Las dos llevan generaciones en los armarios de cocina españoles y las dos comparten un punto de partida: se usan para bajar revoluciones al final del día, no para provocar sueño. La manzanilla cuenta con algún ensayo clínico detrás; la tila se apoya sobre todo en el uso tradicional. Ninguna funciona como un somnífero, y entender esa diferencia evita frustraciones a las dos de la madrugada.
¿Qué contiene cada una?
La manzanilla, del género Matricaria o Chamaemelum, concentra flavonoides como la apigenina. En laboratorio, ese compuesto se une a los mismos receptores cerebrales sobre los que actúan algunos ansiolíticos, aunque con una afinidad mucho menor. También aporta terpenos con efecto antiespasmódico sobre el tubo digestivo.
La tila procede de las flores del tilo y combina flavonoides con mucílagos y taninos. Su composición explica mejor su uso clásico en catarros que un efecto sedante potente. Ambas comparten una característica importante: no contienen cafeína, algo que no puede decirse del té verde o del rojo que muchas personas toman por la noche creyendo que relajan.
¿Qué observó la ciencia con la manzanilla?
Un equipo internacional revisó once bases de datos y reunió 12 ensayos aleatorizados sobre manzanilla en ansiedad, calidad del sueño e insomnio, con formatos que iban desde la infusión hasta el extracto estandarizado en cápsulas.
Según un metaanálisis publicado en Phytotherapy Research en 2019, la manzanilla se asoció a una mejor calidad del sueño percibida y a una mejoría modesta en el trastorno de ansiedad generalizada. El matiz importa: el único ensayo que midió la gravedad del insomnio no encontró cambios, y tampoco hubo efecto sobre la ansiedad puntual. Es decir, la gente descansa mejor en su percepción, pero no se corrige un insomnio establecido.
¿Y qué se sabe de la tila?
Aquí la evidencia es bastante más escasa. La Agencia Europea de Medicamentos incluye la flor de tilo en la categoría de uso tradicional, una clasificación que se concede por décadas de empleo seguro y no por ensayos clínicos que demuestren eficacia. La propia agencia lo especifica en su monografía.
Eso no la convierte en inútil ni en peligrosa. Significa que su respaldo es histórico, con estudios en humanos casi inexistentes sobre el sueño. Si alguien lleva años notando que le sienta bien, la experiencia personal sigue siendo válida, solo que no se puede presentar como un dato científico.

¿Cómo preparar la infusión para notar algo?
Buena parte del efecto viene del ritual y del contexto, así que el cómo cuenta tanto como el qué:
- Usar entre 1 y 3 gramos de flor seca por taza, que es bastante más de lo que aporta una bolsita ligera.
- Tapar la taza durante 5 o 10 minutos de reposo, para no perder los aceites esenciales con el vapor.
- Tomarla entre 30 y 60 minutos antes de acostarse, no en el último momento.
- Acompañarla de luz tenue y sin pantallas, que es la parte con más respaldo del conjunto.
- Moderar el volumen de líquido si aparecen despertares para ir al baño.
- Repetir la misma secuencia cada noche, porque el cerebro asocia rutinas con el momento de apagarse.
¿Quién debe tener precaución?
Ser de origen vegetal no equivale a ser inocuo, y hay situaciones que piden consulta previa:
- Alergia a plantas de la familia de las asteráceas, como la artemisa, la ambrosía o el crisantemo, por reacción cruzada con la manzanilla.
- Tratamiento anticoagulante, ya que ambas plantas contienen cumarinas en pequeña cantidad.
- Embarazo y lactancia, etapas en las que conviene preguntar antes de tomarlas a diario.
- Niños pequeños, sobre todo con preparaciones concentradas.
- Uso de sedantes o ansiolíticos, por posible suma de efectos.
Si el problema se repite noche tras noche, merece la pena revisar las causas más frecuentes del insomnio antes de confiar en una taza. La cafeína de la tarde, el alcohol y la preocupación anticipada pesan mucho más que la elección de la hierba.
Lo que una taza no puede hacer
Ninguna de las dos acorta de forma demostrada el tiempo que se tarda en dormirse, y ninguna reduce los despertares nocturnos en los ensayos disponibles. Su valor real está en marcar el final del día y en la calma que acompaña a ese gesto, algo que no es poco pero tampoco es un tratamiento. Cuando la dificultad para dormir aparece tres o más noches por semana durante un mes, cuando hay somnolencia diurna que interfiere al volante, ronquidos con pausas respiratorias o despertares muy tempranos con ánimo bajo, toca consultar. La terapia cognitivo-conductual para el insomnio sigue siendo el abordaje de primera línea y funciona mejor que cualquier infusión.
Esta información tiene carácter divulgativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Consulta con tu médico o farmacéutico si tomas medicación o si el insomnio se prolonga en el tiempo.









