Las sandalias y las chanclas son la opción natural en verano, pero pasar meses con calzado completamente plano y sin soporte tiene consecuencias biomecánicas reales sobre el pie. No en todos los casos ni con la misma intensidad, pero sí de forma predecible cuando se combinan horas de uso prolongado, superficies duras y un pie que no está acondicionado para ese esfuerzo. Entender qué ocurre en el arco plantar durante ese proceso permite prevenir los problemas más frecuentes sin renunciar al calzado de verano.
Cómo funciona el arco plantar y por qué el calzado lo afecta
El arco plantar medial no es una estructura rígida. Es un sistema dinámico formado por huesos, ligamentos, la fascia plantar y la musculatura intrínseca del pie que funciona como un muelle biológico: se deforma al contacto con el suelo para absorber el impacto y recupera su forma en la fase de impulso, devolviendo energía al paso. Cuando se usa calzado con soporte de arco y amortiguación, parte de ese trabajo lo hace la zapatilla. Cuando el calzado es completamente plano y flexible, como una chancla o una sandalia minimal, el arco y sus tejidos de soporte asumen todo ese trabajo sin ayuda externa.
Una revisión publicada en la revista Cureus en 2025 sobre el diagnóstico y tratamiento de la fascitis plantar confirmó que la sobresolicitación mecánica repetida de la fascia plantar, especialmente en la unión con el calcáneo, es el mecanismo principal detrás de la lesión más frecuente del arco, y que el uso de calzado sin soporte de arco ni amortiguación es uno de los factores de riesgo modificables más reconocidos en personas con predisposición a la fascitis plantar.

Qué le ocurre al tejido plantar con el uso prolongado de calzado plano
Durante cada paso, la fascia plantar se estira en la fase de despegue del antepié. Con calzado plano y sin soporte, ese estiramiento es mayor que con calzado estructurado. En un pie sano y bien acondicionado, ese estímulo adicional puede ser tolerado sin consecuencias. En un pie poco entrenado, con la musculatura intrínseca débil, o en alguien que pasa de golpe de zapatillas amortiguadas a chancletas para caminar horas por ciudad, la tensión acumulada en la fascia y en su inserción en el talón puede derivar en microdesgarros repetidos.
El síntoma más característico de ese proceso es el dolor bajo el talón al levantarse por la mañana, que mejora con los primeros pasos pero reaparece tras períodos de reposo. Es la señal clásica de fascitis plantar, la causa más frecuente de dolor de talón en adultos y una condición que, si no se atiende a tiempo, puede cronificarse y limitar la actividad durante meses.
El papel de las chanclas y por qué son especialmente problemáticas
Las chanclas tienen una característica biomecánica propia que las distingue de otras sandalias planas: su único punto de sujeción en el pie es la tira entre los dedos. Para evitar que se salgan al caminar, los dedos tienden a flexionarse y agarrar la suela con cada paso, lo que aumenta la actividad de los músculos flexores de los dedos y modifica la distribución de la carga en el antepié. Ese patrón repetido puede favorecer la aparición de metatarsalgias y agrava condiciones previas como el juanete o el dedo en garra.
Las chanclas tampoco tienen estabilidad lateral. El pie se mueve libremente en todas direcciones sobre la suela, lo que puede aumentar la pronación, especialmente en personas con arcos bajos, y trasladar más tensión hacia el tendón de Aquiles y la musculatura de la pantorrilla. Para entender mejor qué es la fascitis plantar, cuáles son sus síntomas y cómo se trata, conviene revisar también los factores de riesgo que la predisponen antes de que el dolor aparezca.

Qué factores determinan si el calzado plano causa o no problemas
El modelo de sandalia importa menos que el contexto en que se usa. Los mismos factores que determinan si el calzado plano genera daño son siempre los mismos:
- Tiempo de uso continuado: usar chanclas para ir a la playa es muy diferente a usarlas para recorrer diez kilómetros por adoquines en una ciudad de vacaciones.
- Tipo de superficie: el asfalto y las superficies duras reducen la capacidad del suelo de contribuir a la amortiguación, trasladando toda esa carga al pie.
- Cambio brusco de calzado: pasar de golpe de zapatillas con soporte de arco a calzado completamente plano es uno de los cambios más frecuentemente asociados a lesiones por sobrecarga.
- Condición previa del pie: personas con pronación acentuada, arco bajo, rigidez del tendón de Aquiles o sobrepeso tienen más probabilidad de desarrollar síntomas con el mismo calzado que tolera bien otra persona.
- Musculatura intrínseca del pie: un pie con los músculos bien condicionados tolera mejor el esfuerzo sin soporte externo que uno sedentario.
Cómo proteger el arco plantar sin renunciar al calzado de verano
La estrategia más eficaz combina varias medidas sencillas que no requieren cambiar por completo el calzado.
- Alternar el calzado a lo largo del día: no usar el mismo par de chanclas durante doce horas seguidas. Combinarlas con sandalias con algo más de soporte para las caminatas largas.
- Elegir sandalias con una plataforma de al menos dos o tres centímetros en el talón, ya que reducen el estiramiento máximo del tendón de Aquiles y la fascia plantar respecto al calzado completamente plano.
- Estirar la fascia plantar y la pantorrilla cada mañana antes de levantarse: flexionar el pie hacia arriba con la rodilla extendida durante 30 segundos reduce la tensión en la inserción de la fascia con el talón.
- Incorporar ejercicios de fortalecimiento del pie, como el short foot exercise, que consiste en acortar el pie sin doblar los dedos para activar la musculatura intrínseca del arco.
- Usar soportes de arco adhesivos en las sandalias cuando se prevé una jornada larga de caminata, especialmente sobre superficies duras.
Las señales de alerta que justifican consultar a un podólogo o traumatólogo son el dolor bajo el talón al levantarse por la mañana, el ardor o la fatiga en la planta tras caminar, y la sensación de tensión en el arco que no mejora con el reposo. Intervenir en esa fase, ajustando el calzado y el nivel de actividad, evita que una sobrecarga estival se convierta en una fascitis plantar crónica que requiera semanas o meses de tratamiento.
Este artículo tiene una finalidad exclusivamente informativa y no sustituye la evaluación médica profesional. Ante dolor persistente en el pie o el talón, consulte con su médico, podólogo o fisioterapeuta para recibir un diagnóstico y tratamiento adecuados.









