El síndrome de Raynaud es una respuesta exagerada de los vasos sanguíneos de los dedos ante el frío o una emoción intensa. Las arterias más finas se cierran de golpe, la sangre deja de llegar y los dedos se quedan blancos, luego morados y helados. El episodio dura minutos y se resuelve solo, aunque su repetición merece atención.
¿Qué ocurre en los dedos durante un episodio?
El cambio de color sigue una secuencia bastante reconocible. Primero llega la palidez, casi de cera, con un límite nítido que separa la zona afectada del resto del dedo. Después aparece el tono azulado o morado, porque la poca sangre que queda atrapada va perdiendo oxígeno. Al recuperar el flujo, la piel se enrojece y suele acompañarse de hormigueo o pinchazos.
No todo el mundo pasa por las tres fases. Hay quien solo nota el blanco y el morado, y hay quien describe más el entumecimiento que el color. Un detalle útil: en la forma más común, el pulgar suele quedar libre, y los episodios afectan a los mismos dedos en ambas manos.
¿A cuánta gente afecta?
Mucha más de la que se imagina, porque quien lo tiene desde joven acaba considerándolo una rareza propia y nunca lo consulta. Un equipo de reumatología de Nottingham reunió los estudios poblacionales disponibles para ponerle número.
Según un metaanálisis publicado en BMJ Open en 2015, que analizó 33 estudios con 33.733 participantes, la forma primaria alcanza una prevalencia del 4,85% en la población general. Los autores también identificaron los factores asociados: ser mujer, fumar, desempeñar un trabajo manual, sufrir migrañas y, sobre todo, tener antecedentes familiares, que multiplicaban por dieciséis la probabilidad. Es decir, hay un componente hereditario muy marcado.
Los desencadenantes más habituales
Identificar qué dispara los episodios ayuda tanto al diagnóstico como al manejo diario. Estos son los más frecuentes:
- Sacar comida del congelador o coger una bebida fría sin protección;
- El cambio brusco al entrar en un supermercado o en una sala con aire acondicionado;
- Lavarse las manos con agua fría o salir a la calle sin guantes;
- El estrés emocional, capaz de provocar un episodio en plena habitación caldeada;
- El tabaco, que estrecha los vasos periféricos;
- Herramientas vibratorias como martillos neumáticos o lijadoras;
- Algunos fármacos, entre ellos betabloqueantes y derivados del cornezuelo para la migraña.
Conviene no confundirlo con tener las manos frías sin más. En el síndrome de Raynaud hay un cambio de color definido, con un inicio y un final claros, no una sensación difusa de frialdad. Si el patrón no encaja, merece la pena repasar las señales de una mala circulación, que se manifiesta de forma distinta.

¿Cómo se distingue la forma primaria de la secundaria?
Entre el 80% y el 90% de los casos son primarios, sin ninguna enfermedad detrás, y suelen empezar entre los 15 y los 30 años. La forma secundaria acompaña a otra patología, casi siempre autoinmune. Estas características apuntan hacia esa segunda posibilidad:
- Inicio después de los 40 años;
- Episodios asimétricos, con un solo dedo o una sola mano afectada;
- Dolor intenso durante la crisis, más allá del entumecimiento;
- Úlceras o heridas en las yemas que tardan en cerrar;
- Piel de los dedos tirante, brillante o engrosada;
- Articulaciones hinchadas, sequedad de ojos y boca o cansancio persistente.
La esclerosis sistémica, el lupus y el síndrome de Sjögren son las causas más citadas. En esos casos el fenómeno vascular puede aparecer años antes que el resto del cuadro, lo que convierte estos dedos en una pista temprana valiosa.
¿Cuándo conviene pedir valoración médica?
Siempre que los episodios sean frecuentes, dolorosos, interfieran con el trabajo o encajen con alguna de las señales anteriores. La consulta es sencilla y suele resolverse en atención primaria o en reumatología con dos pruebas clave: la capilaroscopia, que examina con una lente los capilares del borde de la uña y detecta alteraciones típicas de las enfermedades del tejido conectivo, y una analítica con anticuerpos antinucleares. Si ambas salen normales y el cuadro es simétrico y de inicio juvenil, se considera primario y no requiere más pruebas. El manejo cotidiano pasa por abrigar todo el cuerpo y no solo las manos, porque el tronco frío desencadena la vasoconstricción periférica, usar guantes también para manipular alimentos congelados, dejar el tabaco y aprender a cortar el episodio metiendo las manos en agua templada, nunca caliente, o bajo las axilas. Cuando las crisis son muy limitantes, el médico puede pautar antagonistas del calcio como el nifedipino, que relajan la pared del vaso y reducen tanto la frecuencia como la intensidad de los episodios.
La información de este artículo es de carácter divulgativo y no sustituye la evaluación de un profesional sanitario. Si notas cambios de color en los dedos o heridas que no cicatrizan, consulta con tu médico.









