como el Aciclovir, para disminuir la multiplicación del virus, disminuyendo así las ampollas, la duración e intensidad de la enfermedad. También puede ser necesario el uso de analgésicos para aliviar el dolor causado por las lesiones.

Además de esto, se debe tener algunos cuidados como:

  • Lavar diariamente la región afectada con agua tibia y jabón neutro sin frotarlo, secando bien para evitar el desarrollo de bacterias en la piel;
  • Utilizar ropa cómoda, poco apretada y de algodón para permitir que la piel respire;
  • Colocar una compresa fría de manzanilla sobre la región afectada para aliviar la picazón;
  • No aplicar pomadas o cremas sobre las ampollas, evitando que la piel se irrite.

Es importante recordar que para ser más eficaz el tratamiento debe iniciarse tan pronto como las lesiones en la piel surgen. Vea también un remedio natural para el herpes.

Complicaciones del Herpes Zóster

La complicación más común del herpes zóster es la neuralgia post-herpética, que es la continuación del dolor durante varias semanas o meses después de la desaparición de las ampollas en la piel. Esta complicación es más frecuente en personas con más de 60 años, y se caracteriza por un dolor más intenso que en el período en que las heridas estaban activas, haciendo que la persona se mantenga de reposo y sin capacidad para continuar sus actividades normales.

Otra complicación menos común, es cuando el virus alcanza el ojo, causando inflamación en la córnea y problemas de visión, en estos casos es importante la evaluación de un oftalmólogo para indicar el tratamiento más adecuado.

Otros problemas más raros que el herpes zóster puede causar, dependiendo de la región afectada, son neumonía, problemas de la audición, ceguera o inflamación en el cerebro, por ejemplo. Y sólo en casos extremadamente raros, generalmente en las personas mayores y con el sistema inmunológico comprometido, esta enfermedad puede causar la muerte.

Vacuna para el Herpes Zóster

La vacuna para el herpes zóster es la única forma eficiente de evitar esta enfermedad y sus complicaciones. La vacuna se recomienda para adultos mayores de 50 años. Lo ideal es que esta vacuna sea indicada por el médico, ya que no debe ser aplicada en mujeres embarazadas y en individuos que ingieren corticoides o que tienen el sistema inmunológico comprometido.

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