Quitar la parte del alimento donde se ve el moho y comer el resto es una práctica habitual que parece razonable, pero que puede ser peligrosa. El moho visible es solo la punta del iceberg: la estructura real del hongo ha penetrado el alimento mucho más profundamente de lo que permite ver el ojo humano. Y más allá de los alimentos, los hongos presentes en paredes húmedas, baños y sótanos de los hogares pueden tener consecuencias reales sobre la salud respiratoria, especialmente en personas con asma o con el sistema inmunitario comprometido.
Por qué quitar la parte visible del moho no es suficiente
El moho es un tipo de hongo que se reproduce mediante esporas y que crece formando dos estructuras diferenciadas. La parte visible, ese pelusa verde, negra o blanca que aparece en la superficie del alimento, corresponde a los esporangióforos y los esporos reproductores. Pero debajo de esa superficie visible, el hongo extiende unas estructuras filamentosas llamadas hifas que penetran en el interior del alimento en busca de nutrientes. Esas hifas son invisibles a simple vista y pueden haberse extendido centímetros más allá de la zona visible del moho mucho antes de que la colonia sea apreciable externamente.
Además de las hifas, muchos hongos producen micotoxinas, compuestos tóxicos que se difunden por el alimento a través de los canales que abren las hifas y que no desaparecen al quitar la parte visible ni al calentar el alimento, porque son termoestables en muchos casos. Una revisión publicada en la revista Nutrients en 2023 confirmó que la exposición regular a micotoxinas a través de alimentos contaminados, incluso en cantidades aparentemente pequeñas, se asocia a efectos inmunosupresores, hepatotóxicos y carcinogénicos que se acumulan con la exposición crónica, lo que refuerza la recomendación de descartar completamente cualquier alimento con moho visible.

Qué alimentos pueden salvarse y cuáles deben desecharse siempre
No todos los alimentos se comportan igual ante el moho. La densidad y la humedad del alimento determinan con qué rapidez las hifas penetran hacia el interior.
- Alimentos que deben desecharse completamente ante cualquier moho visible: pan, frutas blandas como fresas o melocotones, verduras de hoja, yogur, quesos blandos, embutidos cocidos, zumos, salsas, mermeladas y cualquier alimento húmedo o con textura porosa. En estos, las hifas penetran con rapidez y las micotoxinas se difunden por todo el volumen del alimento.
- Alimentos en los que puede cortarse la zona afectada con margen amplio: quesos duros como el manchego o el parmesano, verduras y frutas de textura firme como la zanahoria, el repollo o las manzanas, y embutidos curados. En estos alimentos, la menor humedad enlentece la penetración de las hifas, por lo que cortando al menos 2 a 3 centímetros alrededor y por debajo de la zona visible es posible consumir el resto con menor riesgo. Sin embargo, si el moho está en el interior del alimento o no puede delimitarse claramente, la recomendación es desecharlo.
- Excepción intencional: algunos quesos como el gorgonzola, el roquefort o el camembert se elaboran deliberadamente con cepas seleccionadas de Penicillium roqueforti o Penicillium camemberti, hongos controlados que no producen micotoxinas peligrosas en ese contexto. Ese mofo es parte del producto y no implica riesgo para personas sanas.
El Aspergillus y la aspergilosis: el hongo más peligroso del aire doméstico
El Aspergillus es el género de hongos con mayor relevancia clínica de los que se encuentran de forma habitual en el ambiente. Sus esporas están presentes en el aire de prácticamente todos los entornos, tanto interiores como exteriores, y la mayoría de las personas inhala cientos de esporas de Aspergillus al día sin ninguna consecuencia porque el sistema inmunitario las elimina de forma rutinaria. El problema aparece cuando ese equilibrio se rompe.
En personas con el sistema inmunitario comprometido, como pacientes con leucemia, trasplantados, personas en tratamiento con corticoides a dosis altas o en terapia inmunosupresora, los esporos inhalados pueden germinar en los pulmones y producir aspergilosis invasiva, una infección grave que puede extenderse a otros órganos como los senos paranasales, el cerebro, los riñones y el hígado, con una mortalidad significativa si no se trata de forma precoz con antifúngicos específicos. En personas con asma o fibrosis quística, puede desarrollarse una forma alérgica, la aspergilosis broncopulmonar alérgica, que agrava los síntomas respiratorios con falta de aire intensa, sibilancias, tos con moco espeso y a veces tos con sangre.
Los hongos del hogar y su impacto sobre la salud respiratoria
El moho negro de las paredes húmedas no es un solo organismo sino varios géneros de hongos distintos con efectos diferentes sobre la salud. Los más frecuentes en interiores húmedos son Stachybotrys chartarum, conocido popularmente como moho negro tóxico, Cladosporium y Aureobasidium. Para entender mejor cómo se manifiestan las alergias a los hongos y qué diferencia hay entre una reacción alérgica y una infección fúngica, conviene revisar también los criterios que determinan cuándo la sensibilización a hongos justifica pruebas específicas de alergia.
- La exposición regular a hongos ambientales en interiores puede producir rinitis alérgica con estornudos frecuentes, congestión nasal, moqueo y picor, conjuntivitis, tos persistente, irritación de garganta por el moco posnasal y fatiga crónica.
- En personas con asma, la exposición a esporas de hongos en el interior del hogar es uno de los desencadenantes más potentes de las exacerbaciones, con empeoramiento de la falta de aire, las sibilancias y la tos nocturna.
- El Stachybotrys chartarum produce micotoxinas potencialmente irritantes para la mucosa respiratoria, aunque su papel como causa directa de enfermedad grave en personas inmunocompetentes sigue siendo objeto de debate científico. Lo que sí está documentado es que su presencia indica un problema de humedad severo que debe corregirse.

Cómo limpiar el moho del hogar de forma eficaz y segura
La limpieza del moho en superficies del hogar requiere medidas de protección personal porque el proceso de limpieza puede liberar esporas al aire en mayor cantidad que la presencia pasiva del moho. Estas son las recomendaciones con mayor respaldo para el manejo seguro.
- Equipo de protección mínimo: guantes de látex o nitrilo, gafas de protección que cubran bien los laterales y mascarilla FFP2 o FFP3 para evitar la inhalación de esporas liberadas durante la limpieza.
- Solución de lejía diluida: una solución de lejía al 10%, es decir, una parte de lejía por nueve de agua, tiene efecto fungicida eficaz sobre la mayoría de los hongos superficiales. Aplicar sobre la superficie afectada, dejar actuar diez minutos y limpiar con un paño que se descarte después.
- Ventilación durante y después de la limpieza: abrir ventanas para que los esporas liberados salgan del ambiente interior en lugar de redistribuirse por las habitaciones.
- No pintar sobre el moho sin limpiar: cubrir la superficie con pintura sin eliminar primero el hongo solo oculta el problema durante semanas. El moho sigue vivo bajo la pintura y reaparecerá.
- Para áreas grandes o moho recurrente: cuando la superficie afectada supera aproximadamente un metro cuadrado, cuando el moho reaparece en pocas semanas después de la limpieza o cuando hay sospecha de moho oculto detrás de paredes o bajo suelos, la intervención de una empresa especializada en descontaminación de hongos es la opción más segura y eficaz.
Cómo prevenir el crecimiento del moho en el hogar
El moho necesita humedad para crecer. Sin humedad, los esporos presentes en el aire no pueden germinar ni colonizar superficies. El control de la humedad es por tanto la medida preventiva más eficaz.
- Mantener la humedad relativa del interior del hogar por debajo del 60%, idealmente entre el 40% y el 55%. Un higrómetro económico permite monitorizarla.
- Ventilar de forma regular, especialmente el baño después de ducharse, la cocina mientras se cocina y las habitaciones durante al menos diez minutos al día, para renovar el aire húmedo por aire seco del exterior.
- Usar el extractor del baño y la campana de la cocina de forma sistemática para eliminar el vapor en el momento en que se genera.
- Identificar y reparar filtraciones de agua en techos, paredes y tuberías, que son la causa más frecuente del moho recurrente. Mientras la fuente de humedad no se elimine, el moho volverá independientemente de cuántas veces se limpie.
- En ambientes muy húmedos por características climáticas o constructivas, un deshumidificador puede reducir la humedad relativa de forma eficaz.
- Evitar la permanencia prolongada en obras, excavaciones o zonas con mucho polvo y materia orgánica en descomposición, donde la concentración de esporas de Aspergillus y otros hongos puede ser muy elevada. Cuando sea imprescindible, usar mascarilla FFP2 y ropa de protección.
El moho en el hogar no es solo un problema estético. Es un problema de salud que merece atención, especialmente en personas con enfermedades respiratorias, alergias, asma o el sistema inmunitario comprometido, para quienes la exposición crónica puede tener consecuencias clínicas reales que no siempre se relacionan fácilmente con la causa ambiental.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante síntomas respiratorios persistentes o sospecha de aspergilosis en personas inmunocomprometidas, consulte con su médico de forma urgente.









