Flotan por gas, no por grasa. Esa es la regla general.
Las heces que flotan tienen menos densidad que el agua porque contienen aire producido por la fermentación bacteriana en el colon, y eso ocurre a diario en personas sin ninguna alteración digestiva.
Un trabajo publicado en Scientific Reports en octubre de 2022 demostró de dónde viene ese gas, y también existe un escenario, mucho menos frecuente, en el que la culpa sí es de la grasa. Ambos aparecen más abajo.
La esteatorrea es la presencia de grasa no absorbida en las heces, y aparece cuando el intestino no logra digerir o captar los lípidos de la dieta. Se considera anormal a partir de 7 gramos de grasa fecal al día, y grave desde 15 gramos. No toda deposición que flota cumple ese criterio: la inmensa mayoría no lo hace.
El gas manda más de lo que parece

La microbiota del colon fermenta la fibra y los almidones que llegan sin digerir desde el intestino delgado. De esa fermentación salen hidrógeno, metano y dióxido de carbono, y parte de ese gas queda atrapado en la materia fecal.
Cambiar la dieta cambia el resultado en cuestión de horas. Una comida con legumbres, coles, cebolla o mucha fibra insoluble aumenta el sustrato fermentable y, con él, la flotabilidad. Lo mismo pasa tras una gastroenteritis o un ciclo de antibióticos, cuando la composición bacteriana se desordena. Y hay un experimento que aisló esa variable de forma casi quirúrgica.
Ratones sin bacterias y heces que se hunden
El hallazgo llegó por casualidad. Investigadores de la Clínica Mayo advirtieron que las heces de ratones criados en ambiente estéril, sin ninguna bacteria intestinal, se iban al fondo del recipiente, mientras que las de ratones con microbiota normal flotaban.
Según el estudio publicado en Scientific Reports en 2022, la colonización bacteriana del intestino es la causa directa de que las heces floten. El análisis metagenómico de las muestras flotantes identificó más de diez especies productoras de gas, entre ellas Bacteroides ovatus, una bacteria comensal relacionada con la flatulencia.
Traducido a la práctica: la flotación aislada habla de la microbiota, no del páncreas. El problema empieza cuando viene acompañada.
Cómo se reconoce la grasa cuando sí está

La esteatorrea tiene un aspecto propio y bastante reconocible. No es una deposición normal que flota: es voluminosa, de color pálido o amarillento grisáceo, con brillo aceitoso, olor especialmente fuerte y tendencia a quedarse pegada a la taza y resistir la cisterna.
A veces aparece una película grasa visible en el agua. En cuadros marcados puede haber goteo oleoso independiente de la deposición.
El rasgo que más orienta no está en el váter sino en la báscula. Cuando la grasa no se absorbe, tampoco se absorben las vitaminas A, D, E y K, y aparecen pérdida de peso involuntaria, cansancio y, con el tiempo, pérdida de masa ósea. Si las heces cambian de color de forma sostenida, conviene contrastar con las causas que explican unas heces amarillas.
La combinación que sí cambia el pronóstico
Aquí está el criterio que ordena todo lo anterior. Una deposición que flota, por sí sola, no justifica ninguna prueba. Tres hallazgos simultáneos, sí.
La tríada de alarma es flotación persistente durante semanas, más aspecto graso y pálido, más pérdida de peso sin haberla buscado. Ese conjunto apunta a maldigestión, y la causa más habitual en adultos es la insuficiencia pancreática exocrina, es decir, un páncreas que no fabrica suficientes enzimas para romper la grasa.
Una guía práctica publicada en BMC Medicine en 2017 insiste en que la esteatorrea aparece tarde en la insuficiencia pancreática, cuando la función del órgano ya está muy reducida, de modo que esperar a ver grasa en las heces retrasa el diagnóstico. Las manifestaciones nutricionales, como el déficit de vitaminas liposolubles, preceden a menudo al cambio visible en el váter.
La prueba de primera línea es sencilla y no invasiva: la determinación de elastasa fecal en una única muestra, disponible en atención primaria. Otras causas frecuentes son la enfermedad celíaca, la pancreatitis crónica, la cirugía bariátrica previa y la extirpación de la vesícula biliar.
Qué revisar antes de alarmarse
El primer paso no es una analítica, es un repaso de las dos últimas semanas. Un aumento reciente de legumbres, verduras crucíferas o cereales integrales explica la mayoría de los episodios pasajeros.
Conviene observar durante dos o tres semanas y anotar tres datos concretos: si flotan todos los días o solo algunos, si el color se mantiene pardo habitual y si el peso está estable. Un patrón intermitente con color normal y peso estable no requiere estudio.
La consulta se adelanta si aparece diarrea de más de dos semanas, dolor abdominal recurrente que aumenta tras las comidas grasas, sangre o mucosidad visible en las heces.
El calendario razonable es este: dos o tres semanas de observación, y cita si a ese plazo persiste la combinación de flotación, aspecto graso y peso a la baja. Con el diagnóstico confirmado, el tratamiento de la insuficiencia pancreática pasa por la sustitución enzimática con las comidas, y ayuda entender antes cómo actúa la pancreatina en la digestión de las grasas.
Lo aquí expuesto cumple una función divulgativa y no reemplaza la evaluación de un médico. Los cambios persistentes en el hábito intestinal deben valorarse en consulta antes de asumir cualquier causa.









