Senescencia: qué es y cómo combatirla

La senescencia, a nivel celular, es un estado de detención del ciclo celular. Es un proceso fundamental para el organismo, ya que actúa en el desarrollo embrionario, en la cicatrización y en la eliminación de tumores.

Durante el envejecimiento, la senescencia celular se vuelve crónica y prolongada, favoreciendo el desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad, como diabetes y enfermedades cardíacas y neurodegenerativas, por ejemplo.

Algunas formas de evitar o disminuir la senescencia crónica y prolongada son realizar ejercicio físico moderado de forma regular, evitar el consumo excesivo de calorías en la dieta y practicar actividades que reduzcan el estrés.

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Significado de senescencia

De acuerdo con sus tipos, la senescencia puede significar:

1. Senescencia celular

La senescencia celular indica una detención del ciclo celular en las fases G1 o G2 en respuesta a factores de estrés, como daños en el ADN, acortamiento de los telómeros y estrés oxidativo, por ejemplo.

La senescencia es un mecanismo de defensa que impide la multiplicación de células dañadas, envejecidas o con potencial de transformarse en tumor.

La senescencia celular es esencial para el organismo en su forma aguda y transitoria, ya que actúa en el desarrollo embrionario, la regeneración de tejidos, la cicatrización y la eliminación de tumores.

Sin embargo, con el envejecimiento, el sistema inmunitario falla en eliminar las células senescentes, permitiendo que se acumulen en los órganos. Así, esta acumulación genera una inflamación crónica de bajo grado, favoreciendo el desarrollo de enfermedades relacionadas con la edad, como diabetes, enfermedades cardíacas y neurodegenerativas y cáncer.

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2. Senescencia en el desarrollo humano

La senescencia, desde el punto de vista del desarrollo humano, es el proceso de envejecimiento normal y fisiológico que ocurre a partir de los 65 años.

Este proceso implica transformaciones en diferentes áreas de la vida:

  • Alteraciones fisiológicas y físicas, como cabello canoso, pérdida de elasticidad, arrugas y deshidratación de la piel, lentitud en los movimientos, pérdida de masa y fuerza muscular y disminución de la densidad ósea y de la agudeza visual, auditiva y del gusto;
  • Impacto psicológico, en el que la persona puede experimentar momentos de sorpresa o angustia al enfrentarse con su edad o con su imagen en el espejo, lidiando con el contraste entre la imagen idealizada y la realidad física actual, por ejemplo;
  • Valoración de los recuerdos y de la propia historia de vida, como divagaciones y contar historias memorables como un mecanismo de placer, devolviendo la sensación reconfortante de un "futuro sin límites";
  • Sabiduría y madurez, donde las diversas experiencias, frustraciones, logros y pérdidas a lo largo de los años favorecen la empatía y la aceptación, de forma tranquila, de los límites de las capacidades físicas, intelectuales y emocionales, con buen humor.

Para vivir la senescencia con calidad, también es muy importante cultivar la "razón para vivir", a través de pasatiempos, convivencia social y familiar, religiosidad y nuevos proyectos.

Esto se debe a que la participación en actividades sociales, el ejercicio físico regular y los estímulos cognitivos ayudan a preservar la salud mental, combatir el aislamiento y promover un envejecimiento más autónomo y digno.

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Cómo combatir o evitar la senescencia

Algunas formas de evitar o disminuir la senescencia crónica y prolongada son:

  • Realizar ejercicio físico moderado de forma regular, ya que reduce la inflamación crónica, disminuye la esteatosis hepática y preserva la función de las mitocondrias;
  • Evitar el consumo de calorías por encima de las necesidades diarias, ya que el exceso de alimentación favorece la senescencia acelerada;
  • Practicar actividades que ayuden a aliviar el estrés, como jardinería, caminatas en parques, reuniones con amigos y meditación;
  • Incluir alimentos antioxidantes en la alimentación diaria, como frutos rojos, frutas cítricas y vegetales crucíferos, por ejemplo.

El uso de medicamentos como senolíticos (quercetina, dasatinib y fisetina) y senomórficos (melatonina, resveratrol y rapamicina) también puede ser indicado por el médico para evitar que las células senescentes se acumulen de forma crónica en el organismo.

No obstante, es importante destacar que no se debe buscar eliminar completamente la senescencia del organismo de manera continua. Esto se debe a que este proceso es fundamental para la cicatrización de heridas, el desarrollo embrionario y la eliminación de tumores.

Diferencia entre senescencia y senilidad

La senescencia es el proceso de envejecimiento normal que ocurre a partir de los 65 años e incluye cambios en el cuerpo y la mente, como disminución del tono muscular, presbicia, alteraciones en la piel y adaptaciones en el ritmo del sueño.

La persona mayor en senescencia también puede presentar fallas de memoria momentáneas y reversibles, que suelen tener origen emocional o estar relacionadas con la ansiedad, sin estar asociadas a problemas de salud.

Por otro lado, la senilidad es la vejez patológica, caracterizada por alteraciones neurocerebrales y enfermedades graves asociadas con la edad, incluyendo demencia y deterioro cognitivo irreversible.

Los síntomas de la senilidad incluyen terquedad excesiva, intolerancia en las relaciones, ideas de persecución, tendencia a acumular objetos e hipersomnia, un trastorno que provoca sueño excesivo durante el día o sueño prolongado durante la noche, por ejemplo.

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