La vitamina D es una de las deficiencias nutricionales más extendidas en el mundo y también una de las más subestimadas, precisamente porque su déficit con frecuencia no produce ningún síntoma evidente hasta que el daño óseo o muscular ya lleva tiempo instalado. El doctor Leonardo Lourtau, director médico de Grünenthal, lo resume con precisión: el déficit de vitamina D puede ser silencioso y no siempre produce síntomas específicos. Cuando se manifiesta, puede asociarse a dolor óseo difuso, debilidad muscular, cansancio, calambres y menor rendimiento físico, pero esas señales son tan inespecíficas que habitualmente se atribuyen a otras causas durante meses o años antes de que se mida el nivel sérico real.
Qué hace la vitamina D en el organismo y por qué es tan difícil obtenerla
La vitamina D es técnicamente una prohormona más que una vitamina, porque el organismo la sintetiza de forma activa cuando la piel se expone a la radiación ultravioleta B del sol. Esa síntesis cutánea convierte el 7-dehidrocolesterol en colecalciferol, la forma inactiva que el hígado convierte en calcidiol y el riñón activa en calcitriol, la forma biológicamente activa. El calcitriol actúa como una hormona que regula la absorción de calcio y fósforo en el intestino, la mineralización ósea, la función muscular, la inmunidad y la expresión de más de 200 genes en distintos tejidos. Su papel en la absorción del calcio es fundamental: sin suficiente vitamina D, el intestino solo absorbe entre el 10% y el 15% del calcio ingerido, frente al 30% a 40% que se absorbe con niveles adecuados. Una revisión publicada en la revista Nutrients en 2023 confirmó que la deficiencia de vitamina D definida como niveles séricos de 25-hidroxivitamina D por debajo de 20 ng/mL afecta a entre el 40% y el 60% de la población adulta en países con latitudes medias y altas, con mayor prevalencia en personas mayores, con obesidad y con exposición solar insuficiente.

Los síntomas que pueden indicar un déficit y cuándo no aparece ninguno
El déficit leve o moderado de vitamina D es asintomático en la mayoría de los casos. El organismo compensa durante meses activando mecanismos de resorción ósea para mantener el calcio sérico en rango normal, lo que significa que los análisis de calcio en sangre pueden ser completamente normales mientras el hueso está perdiendo densidad de forma silenciosa. Cuando los síntomas sí aparecen, los más frecuentes son la fatiga persistente sin causa identificada, la debilidad muscular especialmente en los músculos proximales de los muslos y los hombros, el dolor óseo difuso que se describe como un malestar profundo en los huesos largos, los calambres musculares frecuentes y las caídas repetidas en personas mayores. En niños con déficit severo puede aparecer raquitismo con deformidades óseas características. En adultos mayores y mujeres posmenopáusicas, el déficit no tratado acelera la pérdida de densidad mineral ósea y eleva de forma significativa el riesgo de fracturas osteoporóticas, especialmente las de cadera, que tienen una mortalidad asociada relevante. Para entender mejor cuáles son los valores normales de vitamina D en sangre, cómo se interpreta el análisis y qué dosis de suplementación están indicadas según el nivel de déficit, conviene revisar también las diferencias entre las formas D2 y D3 en cuanto a eficacia para elevar los niveles séricos.
Los grupos con mayor riesgo de déficit y por qué la exposición solar no siempre es suficiente
La exposición solar es la fuente más eficaz de vitamina D, pero múltiples factores reducen su efectividad de forma significativa en la vida moderna. El uso de fotoprotector factor 30 o superior bloquea hasta el 95% de la síntesis cutánea. La vida en interiores, el trabajo en oficinas, la ropa que cubre gran parte del cuerpo y vivir en latitudes superiores a 35 grados norte o sur, donde la radiación UVB es insuficiente durante los meses de invierno, reducen la síntesis de forma drástica. A esos factores se añaden la edad, que reduce la capacidad de la piel para sintetizar vitamina D, y la obesidad, donde la vitamina D se acumula en el tejido adiposo y está menos disponible para los tejidos. Los grupos con mayor riesgo de déficit son las personas mayores de 65 años, las mujeres posmenopáusicas, las personas con obesidad, quienes tienen enfermedades que comprometen la absorción intestinal como la celiaquía o la enfermedad de Crohn, y quienes viven en zonas con pocas horas de sol o con inviernos muy largos.

Las fuentes alimentarias y sus limitaciones reales
La dieta aporta vitamina D en cantidades muy limitadas comparadas con la síntesis cutánea. Los alimentos con mayor concentración son los pescados azules como el salmón, la caballa, las sardinas y el atún, el aceite de hígado de bacalao, los huevos y los lácteos enriquecidos. Pero incluso consumiendo esas fuentes a diario, es prácticamente imposible alcanzar los niveles séricos óptimos solo con la alimentación sin exposición solar. Una ración de salmón aporta entre 400 y 700 UI de vitamina D, cuando la necesidad diaria en adultos puede ser de entre 600 y 2.000 UI según el nivel sérico de partida. La fortificación obligatoria de la leche y la harina de trigo que Chile implementó en 2026 como primer país latinoamericano en hacerlo busca elevar el consumo basal de la población, pero no elimina la necesidad de evaluación individual en los grupos vulnerables.
Cuándo la suplementación está indicada y qué debe evitarse sin diagnóstico
La suplementación con vitamina D está indicada cuando el análisis de sangre muestra niveles de 25-hidroxivitamina D por debajo de 20 ng/mL, que es el umbral de deficiencia, o entre 20 y 30 ng/mL en personas con factores de riesgo. La dosis de suplementación varía según el grado de déficit y el perfil del paciente, y debe ser indicada por un médico. La automedicación con dosis altas de vitamina D sin análisis previo no es inocua: la vitamina D es liposoluble y se acumula en el organismo, y la hipervitaminosis D por dosis excesivas puede producir hipercalcemia con síntomas como náuseas, debilidad, confusión y daño renal. Tomar vitamina D sin saber el nivel sérico puede ser tan problemático como no tomarla cuando se necesita, y la única forma de saber si se necesita es medir el nivel con una analítica básica.
Este contenido es solo informativo y no sustituye la evaluación de un médico. Ante sospecha de déficit de vitamina D o factores de riesgo identificados, consulte con su médico para solicitar la analítica adecuada antes de iniciar cualquier suplementación.









