El pie de atleta es la infección fúngica más frecuente de la piel y suele empezar entre los dedos, con picor, descamación y grietas en la zona más húmeda del pie. No hace falta pisar un gimnasio para contagiarse: basta con calzado cerrado, sudor y unas horas al día sin ventilación. Prevenirlo es sencillo, aunque una vez instalado necesita tratamiento indicado por un profesional.
¿Qué es y por qué aparece?
Lo provocan unos hongos llamados dermatofitos, que se alimentan de la queratina de la capa más superficial de la piel. Prosperan con calor, humedad y oscuridad, exactamente las condiciones que ofrece un zapato cerrado durante ocho horas.
La forma más común afecta al espacio entre el cuarto y el quinto dedo, con piel blanquecina y reblandecida. Otras variantes descaman toda la planta, como si fuera piel seca crónica, o producen pequeñas ampollas en el arco. El contagio ocurre sobre todo en suelos húmedos compartidos: duchas de gimnasio, piscinas, vestuarios y saunas.
Lo que mostró una revisión con 67 ensayos
Un equipo británico reunió todos los ensayos aleatorizados sobre tratamientos aplicados en la piel del pie, con diagnóstico confirmado en laboratorio, para comparar cremas, geles y lociones frente a placebo.
Según la revisión Cochrane publicada en 2007, con 67 ensayos incluidos, los antifúngicos tópicos lograron tasas de curación muy superiores al placebo, y la terbinafina resultó algo más eficaz que los azoles. La buena noticia es que, a diferencia de la infección de la uña, aquí el tratamiento en crema suele bastar.
¿Cómo prevenirlo?
La humedad es el factor decisivo, así que casi toda la prevención consiste en eliminarla. Secar bien los pliegues entre los dedos después de la ducha, con toalla propia y sin frotar en exceso, es el gesto más eficaz.
- Cambiar los calcetines a diario, y dos veces si se suda mucho o se hace deporte.
- Elegir calcetines de algodón o tejido técnico y lavarlos a temperatura alta.
- Usar chanclas en duchas comunes, piscinas y vestuarios.
- Alternar el calzado para que cada par se seque al menos 24 horas.
- No compartir toallas, zapatillas ni calcetines con otras personas.

¿Cómo se trata?
El tratamiento habitual es una crema antifúngica aplicada sobre la zona afectada y unos centímetros alrededor, dos veces al día según la pauta indicada. El error más común es dejarlo en cuanto desaparece el picor: hay que continuar una o dos semanas más tras la mejoría, porque el hongo sigue presente aunque la piel tenga buen aspecto.
Conviene tratar los dos pies aunque solo uno moleste, y revisar las uñas, ya que una onicomicosis no tratada actúa como reservorio y reinfecta la piel una y otra vez. Cuando la lesión es extensa, muy descamativa o no responde, el médico puede plantear tratamiento por vía oral.
¿Qué errores empeoran la infección?
El más frecuente es usar cremas con corticoides por su cuenta. Calman el picor en pocas horas, pero favorecen que el hongo se extienda y modifican su aspecto, lo que dificulta el diagnóstico posterior.
- Abandonar el tratamiento a los tres días, cuando cede la molestia.
- Aplicar polvos de talco sobre la piel ya húmeda, que apelmazan.
- Rascar o arrancar la piel descamada, creando puertas de entrada a bacterias.
- Confiar en vinagre, lejía diluida o remedios de internet, sin eficacia demostrada y con riesgo de irritación.
Como no toda descamación del pie es un hongo, ayuda conocer qué otras lesiones aparecen en la piel antes de tratar a ciegas.
¿Cuándo hay que consultar?
Merece consulta cuando no hay mejoría tras dos a cuatro semanas de tratamiento correcto, cuando las lesiones se extienden al dorso del pie o a las uñas, cuando aparecen ampollas dolorosas o grietas profundas que sangran, y cuando el picor impide dormir.
Hay una complicación que exige atención sin demora: el enrojecimiento, hinchazón y fiebre con la pierna caliente y dolorida sugiere una celulitis, una infección bacteriana que aprovecha las grietas como puerta de entrada. Las personas con diabetes, problemas circulatorios en las piernas, linfedema o inmunodepresión deberían consultar desde el primer momento y no automedicarse, porque en ellas una lesión aparentemente banal puede complicarse rápido.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si el picor, la descamación o las heridas persisten, consulta con tu médico.









