La menta lleva siglos en el botiquín casero para las digestiones pesadas, y por una vez la tradición tiene algo de respaldo. Conviene leer la letra pequeña, eso sí: casi toda la evidencia procede de cápsulas de aceite esencial, no de la taza de infusión. Y hay personas a las que esta planta directamente no les conviene.
¿Por qué la menta se asocia al alivio digestivo?
El principio activo es el mentol. Bloquea la entrada de calcio en las células del músculo liso intestinal, y ese bloqueo relaja la pared del intestino. Menos espasmo se traduce en menos cólico y en menos sensación de tensión en el abdomen.
También actúa sobre receptores del dolor visceral y tiene un efecto carminativo, es decir, facilita la salida de los gases retenidos. A eso se suma algo difícil de medir pero real: el calor de la bebida y los diez minutos de pausa que implica tomársela sin prisa.
Lo que encontraron los investigadores al reunir los ensayos disponibles
El análisis de referencia es favorable. Según un metaanálisis publicado en BMC Complementary and Alternative Medicine en 2019, que reunió doce ensayos aleatorizados con 835 pacientes con síndrome del intestino irritable, el aceite de menta en cápsulas se asoció a más del doble de probabilidad de mejoría global de los síntomas frente al placebo.
El detalle decisivo está en el formato. Todos esos ensayos emplearon cápsulas con recubrimiento entérico, diseñadas para liberar el aceite ya en el intestino y con dosis estandarizadas de mentol. Ninguno estudió la infusión preparada en casa, y esa diferencia no es un tecnicismo.
¿Qué dicen las guías médicas?
La recomendación existe, aunque con adjetivos prudentes. Otra referencia relevante, la guía clínica sobre intestino irritable del American College of Gastroenterology publicada en el American Journal of Gastroenterology en 2021, sugiere el uso de la menta con recomendación condicional y evidencia de baja calidad.
Esos dos adjetivos dicen mucho. Condicional significa que los beneficios y los inconvenientes están bastante igualados y que la decisión depende de cada persona. Baja calidad significa que un estudio mejor diseñado podría cambiar la conclusión. Es una opción razonable para probar, no un tratamiento consolidado.

¿La infusión funciona igual que las cápsulas?
Casi con seguridad no, y decirlo es lo honesto. La cantidad de aceite esencial que pasa al agua es muy inferior a la de una cápsula, y buena parte se libera en el estómago en lugar de llegar al intestino, que es donde interesa que actúe. La taza puede aliviar la sensación de pesadez, pero no reproduce el efecto medido en los ensayos.
Dicho eso, prepararla bien mejora sus posibilidades:
- Una cucharadita de hojas secas o unas seis hojas frescas por taza
- Agua caliente sin llegar a hervir, en torno a 90 grados
- Tapar la taza mientras reposa, porque los aceites volátiles se van con el vapor
- Dejar infusionar entre cinco y diez minutos
- Tomarla después de comer, nunca en sustitución de una comida
- Alternarla con hinojo, anís o manzanilla si alguna sienta mejor
- No pasar de dos o tres tazas diarias
¿Quién debería evitarla?
La menta es segura para la mayoría, pero tiene contraindicaciones concretas que conviene conocer antes de convertirla en costumbre:
- Personas con reflujo gastroesofágico o hernia de hiato, porque relaja la válvula que cierra el esófago
- Quien toma inhibidores de la bomba de protones junto con cápsulas, ya que pueden alterar la disolución del recubrimiento
- Personas con cálculos biliares u obstrucción de la vía biliar
- Lactantes y niños pequeños, en los que el mentol puede provocar espasmo laríngeo
- Embarazo y lactancia, donde conviene consultarlo antes de un uso habitual
- Quien toma ciclosporina u otros fármacos que compiten por el metabolismo hepático
El primer punto de la lista es el que más sorprende, porque contradice la idea de que la menta siempre asienta. Si tras la infusión aparece ardor o un sabor ácido en la boca, merece la pena revisar cómo se manifiesta el reflujo.
¿Cuándo la hinchazón necesita consulta médica?
La distensión ocasional tras una comida copiosa o un plato de legumbre no pide más que paciencia y un paseo. El escenario cambia cuando la hinchazón es diaria, va a más o llega acompañada de otras señales: dolor abdominal persistente, pérdida de peso sin explicación, sangre en las heces, vómitos repetidos, fiebre, un cambio mantenido del ritmo intestinal o anemia en una analítica. En mujeres, una distensión abdominal nueva que no cede, sobre todo a partir de los 50, es motivo claro de consulta ginecológica. Detrás de una hinchazón crónica pueden esconderse una celiaquía sin diagnosticar, una intolerancia alimentaria, un sobrecrecimiento bacteriano o un síndrome del intestino irritable, y cada uno tiene un abordaje distinto. Ninguna infusión sustituye ese diagnóstico, por muy bien que siente.
Este contenido tiene finalidad divulgativa y no sustituye la valoración de un profesional sanitario. Si la hinchazón es frecuente o dolorosa, consulta con tu médico.









