El envejecimiento puede acompañarse de una inflamación de bajo grado que permanece activa sin producir necesariamente dolor, fiebre o hinchazón visible.
Esta inflamación de bajo grado es distinta de la respuesta intensa que aparece ante una herida o infección. Se desarrolla lentamente y se asocia con cambios celulares, metabólicos e inmunitarios, pero no afecta por igual a todas las personas mayores.
Por qué el envejecimiento no es solamente desgaste

La inflamación aguda es una defensa temporal. El sistema inmunitario detecta una amenaza, envía células al tejido afectado y reduce su actividad cuando el problema termina. Con los años, esa resolución puede volverse menos eficiente.
Al mismo tiempo, se acumulan células senescentes, mitocondrias deterioradas y fragmentos celulares. El organismo interpreta parte de estos materiales como señales de daño y mantiene activadas algunas vías defensivas, incluso sin una infección en curso.
Las células senescentes también liberan proteínas inflamatorias. Entre ellas aparecen distintas citoquinas, moléculas empleadas por las células para comunicarse. Cuando estas señales persisten, pueden modificar el funcionamiento de tejidos alejados del lugar donde se originaron.
Este estado recibe el nombre de inflammaging y describe una inflamación crónica, leve y generalmente estéril, es decir, no causada directamente por microorganismos.
Qué encontró un estudio en adultos mayores
El estudio Inflammaging markers characteristic of advanced age show similar levels with frailty and dependency fue publicado en 2021 en la revista Scientific Reports.
Los investigadores compararon adultos con personas mayores de 70 años y midieron marcadores como proteína C reactiva, factor de necrosis tumoral alfa e interleucina 6. Los niveles de varios de estos indicadores fueron superiores en los grupos de mayor edad. El trabajo puede consultarse en Scientific Reports.
Sin embargo, dentro del grupo de personas mayores, esos marcadores no distinguieron de forma consistente quién presentaba fragilidad o dependencia. El resultado confirma la asociación entre edad e inflamación, pero también muestra que un valor inflamatorio aislado no resume la capacidad funcional de una persona.
De dónde pueden venir las señales inflamatorias
La inflamación relacionada con el envejecimiento humano no tiene una única fuente. Distintos procesos pueden superponerse y reforzarse entre sí:
- Acumulación de células senescentes que ya no se dividen, pero continúan liberando señales.
- Mitocondrias menos eficientes, con mayor producción de moléculas reactivas.
- Eliminación más lenta de proteínas, residuos y estructuras celulares dañadas.
- Cambios en la microbiota y en la permeabilidad de la barrera intestinal.
- Aumento de grasa visceral, que puede liberar sustancias inflamatorias.
- Infecciones persistentes, tabaquismo, contaminación y enfermedades crónicas.
La senescencia celular cumple funciones útiles, como impedir que una célula dañada continúe multiplicándose. El problema aparece cuando estas células se acumulan y el sistema inmunitario deja de retirarlas con la misma eficacia.
Qué enfermedades se relacionan con este estado

Una activación inflamatoria sostenida puede alterar la sensibilidad a la insulina, el funcionamiento de los vasos sanguíneos, el recambio óseo y la respuesta del cerebro frente al daño. Por ello, se investiga su relación con varias enfermedades que se vuelven más frecuentes con la edad.
- Diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina.
- Enfermedades cardiovasculares y aterosclerosis.
- Pérdida de masa y fuerza muscular.
- Fragilidad y recuperación más lenta después de una enfermedad.
- Trastornos neurodegenerativos.
- Algunos tipos de cáncer.
La asociación no significa que la inflamación sea la única causa. Edad, genética, ambiente, actividad física y enfermedades previas también intervienen. Tampoco permite diagnosticar una enfermedad a partir de una sola citoquina.
Por qué no todas las personas envejecen igual
La edad cronológica indica el tiempo transcurrido desde el nacimiento, pero no describe por completo el estado de los tejidos. Dos personas de la misma edad pueden presentar niveles diferentes de inflamación, fuerza, movilidad y riesgo metabólico.
La obesidad abdominal, el sedentarismo, el tabaco, la mala calidad del sueño y una dieta basada en productos ultraprocesados pueden mantener activas las señales inflamatorias. En cambio, existen personas longevas con niveles relativamente bajos de algunos marcadores y una buena regulación entre respuestas inflamatorias y antiinflamatorias.
Por esa variabilidad, la proteína C reactiva y la interleucina 6 se utilizan principalmente dentro de una evaluación clínica o de estudios científicos. No existe un análisis único que permita calcular la “edad inflamatoria” con precisión.
Qué hábitos ayudan a moderar la inflamación
No es posible detener el reloj biológico, pero sí actuar sobre factores que amplifican la inflamación. Las medidas más consistentes también protegen la masa muscular, los vasos sanguíneos y el metabolismo:
- Realizar actividad aeróbica y ejercicios de fuerza con regularidad.
- Reducir el tiempo total que se permanece sentado.
- Mantener una alimentación variada, con verduras, frutas, legumbres, frutos secos y pescado.
- Limitar el tabaco, el alcohol frecuente y los productos ultraprocesados.
- Cuidar el sueño y tratar trastornos como la apnea.
- Controlar la diabetes, la hipertensión y el exceso de grasa abdominal.
- Mantener la vacunación y la salud bucal al día.
La guía sobre envejecimiento saludable reúne otros cuidados. Para comprender cómo se coordinan las defensas, también puede consultarse el contenido sobre el sistema inmunológico.
Esta inflamación silenciosa no debe tratarse por cuenta propia con antiinflamatorios. Estos medicamentos actúan sobre procesos concretos, pueden causar efectos adversos y no se indican para frenar el envejecimiento normal.
Este contenido es informativo y no sustituye la evaluación médica. Los marcadores inflamatorios deben interpretarse junto con los síntomas, antecedentes y demás análisis.









