Los riñones tienen una reserva funcional enorme, así que pueden perder buena parte de su capacidad antes de dar la cara. Por eso los primeros síntomas llegan tarde, son inespecíficos y se atribuyen con facilidad a otra cosa. Conocerlos orienta, pero lo que confirma o descarta un problema es un análisis de sangre y otro de orina.
¿Por qué los riñones fallan sin avisar?
Cada riñón contiene alrededor de un millón de nefronas, las unidades microscópicas que filtran la sangre. Cuando algunas se dañan, las restantes compensan aumentando su trabajo. Ese margen explica que la función pueda descender bastante antes de que aparezca la primera molestia.
A eso se suma que las señales que acaban surgiendo no son exclusivas del riñón. El cansancio, la hinchazón o la tensión elevada acompañan a decenas de situaciones distintas, la mayoría de ellas mucho más frecuentes y menos serias. Por eso la sospecha se resuelve en el laboratorio y no delante del espejo.
Lo que subrayan las guías más recientes sobre cómo detectarlo
El documento de referencia es explícito. Según la guía de práctica clínica sobre enfermedad renal crónica publicada por KDIGO en Kidney International en 2024, la enfermedad suele ser silenciosa y los pacientes pueden estar asintomáticos en las fases iniciales, motivo por el cual recomienda buscarla de forma activa en quienes tienen factores de riesgo.
La misma guía concreta cómo hacerlo: calcular el filtrado glomerular estimado a partir de la creatinina en sangre y medir a la vez el cociente albúmina/creatinina en una muestra de orina. Las dos pruebas juntas, porque detectan cosas distintas y un resultado normal en una no descarta lo que muestre la otra.
¿Qué cambios en la orina conviene mirar?
La orina es la ventana más accesible al funcionamiento renal. Conviene tener presente que casi todos estos cambios tienen explicaciones más habituales que una enfermedad del riñón:
- Espuma persistente que sigue ahí después de tirar de la cisterna, que puede indicar pérdida de proteínas
- Color rosado, rojizo o achocolatado, aunque también lo provocan la remolacha, ciertos fármacos y la menstruación
- Levantarse a orinar más veces por la noche que antes
- Un volumen claramente menor de lo habitual, o bastante mayor sin haber bebido más
- Aspecto turbio u olor fuerte mantenido, más propio de una infección urinaria
- Escozor o dolor al orinar, que casi siempre apunta a infección y no a daño renal

¿Y la hinchazón, el cansancio y la tensión alta?
Son los tres signos que más se asocian al riñón y también los más inespecíficos de todos. Interesa el conjunto y el patrón, no cada uno por separado:
- Hinchazón de tobillos y piernas que deja marca al presionar, sobre todo si es simétrica y no desaparece por la mañana
- Hinchazón alrededor de los ojos al despertar, más característica de la pérdida de proteínas
- Cansancio persistente, que puede venir de la anemia asociada a la enfermedad renal
- Tensión arterial alta de aparición reciente o difícil de controlar con la medicación habitual
- Picor generalizado sin lesiones visibles en la piel
- Calambres musculares nocturnos
- Falta de apetito, sabor metálico o náuseas, que ya corresponden a fases avanzadas
¿Quién debería hacerse la analítica aunque se encuentre bien?
El asunto tiene una escala considerable. Otra referencia relevante, el análisis del Global Burden of Disease publicado en The Lancet en 2020, calculó unos 697 millones de casos de enfermedad renal crónica en el mundo, en torno al 9% de la población, con una parte importante sin diagnosticar.
Merece la pena comentar la analítica con el médico si hay diabetes, hipertensión, enfermedad cardiovascular, obesidad, antecedentes familiares de enfermedad renal, más de sesenta años, uso frecuente de antiinflamatorios o infecciones urinarias y cálculos de repetición. Puedes repasar también las causas de la insuficiencia renal para situar el problema.
¿Qué pruebas confirman el diagnóstico?
Dos análisis sencillos y baratos resuelven casi todo. En sangre, la creatinina permite calcular el filtrado glomerular, que es la cifra que indica cuánto están filtrando los riñones: mantenerse por debajo de 60 durante más de tres meses es lo que define la enfermedad renal crónica. En orina, el cociente entre albúmina y creatinina detecta la fuga de proteínas, que suele aparecer antes de que el filtrado descienda. Un solo resultado alterado no basta para concluir nada, porque la deshidratación, una infección, el ejercicio intenso o un antiinflamatorio pueden modificarlos de forma pasajera, y por eso se repiten. Si ambos se confirman, el médico completa el estudio con una ecografía, un análisis de orina más amplio y una revisión de la medicación. Detectada a tiempo, la enfermedad renal crónica se frena bastante bien controlando la tensión, el azúcar y con tratamientos que hoy existen para eso.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Ante cualquiera de estos signos, consulta con tu médico para que indique los análisis adecuados.









