Las hemorroides no son una enfermedad rara ni un motivo de vergüenza: son estructuras que todos tenemos y que dan problemas cuando se congestionan y se dilatan. Afectan a una parte enorme de la población adulta y la mayoría de los casos mejoran con medidas sencillas. Lo único innegociable es que un sangrado nunca debe darse por explicado sin que lo vea un médico.
¿Qué son exactamente las hemorroides?
Son cojinetes vasculares situados en el canal anal, formados por vasos, tejido conjuntivo y músculo liso. Todo el mundo los tiene y cumplen una función concreta: ayudan a cerrar el ano y contribuyen al control de la continencia.
El problema surge cuando esos cojinetes se congestionan y sus soportes se debilitan. Detrás suele haber presión repetida: estreñimiento con esfuerzo, muchos minutos sentado en el inodoro, diarreas frecuentes, embarazo, sobrepeso o levantamiento de cargas. Se clasifican en internas, por encima de la línea dentada, y externas, por debajo, que son las que más duelen.
Lo que encontraron los revisores al analizar el efecto de la fibra
La primera medida no es una pomada. Según una revisión sistemática con metaanálisis publicada en The American Journal of Gastroenterology en 2006, coordinada desde el Centro Cochrane Iberoamericano de Barcelona y que reunió siete ensayos con 378 pacientes, la fibra redujo un 47% el riesgo de síntomas persistentes y un 50% el de sangrado.
Conviene añadir el matiz. Sobre el prolapso, el dolor y el picor los intervalos de confianza fueron amplios y compatibles con la ausencia de efecto, así que la fibra actúa sobre todo en esas dos cosas concretas. Los resultados se mantuvieron tanto a las seis semanas como a los tres meses.
¿Qué hábitos ayudan a prevenirlas?
Casi todo pasa por reducir la presión sobre la zona y ablandar las heces:
- Alcanzar unos 25 o 30 gramos diarios de fibra con fruta, verdura, legumbre y cereal integral
- Beber suficiente agua, porque la fibra sin líquido endurece todavía más las heces
- Acudir al baño en cuanto aparece la sensación, sin aplazarla
- No pasar más de tres o cuatro minutos sentado en el inodoro, y dejar el móvil fuera
- Evitar el esfuerzo y la maniobra de aguantar la respiración al empujar
- Moverse a diario, ya que el sedentarismo enlentece el tránsito
- Usar un taburete bajo para elevar los pies y mejorar el ángulo de la evacuación
- Cuidar el peso y no levantar cargas conteniendo el aire

¿Qué síntomas producen?
El cuadro cambia bastante según dónde estén situadas. Estos son los signos más habituales:
- Sangre roja y brillante que gotea al final de la deposición o mancha el papel
- Picor y escozor en la zona anal
- Sensación de bulto o de evacuación incompleta
- Prolapso: un abultamiento que sale al defecar y vuelve solo o empujándolo con la mano
- Dolor intenso y repentino con un nódulo duro y azulado, propio de la trombosis de una hemorroide externa
- Manchado e irritación de la piel de alrededor
Como norma, las internas sangran sin doler y las externas duelen más de lo que sangran. Puedes revisar los tipos de hemorroides que existen y en qué se diferencian.
¿Qué opciones de tratamiento existen?
El abordaje es escalonado y empieza por lo más sencillo. Según la guía de práctica clínica de la American Society of Colon and Rectal Surgeons publicada en Diseases of the Colon & Rectum en 2018, las medidas dietéticas con fibra y líquidos constituyen la primera línea de tratamiento, con recomendación fuerte.
Cuando eso no basta llegan los procedimientos de consulta, sin ingreso ni anestesia general: la ligadura con banda elástica, que esa misma guía señala como la más eficaz, la escleroterapia y la coagulación por infrarrojos. Las pomadas con anestésico o corticoide alivian unos días pero no corrigen nada, y las de corticoide no deben usarse más de una semana seguida. La cirugía queda reservada para los grados avanzados o los casos que no responden, y los baños de asiento con agua templada siguen siendo de lo más útil en la crisis aguda.
¿Cuándo hay que consultar por un sangrado?
Siempre la primera vez, y de nuevo si cambia de aspecto o de frecuencia. Las hemorroides son la causa más común de sangre roja al defecar, pero no son la única, y dar el diagnóstico por hecho es el error que con más frecuencia retrasa otro más serio. La propia guía recomienda un estudio endoscópico completo del colon en pacientes seleccionados con sangrado rectal. Conviene acudir sin demora si la sangre es oscura o va mezclada con las heces, si el ritmo intestinal cambia de forma mantenida, ante pérdida de peso sin explicación, anemia en una analítica, dolor abdominal, antecedentes familiares de cáncer colorrectal, o cuando el sangrado empieza a partir de los cuarenta y tantos. También si hay fiebre, dolor que no cede o un bulto que no se puede reintroducir. En el embarazo y el posparto son muy frecuentes y suelen mejorar solas, aunque conviene comentarlas para elegir un tratamiento seguro.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cualquier sangrado al defecar, consulta con tu médico.









