Un dedo del pie que no soporta ni el roce de la sábana.
La gota es la artritis inflamatoria más frecuente en hombres adultos y afecta a alrededor del 2,4% de la población adulta española, según el estudio EPISER2016 de la Sociedad Española de Reumatología. Detrás del dolor hay cristales sólidos depositados dentro de la articulación.
Y hay una consecuencia de esos cristales que va mucho más allá del pie, con cifras de un seguimiento de diez años.
Esta enfermedad se produce por el depósito de cristales de urato monosódico en articulaciones y tejidos vecinos, consecuencia directa de una concentración alta y mantenida de ácido úrico en sangre. Aparece sobre todo en varones a partir de la pubertad y en mujeres tras la menopausia, cuando la uricemia sube.
Cómo se forma un cristal dentro de una articulación

El ácido úrico es el producto final del metabolismo de las purinas, sustancias que el cuerpo fabrica y que también llegan con la comida. Cuando su concentración supera el punto de saturación, precipita en forma de agujas microscópicas que se acumulan sobre el cartílago.
La causa más común no es comer mucho marisco, sino que el riñón elimina menos ácido úrico del que debería. Esa retención acompaña con frecuencia al síndrome metabólico, a la insuficiencia renal y al uso de diuréticos, muy habitual en personas mayores con hipertensión.
El ataque que despierta de madrugada
La crisis empieza de forma brusca, casi siempre de noche, y alcanza su máximo en pocas horas. La articulación se hincha, se enrojece, se calienta y duele de forma desproporcionada, hasta el punto de que el peso de una sábana resulta insoportable.
En algo menos de la mitad de las ocasiones afecta a la primera articulación metatarsofalángica del pie, el cuadro conocido como podagra. También aparece en el tobillo, el tarso, la rodilla, la muñeca o el codo, y con los años pueden formarse tofos, nódulos palpables de cristales bajo la piel.
Lo que el ácido úrico alto hace fuera de la articulación
El problema no se queda en el hueso. Según un estudio de cohorte publicado en Frontiers in Medicine en marzo de 2022, que siguió durante una media de 10,2 años a participantes del UK Biobank, quienes tenían diagnóstico de esta enfermedad presentaron un riesgo cardiovascular un 54% mayor que las personas sin hiperuricemia.
En los participantes con ácido úrico elevado sin artritis, el exceso de riesgo fue del 33%. La inflamación crónica de bajo grado que mantienen los cristales, incluso en los periodos sin dolor, es una de las explicaciones que manejan los autores.
Por qué esta enfermedad se considera curable
Aquí está el matiz que cambia el pronóstico. El depósito de cristales es reversible: cuando la uricemia baja lo suficiente y se mantiene ahí, los cristales se disuelven poco a poco hasta desaparecer, y sin cristales no puede haber ataques.
La revisión sobre hiperuricemia y gota publicada por el Ministerio de Sanidad en 2009, firmada por los reumatólogos Eliseo Pascual y Francisca Sivera, fija el objetivo terapéutico en mantener el ácido úrico por debajo de 5 mg/dl para lograr una disolución razonablemente rápida. En pacientes con menos de diez años de evolución, ese descenso debe sostenerse al menos año y medio.
El fallo más común es la infradosificación: se receta alopurinol 300 mg como dosis fija, cuando el máximo autorizado llega a 800 mg diarios en personas sin daño renal y la dosis debe ajustarse hasta alcanzar la cifra objetivo.
Qué se toma en la crisis y qué se toma después

Los dos tratamientos persiguen fines distintos y se confunden con frecuencia. Durante el ataque se emplean antiinflamatorios a dosis plenas, colchicina o un ciclo corto de corticoides, y cuanto antes se inicien, mejor responde la articulación.
Un ensayo recogido en ese mismo documento demostró que 1,8 mg de colchicina al día resultan tan eficaces como 4,8 mg, con una tolerancia digestiva bastante mejor. La prednisona a 30 mg diarios durante cuatro a seis días es la alternativa cuando los antiinflamatorios están desaconsejados por edad o comorbilidad.
El tratamiento que reduce el ácido úrico, en cambio, nunca se inicia ni se modifica durante la crisis, porque el descenso brusco de la uricemia es el desencadenante mejor descrito de un nuevo ataque. Suele acompañarse de profilaxis con colchicina a 0,5 o 1 mg al día durante los primeros meses. Los fármacos disponibles para bajar el ácido úrico incluyen también febuxostat cuando el alopurinol no se tolera.
En la mesa, el peso recae sobre el alcohol más que sobre el plato: la cerveza y los licores elevan la uricemia de forma notable, mientras que el vino en cantidades moderadas apenas la modifica y la contribución de los alimentos ricos en purinas es menor de lo que se creía.
Quien abandona el tratamiento en cuanto deja de dolerle vuelve al punto de partida, porque los cristales siguen ahí y el reloj cardiovascular sigue corriendo. La analítica de control cada tres o seis meses, con la uricemia como número a vigilar, es la que dice si el depósito se está disolviendo. Reconocer antes las pistas ayuda: aquí están los síntomas del ácido úrico alto que conviene no pasar por alto.
Lo expuesto aquí tiene carácter informativo y no sustituye la consulta con un médico. El diagnóstico de certeza se obtiene identificando cristales de urato en el líquido articular, una técnica de rutina en las unidades de reumatología.









