El espolón calcáneo es un pequeño saliente óseo que se forma en el hueso del talón, casi siempre en la zona donde se ancla la fascia plantar. Se ve en una radiografía lateral del pie y suele aparecer tras meses de sobrecarga repetida. Duele en muchos casos, pero no en todos, y ahí está buena parte de la confusión que rodea a este diagnóstico.
¿Qué es exactamente ese saliente en el hueso?
El calcáneo es el hueso que soporta el peso del cuerpo en cada paso. Cuando la fascia y los músculos cortos de la planta tiran de forma repetida de su punto de inserción, el organismo responde depositando calcio en esa zona. Esa calcificación acaba formando una prominencia con aspecto de pico en la imagen radiológica.
No es una espina que se clave en los tejidos, aunque la forma lo sugiera. Crece en horizontal, siguiendo la dirección de las fibras, y su tamaño no guarda relación con la intensidad del dolor.
Lo que muestran las radiografías sobre el espolón y el dolor
Un equipo británico revisó las radiografías laterales del talón de 19 personas con fascitis plantar y las comparó con las de 19 personas de la misma edad y sexo que acudían por un esguince de tobillo, sin dolor en el talón. Dos observadores independientes midieron el tamaño de cada saliente.
Según una investigación publicada en Foot and Ankle Surgery en 2012, el espolón aparecía en el 89% de quienes tenían dolor plantar, pero también en el 32% del grupo sin síntomas. Ese dato apunta a una asociación real, aunque no a una causa directa: el hueso extra convive con el problema más que provocarlo.
¿Por qué aparece?
El origen es mecánico y acumulativo. La tensión mantenida sobre la inserción de la fascia genera microlesiones, y el hueso reacciona reforzando la zona. Rara vez hay un golpe concreto que lo explique.
Estos factores concentran la mayoría de los casos:
- Edad de más de 40 años, cuando la almohadilla grasa del talón pierde grosor.
- Muchas horas de pie sobre superficies duras, algo habitual en hostelería, comercio o sanidad.
- Aumento brusco de kilómetros al correr o vuelta al deporte sin progresión.
- Exceso de peso, calzado plano y desgastado o uso continuado de tacón alto.
- Gemelo y tendón de Aquiles tensos, que limitan la flexión del tobillo y obligan a la fascia a estirarse de más.

¿Cómo es el dolor característico?
El patrón horario es tan típico que casi vale como diagnóstico. Duele al dar los primeros pasos por la mañana, con una sensación punzante en la parte interna del talón, cede tras caminar unos minutos y reaparece al final del día o después de estar un rato sentado.
Al presionar con el dedo la zona interna de la planta del talón, el punto doloroso se localiza con precisión. Si el dolor se reparte por toda la planta, quema o se acompaña de hormigueo, conviene pensar en otras causas antes de atribuirlo al saliente óseo.
¿Qué tratamientos funcionan?
El objetivo no es eliminar el hueso, sino descargar la fascia y recuperar la elasticidad de la cadena posterior. Un ensayo publicado en Journal of Bone and Joint Surgery en 2003 repartió a 101 pacientes con dolor de talón de más de diez meses entre dos programas de estiramiento y observó mejores resultados con el estiramiento específico de la fascia frente al del tendón de Aquiles, sobre todo en el dolor de los primeros pasos.
La primera línea combina medidas de bajo coste:
- Estirar la fascia antes de pisar, tirando de los dedos hacia arriba durante 20 o 30 segundos.
- Rodar el arco del pie sobre una pelota o una botella fría durante unos minutos.
- Usar taloneras de silicona o plantillas con soporte del arco y calzado con amortiguación.
- Reducir temporalmente el impacto y sustituirlo por bicicleta o natación.
- Aplicar frío tras la jornada y reforzar la musculatura del pie y la pantorrilla.
Las infiltraciones de corticoides alivian a corto plazo, pero repetirlas aumenta el riesgo de rotura de la fascia y de atrofia de la almohadilla grasa. Puedes consultar los tratamientos que suelen indicarse según la fase del problema.
¿Cuándo hay que acudir al médico?
Un dolor de talón que persiste más de seis semanas pese a los cuidados básicos merece valoración por el médico de familia, el traumatólogo o el podólogo. También cuando limita el trabajo o obliga a cojear, porque el cambio de pisada acaba pasando factura a la rodilla, la cadera y la espalda.
Algunos signos exigen consulta sin esperar. El dolor nocturno en reposo, la hinchazón con enrojecimiento y fiebre, el hormigueo o la pérdida de sensibilidad en la planta, el dolor tras una caída o el que afecta a los dos talones en una persona joven con dolor lumbar inflamatorio apuntan a otros diagnósticos, desde una fractura por estrés hasta una espondiloartritis. Las personas con diabetes deben revisar cualquier molestia del pie antes de aplicar frío o presión.
La mayoría de los casos mejora en un plazo de seis a doce meses con tratamiento conservador, y menos de uno de cada veinte llega al quirófano. Cuando se opera, la intervención se dirige casi siempre a la fascia y no a retirar el saliente óseo.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si el dolor de talón persiste, consulta con tu médico.









