La artrosis es un problema frecuente en las articulaciones y aparece cuando el cartílago se desgasta de forma progresiva. Ese cambio puede provocar dolor, rigidez, inflamación leve y limitación del movimiento, sobre todo en rodillas, caderas, manos y columna. Aunque suele relacionarse con la edad, no depende solo del paso del tiempo y existen factores de riesgo que influyen mucho en su evolución.
¿Qué ocurre en las articulaciones cuando aparece artrosis?
La artrosis afecta al cartílago que recubre los extremos de los huesos y facilita un movimiento suave. Cuando ese tejido pierde grosor y elasticidad, aumenta el roce dentro de la articulación y pueden aparecer dolor mecánico, crujidos, rigidez al levantarse y menor movilidad. Con el tiempo también pueden cambiar el hueso subcondral, la membrana sinovial y los músculos cercanos.
Las articulaciones más afectadas suelen ser rodillas, caderas, manos y zona lumbar o cervical. La molestia suele empeorar con la carga, al caminar o al subir escaleras, y puede aliviar algo con el reposo. En fases avanzadas, tareas cotidianas como abrir un tarro, agacharse o ponerse de pie resultan más difíciles.
¿Qué dice la investigación sobre los factores de riesgo?
Los factores de riesgo no actúan todos igual. Una investigación publicada en 2025 evaluó el desarrollo de artrosis de rodilla a lo largo de la vida y señaló que el exceso de peso y una lesión previa de rodilla tienen un papel importante, además de la edad. El hallazgo ayuda a entender por qué algunas personas desarrollan síntomas antes y con más intensidad.
Ese análisis reunió estudios longitudinales y encontró una relación clara entre sobrepeso, lesión previa y artrosis de rodilla. En la práctica, esto refuerza la importancia de reducir la sobrecarga articular, prevenir traumatismos repetidos y tratar bien las lesiones desde el principio.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?
Los síntomas pueden empezar poco a poco y variar según la articulación afectada. Al inicio, muchas personas notan dolor al moverse y una rigidez breve después del descanso. Más adelante, la limitación funcional se vuelve más evidente.
- Dolor al caminar, subir escaleras o cargar peso.
- Rigidez matutina o tras estar sentado durante un rato.
- Crujidos o sensación de roce al mover la zona.
- Hinchazón leve en algunos periodos.
- Pérdida de movilidad y menos fuerza muscular.
- Deformidad progresiva en manos o rodillas en casos avanzados.
Si quieres ampliar la diferencia entre síntomas, causas y opciones terapéuticas, puede ser útil revisar las claves sobre la artrosis. Ese repaso ayuda a situar mejor cuándo el dolor articular encaja con desgaste y cuándo conviene valorar otras causas.
¿Quién tiene más riesgo de desarrollarla?
La edad aumenta la probabilidad, pero no explica todos los casos. Los antecedentes de lesión, el exceso de peso, ciertos trabajos con carga repetida, algunos deportes de impacto y alteraciones en la alineación corporal también influyen. La herencia puede contribuir, sobre todo en manos.
- Edad avanzada.
- Sobrepeso u obesidad, por mayor carga mecánica.
- Lesiones previas de rodilla, cadera o tobillo.
- Movimientos repetitivos o sobreuso laboral.
- Debilidad muscular y sedentarismo.
- Sexo femenino en algunas localizaciones, especialmente tras la menopausia.
¿Qué tratamiento suele recomendarse?
El tratamiento depende del dolor, la limitación y la articulación afectada. La base suele incluir ejercicio adaptado, control del peso, fisioterapia y medidas para proteger la carga articular. En algunos casos se añaden analgésicos o antiinflamatorios, siempre según valoración profesional y antecedentes personales.
Otra investigación, publicada en 2022, observó que combinar alimentación ajustada y ejercicio en personas con artrosis de rodilla y exceso de peso logró una reducción pequeña del dolor junto con pérdida de peso. Cuando el desgaste es avanzado y el dolor limita actividades básicas, pueden valorarse infiltraciones, ayudas ortopédicas o cirugía.
¿Se puede frenar el impacto en la vida diaria?
La artrosis no siempre progresa al mismo ritmo. Mantener la movilidad, fortalecer la musculatura que estabiliza las articulaciones y ajustar la carga física puede reducir dolor y rigidez. Caminar, hacer ejercicios de fuerza supervisados y evitar tanto el reposo prolongado como los esfuerzos bruscos suele dar mejores resultados funcionales que alternar inactividad con sobrecarga.
Este contenido tiene carácter exclusivamente informativo y no sustituye la evaluación, el diagnóstico ni el seguimiento de un profesional sanitario. Si presentas síntomas o tienes dudas sobre tu estado de salud, busca atención médica.









